La ciencia de lo cool: cómo se construye el carisma más allá de las fronteras

Dos amigos. / Pixabay.
¿Qué tienen en común un joven coreano, una ejecutiva nigeriana y un mochilero chileno? Las actitudes que los hacen irresistibles.

¿Quién no ha querido ser alguna vez esa persona que entra en una sala y atrae todas las miradas sin esfuerzo? El deseo de ser ‘cool’ parece tan universal como misterioso. ¿Es una cuestión de estética, de actitud o de algo más profundo? Un reciente estudio global, publicado en Journal of Experimental Psychology, acaba de ofrecer una respuesta tan inesperada como reveladora: da igual en qué rincón del mundo vivas, lo cool obedece a un patrón compartido. Seis actitudes, repetidas de manera casi idéntica entre culturas, definen lo que nos parece irresistible: ser extrovertido, hedonista, poderoso, aventurero, abierto y autónomo.

Este hallazgo, liderado por el académico Todd Pezzuti, sugiere que el carisma social —eso que nos hace destacar, gustar, seducir o influenciar— no es un capricho de Hollywood ni un invento del marketing. Es un lenguaje casi biológico que activa resortes profundos de atracción y liderazgo en cualquier contexto social. Y lo más inquietante: ahora lo sabemos con datos.

Lo cool, según esta investigación con casi 6.000 participantes de 12 países, no es una moda pasajera, sino una categoría estable que resuena con patrones psicológicos y culturales universales. El estudio pidió a los encuestados que pensaran en cuatro personas de su entorno —una cool, una no cool, una buena y una mala— y evaluaran una serie de rasgos. El resultado fue claro: mientras que la bondad se asociaba al conformismo y la calidez, lo cool iba de la mano con la rebeldía, la autonomía y la inspiración emocional.

Detrás de esta imagen irresistible no hay solo glamour ni actitud: hay función social. Como explica el propio Pezzuti, las personas cool son percibidas como catalizadoras de cambio, transgresoras silenciosas de normas, líderes simbólicos. No se adaptan al grupo: lo empujan a evolucionar.

Lo cool no nació en Instagram: su raíz es resistencia

Resulta irónico que lo cool, hoy tan explotado por TikTok y las marcas, naciera como un gesto de resistencia. En los años 40, músicos de jazz afroamericanos como Lester Young y Miles Davis redefinieron lo cool no con gestos estridentes, sino con una actitud sobria, digna, imperturbable. Frente al racismo sistémico, ser cool era mantenerse sereno, autónomo, libre. Esa confianza desapegada —no sumisa ni agresiva— sembró las bases del concepto.

Con el tiempo, esa idea migró desde los clubes de jazz hasta las subculturas punk y hip hop, y de ahí al mainstream. Lo cool pasó de ser una actitud disidente a un ideal de consumo. Lo que antes era una expresión íntima de integridad y diferencia, ahora es un algoritmo que clasifica y viraliza estéticas, canciones, poses y discursos. Pero algo del alma original permanece.

Seis actitudes, una sola atracción global

Lo más fascinante del estudio es su universalidad. Da igual si la persona cool vive en Turquía, en España o en Corea del Sur. Los rasgos que más se repiten son los mismos: extroversión, hedonismo, poder, aventura, apertura y autonomía. No son adjetivos casuales. Cada uno activa una necesidad humana: conectar, disfrutar, dominar, explorar, aprender y ser libre. En otras palabras, las personas cool encarnan un equilibrio entre deseo, acción y magnetismo emocional.

Desde la psicología, como explica la experta Elena Daprá al diario El País, esto no solo tiene sentido: tiene profundidad evolutiva. Las personas cool despiertan identificación, deseo, diferenciación. Son modelos simbólicos que nos señalan por dónde puede ir la evolución social. No por casualidad, quienes cambian paradigmas culturales casi siempre han sido considerados cool: de Bowie a Kahlo, de Ali a Jobs.

Si lo cool es una construcción global, quizás también sea una estrategia de supervivencia en la era de la hiperconexión. No para destacar por vanidad, sino para influir. Para inspirar sin imponer. Para desafiar sin romper. En un mundo saturado de ruido, lo verdaderamente cool ya no es quien grita más fuerte, sino quien seduce con autenticidad, con una rebeldía elegante, con un deseo de libertad que no pide permiso.

Y aunque los códigos de expresión cambien —un nómada digital en Bali o una emprendedora en Bombay—, los fundamentos siguen intactos. Porque lo cool, al fin y al cabo, no es cómo luces, sino cómo haces sentir. @mundiario