El canto de las aves hembras: una herramienta evolutiva para identificar buenos padres
Durante décadas, se ha asumido que el canto de las aves era una habilidad casi exclusivamente masculina, desarrollada con fines reproductivos: atraer a las hembras y competir con otros machos. Sin embargo, investigaciones recientes han comenzado a desmontar esa idea. El nuevo estudio dirigido por la bióloga Karan Odom, profesora de la Universidad del Pacífico, y publicado en la revista Nature Communications, aporta evidencia sólida de que el canto en aves hembras no solo es común en ciertas especies, sino que también cumple funciones específicas en contextos de cooperación parental.
El hallazgo central del estudio es revelador: las aves hembras cantan con más frecuencia en aquellas especies donde los machos participan activamente en la crianza de los polluelos y donde las parejas viven de forma estable durante todo el año, como sucede en muchos entornos tropicales. Esta correlación entre canto femenino y cuidado compartido sugiere que las hembras podrían usar el canto como una forma de seleccionar compañeros que demuestren un compromiso con la paternidad, no solo con la fecundación.
La investigación se construye sobre trabajos previos de la misma autora, quien en 2014 ya había cuestionado la idea de que el canto evolucionara únicamente como una estrategia masculina. En ese estudio anterior, Odom demostró que el canto de las hembras había estado presente en etapas tempranas de la evolución de los pájaros cantores (oscines), pero que se perdió en algunas líneas evolutivas a medida que los roles entre sexos se volvieron más asimétricos.
En la nueva investigación, Odom y su equipo analizaron múltiples especies y examinaron el comportamiento vocal en relación con factores como la monogamia, la territorialidad y el reparto de tareas parentales. Observaron que en especies donde la pareja se mantiene junta durante todo el año o durante varias temporadas, el canto femenino tiende a conservarse o incluso desarrollarse. En cambio, en especies con apareamientos múltiples y sin cuidado paterno, el canto femenino tiende a simplificarse o desaparecer.
Una de las hipótesis que emerge es que el canto femenino podría ser un indicador de competencia o calidad, no solo para atraer pareja sino también para garantizar que esa pareja participará activamente en la cría de los polluelos. Odom señala que esta dimensión no había sido considerada en estudios anteriores. “Me emociona que el cuidado parental sea una variable significativa. Eso no se había probado antes, y sugiere que las hembras podrían estar compitiendo por buenos compañeros... o buenos padres”, explica.
El estudio también ofrece una interpretación conductual interesante: en especies donde la hembra asume sola todas las tareas de cría, su tendencia a cantar es menor. Esto puede deberse a que cantar cerca del nido aumenta el riesgo de atraer depredadores, o simplemente porque la energía vocal se ve reemplazada por exigencias físicas de alimentación y protección de las crías.
La investigación, aunque centrada en las aves, ofrece una visión más amplia sobre la evolución del comportamiento animal, y cómo los roles de género no son tan fijos o unidireccionales como a menudo se plantea. La doctora Odom también ha destacado la importancia de visibilizar estos patrones ignorados, y el hecho de que el canto de las aves hembras ha sido históricamente subestimado o descartado por sesgos en la observación científica.
Más allá del contenido biológico, el estudio contribuye a reforzar la idea de que las diferencias entre sexos en el reino animal no siempre responden a competencias exclusivas, sino que pueden ser producto de presiones ecológicas y sociales compartidas. Odom, quien ha trabajado durante más de una década en este campo, integra además su labor investigadora con la docencia, brindando a sus estudiantes oportunidades prácticas de participación científica.
La investigación abre nuevas preguntas sobre la función y el valor adaptativo del canto femenino en las aves. Y al hacerlo, cuestiona supuestos largamente sostenidos en la biología evolutiva. Si el canto de las hembras ayuda a elegir compañeros que también sean padres comprometidos, entonces no se trata simplemente de un eco del canto masculino, sino de una herramienta evolutiva con un propósito claro y funcional: garantizar la supervivencia de las crías. @mundiario