El cerebro, Neurofactores y otras salsas

Alimentos. / Unsplash
Se trata de asociaciones encadenadas de las principales moléculas neurotransmisoras que rigen el comportamiento.

El descubrimiento de los Neurofactores está revolucionando diversas áreas del conocimiento y en particular el sector de los recursos humanos, ya que conociendo la intensidad que posee la persona en cada uno de ellos, se dispone de toda la información relacionada con su comportamiento. Información compactada en un código.

¿Qué son los Neurofactores? Se trata de asociaciones encadenadas de las principales moléculas neurotransmisoras que rigen el comportamiento.

Por sí solas, dichas moléculas no son muy útiles, pero en cambio, al combinarse y ordenarse según su carga, resultan fundamentales a la hora de reflejar cómo somos.

Al igual que las proteínas están formadas por secuencias lineales de aminoácidos, los neurofactores están compuestos por agrupaciones ordenadas de neurotransmisores.

La dominancia de uno o varios neurotransmisores sobre el resto, define cada neurofactor. Así, las mezclas de estos últimos determinan el comportamiento de una persona.

Esta relación fue descubierta en el año 2016, pero hasta el 2023 no se había secuenciado toda la información al respecto. Así, se ha podido codificar cómo es un individuo, replicando su modelo sináptico, además de simular sus reacciones ante diferentes estímulos.

En realidad se trata de un nuevo idioma. El idioma que supuestamente hablan las neuronas y que sólo el cerebro entiende. Un lenguaje que éste ha utilizado para desarrollar la mente y con ello, la manifestación de las emociones.

Para su información, hablamos de 9 neurotransmisores, con cargas en intervalos desde 0 hasta 100, que generan 7 neurofactores, igualmente dotados de intensidades en intervalos de 0 hasta 100, los cuales se combinan para ser distribuidos, simultáneamente, a través de 6 rutas que determinan nuestro comportamiento.

Después de este pequeño “·potaje” y para mayor claridad, le voy a poner un ejemplo muy sabroso que espero le guste.

La comida, ese placer

Usted sabe que una tortilla de patatas es uno de los posibles resultados de la combinación de huevos, patatas, aceite y sal, todos ellos pasados por una plancha o por una sartén. Tengo claro que otro resultado podría ser un par de huevos fritos con patatas. Pero bueno, vamos a centrarnos en la tortilla, llamada española.

El caso es que el huevo, la patata, el aceite y la sal son como los neurotransmisores. O sea, unidades que por sí solas poseen entidad pero que cuando se asocian, elevan sus prestaciones espectacularmente. Así, los neurofactores son el resultado de dicha asociación. O sea, la tortilla de patatas.

Sí usted es de esas personas que le ponen cebolla a la tortilla de patatas, entonces estará incorporando un nuevo “neurotransmisor”, pero al no ser la cebolla el elemento dominante, seguirá siendo una tortilla. ¿Me sigue?

Bien. Vamos a ir un poco más lejos.

Cualquier cocinero usa la sal en multitud de platos, así que este “neurotransmisor”, al igual que el resto, puede estar presente tanto en dicha tortilla como en una ensalada o en un plato de sabrosas lentejas.

Así, le confirmo que los neurotransmisores son unidades polivalentes que una vez asociados generan diferentes neurofactores. En este caso tan culinario, nos referimos a platos clasificados según la dominancia de algunos ingredientes, mientras otros son complemento o guarnición.

El caso es que en esta estupenda cocina que es nuestro cerebro, únicamente se dispone de 9 ingredientes o neurotransmisores esenciales.

Por ello, piense en que los neurotransmisores son como el aceite, la sal, el agua, el azúcar, las verduras/frutas/hortalizas, la leche, el huevo, el cereal, la carne y el pescado. Aquí tiene los 9 “neurotransmisores” esenciales, que en realidad son acetilcolina, histamina, dopamina, norepinefrina, adrenalina, serotonina, oxitocina, glutamato y GABA.

Así, a pesar de las grandes posibilidades culinarias, sus asociaciones ofrecen únicamente un “menú” de 7 especialidades gastronómicas.

Por ejemplo, una tortilla puede estar más salada que otra, pero seguirá siendo una tortilla. Como puede apreciar, siempre será una “tortilla” porque el ingrediente principal, o neurotransmisor dominante, es el huevo. En este caso, batido.

Por lo tanto, todos los platos dónde el ingrediente principal sea el huevo, batido o no, pertenecerá a un “neurofactor” concreto. Si el elemento dominante fuera la carne, el pescado o cualquier otro de los nombrados, estaríamos ante “neurofactores” diferentes al anterior.

Hay que tener en cuenta que cuando la sal es excesiva y corrompe el sabor del conjunto del plato, además de poner en riesgo nuestra salud cardiovascular, dicha tortilla deja de ser considerada un alimento consumible y lo más lógico es que acabe en el cubo de la basura. Esto es lo que llamamos una “saturación neurotransmisora”, que como ha podido apreciar, estropea la asociación generada y con ello, su comida. En fin, su gozo en un pozo.

Quizás esté usted pensando que cada plato sería un nuevo neurofactor, pero en realidad no es así. Los “platos” se codifican como partes de un menú o de una dieta. Por ejemplo, el pollo al curry representaría el mismo neurofactor relacionado con la carne que una paletilla de cordero asado, pero con una buena dosis de arroz (cereal). En cambio, no estaríamos hablando del mismo neurofactor si hablásemos de una lubina a la sal.

El ejemplo del pollo al curry nos viene muy bien para aclarar que algunos neurofactores poseen coincidencias que les permite transferencias entre ellos con cierta facilidad. Por ejemplo, dicho pollo al curry y las sabrosas gambas al curry poseen igualmente el “neurotransmisor” secundario arroz y la misma salsa especiada. No así, el neurotransmisor o ingrediente esencial.

Pero, ¡ojo! No se trata del mismo neurofactor que se da en una paella, ya que en esta última el ingrediente dominante (neurotransmisor) sí que es el arroz mientras que, en los casos anteriores, este cereal se comportaba como un complemento.

Así mismo, los neurofactores Nt (naturalidad) y Rb (Rebeldía) comparten los neurotransmisores histamina, norepinefrina, adrenalina y dopamina. Todos ellos presentados y liberados con diferente dominancia, intensidad y carga.

El primer neurofactor genera la imaginación, la creatividad, la fantasía y hasta la imprudencia, mientras que el segundo produce autoestima, reactividad, dinamismo y agresividad.

Como ve, ahora ya hemos validado cómo funciona la combinatoria en nuestro comportamiento emocional, aprovechando para despejar las dudas sobre las diferencias entre “transmisor” y “factor”. Lo de “Neuro”, intuyo que ya lo tenía claro.

La bebida, algo más que hidratación

Si desea un ejemplo algo más excitante, nos podemos referir a un Gin-Tonic. Ya sabe, ginebra, tónica, hielo y lima-limón.

Como sospecha, el trato que le vamos a dar a los ingredientes es exactamente el mismo que antes. El neurofactor es el Gin-Tonic que usted piensa disfrutar, pero los elementos que lo componen son los neurotransmisores.

Así, el hielo, como neurotransmisor, estará presente en otras muchas bebidas como, por ejemplo, un cubata. Este mismo neurotransmisor (hielo), también formará parte de un nuevo neurofactor o bebida. Podría ser perfectamente, un refrescante tinto de verano.

Ya le dije hace tiempo que había un algoritmo universal que lo regía todo. Quizás no me creyó o tal vez se quedó con la duda. Pero ahora que está bien comido y mejor bebido, ya puede tumbarse en el sofá para escuchar esa música que tanto le gusta. @mundiario