La dieta flexitariana: un paso hacia la sostenibilidad alimentaria y ambiental

Vegetales. / Pexels.com.
Vegetales. / Pexels.com.
Si todos adoptásemos una dieta flexitariana, conseguiríamos bajar las emisiones de gases que contribuyen al efecto invernadero.
La dieta flexitariana: un paso hacia la sostenibilidad alimentaria y ambiental

El escenario apocalíptico que algunos imaginan se está convirtiendo en una realidad cada vez más tangible. El cambio climático avanza inexorablemente, elevando las temperaturas, agotando los recursos hídricos y amenazando la estabilidad ambiental del planeta. Sin embargo, frente a esta crisis global, surgen iniciativas que proponen cambios a nivel individual con repercusiones a escala mundial.

Una de estas propuestas es la dieta flexitariana, destacada en una reciente investigación publicada en la revista Science Advances. Este enfoque dietético, basado en la reducción del consumo de carne y la incorporación de alimentos de origen vegetal, muestra un potencial significativo para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero y limitar el calentamiento global a 1,5 °C para el año 2045.

Florian Humpenöder, autor principal del estudio, subraya que el flexitarianismo no implica renunciar por completo a los productos de origen animal, sino reducir su consumo, especialmente en regiones de altos ingresos. Esta transición hacia una dieta más vegetal no solo beneficia al medio ambiente, sino que también promueve la salud humana.

¿Cómo iniciar esta transición hacia una alimentación más sostenible? La dieta flexitariana se basa en un consumo principalmente vegetal, con la inclusión ocasional de huevos y lácteos, y una reducción significativa de carne y pescado. No existe un límite estricto de consumo de carne, pero se alienta a los individuos a reducir su ingesta y explorar alternativas basadas en plantas.

Pequeños cambios

Para aquellos que desean dar sus primeros pasos hacia esta dieta, se sugiere comenzar con pequeños cambios, como aumentar el consumo de verduras a dos raciones diarias y explorar nuevas formas de prepararlas. Además, dedicar un día a la semana a no consumir carne, como propone la iniciativa Meatless Monday, puede contribuir a reducir la huella hídrica y ambiental asociada con la producción de alimentos de origen animal.

Es importante tener en cuenta que no solo la carne contribuye a la huella hídrica. Alimentos como el aguacate y el mango, aunque son populares en la dieta flexitariana, también requieren grandes cantidades de agua para su cultivo, lo que plantea desafíos adicionales en regiones con escasez de recursos hídricos.

En última instancia, la adopción de una dieta flexitariana no solo es un paso hacia la sostenibilidad ambiental, sino también un acto de responsabilidad individual frente a la crisis climática. Al optar por alimentos de temporada y proximidad, apoyamos no solo nuestra salud, sino también la del planeta que todos compartimos. @mundiario

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