Microplásticos en burros: un estudio urge soluciones contra la contaminación terrestre
Un nuevo estudio de la Universidad de Portsmouth ha documentado, por primera vez, la magnitud del impacto de los microplásticos en animales terrestres de trabajo, particularmente en los burros de Lamu, un archipiélago keniano donde estos animales son esenciales para el transporte, la economía local y el turismo.
La investigación, publicada en el Cambridge Prisms: Plastics, aporta evidencias detalladas de que la contaminación plástica no solo perjudica a la fauna marina, como se ha estudiado durante décadas, sino que también está afectando gravemente a animales domésticos que viven en estrecho contacto con las comunidades.
El estudio fue realizado por el Revolution Plastics Institute de la Universidad de Portsmouth en colaboración con The Donkey Sanctuary, The Flop Flopi Project y el Instituto Keniano de Investigación Marina y Pesquera. Su objetivo fue cubrir una laguna de conocimiento histórica: aunque la mayoría de los residuos plásticos se genera en tierra, su impacto sobre animales terrestres ha sido escasamente investigado.
Como explica la profesora Cressida Bowyer, vicedirectora del instituto: “La mayoría de la contaminación plástica se origina en tierra, y sin embargo sus efectos sobre los animales terrestres siguen estando crónicamente subestudiados”.
La investigación adoptó un enfoque multidisciplinario. Los científicos cuantificaron la presencia de microplásticos en heces de burros y vacas, observaron sus comportamientos de alimentación y realizaron encuestas a residentes y visitantes para entender percepciones sobre la contaminación plástica y el bienestar animal.
Los resultados fueron contundentes: se detectaron microplásticos en el 100% de las muestras fecales analizadas. Esta evidencia confirma las sospechas de los veterinarios de The Donkey Sanctuary, quienes desde hace años advierten del aumento de muertes por cólicos inducidos por la ingestión de plásticos.
Los datos clínicos respaldan la gravedad del problema. En 2024, los veterinarios de la clínica en Lamu atendieron 108 casos de cólico en burros, con 14 muertes registradas. En lo que va de 2025, ya se han contabilizado 91 casos y 16 fallecimientos.
El estudio también revela factores socioeconómicos que agravan la situación: la mitad de los propietarios admite que no siempre puede costear alimento suficiente debido al alza y variabilidad de los precios, lo que obliga a los animales a buscar comida en basureros y zonas rurales con alta presencia de desechos. Según las observaciones realizadas, entre uno de cada 10 y uno de cada 20 objetos ingeridos por los burros era plástico.
Además del impacto directo sobre los animales, la investigación alerta sobre un riesgo para la cadena alimentaria. Los microplásticos presentes en el estiércol pueden transferirse al suelo agrícola y, por extensión, a cultivos destinados al consumo humano. La literatura científica ya ha vinculado la presencia de microplásticos en el organismo humano con inflamación, problemas reproductivos, cáncer y otras patologías.
El estudio en Lamu subraya que la contaminación plástica no es solo un problema ambiental, sino también una preocupación creciente para la seguridad alimentaria.
Los burros de Lamu tienen un profundo valor cultural y turístico, pero la pérdida de vegetación comestible y la gestión deficiente de residuos está modificando sus patrones de búsqueda de alimento. Ante este escenario, los investigadores descartan medidas que restrinjan la movilidad de los animales y, en cambio, destacan soluciones basadas en la comunidad: limpieza de áreas contaminadas, la mejora de los sistemas de gestión de residuos y el desarrollo de alternativas al plástico.
El Dr. Obadiah Sing’Oei, gerente del programa de la clínica de The Donkey Sanctuary en Lamu, resume la urgencia de actuar: “Este estudio es una llamada de atención para poner fin a la crisis del plástico en Lamu. Vemos de primera mano el sufrimiento terrible—y prevenible—de los burros que ingieren plástico”. Añade que la investigación ofrece “evidencias sólidas de la magnitud real del problema y de su impacto extendido”.
Por su parte, la profesora Leanne Proops, especialista en comportamiento y bienestar animal, destaca que los hallazgos confirman la interdependencia entre salud animal, humana y ambiental: “Este estudio demuestra la interconexión entre la salud animal, humana y del ecosistema. Aquí hay pruebas claras de que los microplásticos están presentes en toda una población animal”.
Al documentar la presencia generalizada de microplásticos en animales terrestres y sus implicaciones para la salud pública y ambiental, esta investigación inaugura una línea de evidencia crucial sobre los efectos profundos de la contaminación plástica. Su propuesta de soluciones coordinadas refleja un desafío que va más allá de Lamu y que podría servir de referencia para otras regiones afectadas por residuos plásticos en expansión. @mundiario