Aprendizaje negativo y aprendizaje inverso: dos grandes riesgos que deberíamos evitar

Aprendizaje en un aula. / Pixabay
Aprendizaje en un aula. / Pixabay
Ambos aprendizajes se "alimentan" generando un bucle en el que una vez aparecen estos dos tipos de aprendizajes, cuantos más recursos invertimos, menores resultados obtenemos.
Aprendizaje negativo y aprendizaje inverso: dos grandes riesgos que deberíamos evitar

Colegios, universidades y empresas están volcadas en potenciar tanto el aprendizaje como la habilidad por desaprender, para luego volver a aprender. La cuestión es que a menudo no se consiguen los resultados que todos deseamos y esperamos.

Gracias a diversas investigaciones de la empresa hispano-israelita Jacobson, sabemos que existen grandes riesgos a la hora de aprender. Algo en lo que no pensamos cuando planteamos las acciones formativas y que paradójicamente suelen desembocar en una situación muy extraña: “Cuantos más cursos se proponen, menos resultados se obtienen”.

Aprendizaje Negativo vs. Aprendizaje Inverso

¿Sabe usted si en sus planes y acciones formativas está incentivando el Aprendizaje Negativo y el Aprendizaje Inverso?

En el Aprendizaje Negativo el individuo aprende de tal manera que niega la asimilación de conceptos teóricamente opuestos, llegando a perder la amplitud en el conocimiento a través de este tipo de aprendizaje selectivo, discriminador y excluyente… En diferentes estudios realizados se ha evidenciado que por ejemplo, al estudiar Teoría Económica, hay alumnos que se entusiasman con el capitalismo eludiendo la comprensión del comunismo, y viceversa. En el mundo empresarial ocurre lo mismo… ejecutivos y ejecutivas que han asimilado la dirección por objetivos, rechazan las premisas de la RSC (Responsabilidad Social Corporativa), mientras que si han asumido las bondades del trabajo en equipo, no saben trabajar en solitario.

Un ejemplo a nivel de opinión con impacto sociológico nos lleva a apreciar cómo se oponen a la energía nuclear aquellas personas que han aceptado las energías renovables.

Este efecto es muy común en grandes corporaciones que identifican directamente el conocimiento de los integrantes de sus equipos con "la forma de pensar de la compañía" y con su legítima, pero no siempre original, propuesta de valores.

En cambio, en el segundo caso (Aprendizaje Inverso) se da la paradoja de que el aprendizaje se ejecuta con tanta potencia que llega a saturar algunas conexiones sinápticas, reduciendo la capacidad de seguir aprendiendo.

Un ejemplo, en sentido figurado, sería cuando se analiza las características fitopatológicas de una hoja de un árbol perdiendo la visión del bosque.

Dicho Aprendizaje Inverso posee el limitador de la capacidad individual para aprender, al igual que una olla exprés explotaría si no aliviásemos la salida de vapor.

Por ejemplo, la gran especialización digital demandada por el mercado hace que muchos y muchas estudiantes y profesionales colapsen por dicha inmersión.

Entiendo que habrá percibido que el primero (Aprendizaje Negativo) reduce la amplitud y el segundo (Aprendizaje Inverso), la profundidad, pero en realidad ambos aprendizajes se "alimentan" generando un bucle en el que una vez aparecen estos dos tipos de aprendizajes, cuantos más recursos invertimos, menores resultados obtenemos.

La capacidad de aprendizaje es una cuestión bioquímica que se desarrolla a través de las sinapsis o comunicaciones neuronales, donde la genética tiene mucho que decir.


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El premio Nobel (2000) Eric Kandel alude a la superficialidad del aprendizaje como factor diferencial con respecto a la memoria y a su rescate (el recuerdo).

Dicha superficialidad tiene su explicación en que en el aprendizaje no se convocan nuevas proteínas en el núcleo celular (neuronas), sino que la actividad sináptica es relativamente tangencial. La unidad de medida que plantea Kandel para ese “roce” es la Tenacidad.

Cuando está tenacidad supera un determinado umbral, canaliza su saturación en dos posibles direcciones. Por un lado podría transformarse en memoria al activar las proteínas CREB1 y 2 en el núcleo neural, pero por otro lado podría bloquear la actividad de esa red neuronal concreta, entrando en dicho Aprendizaje Inverso.

Por ello, al igual que cada cual posee su definición genética, cada uno de nosotros también poseemos “nuestro” modelo de aprendizaje con sus respectivas prestaciones y rutas.

8 características que todos poseemos 

Una reciente investigación de Jacobson, en base a fundamentos neurotecnológicos, ha concluido que existen 8 características, medibles y relacionadas con el aprendizaje, que todos poseemos con diferente intensidad. Evidentemente, éstas y sus indicadores deberían tenerse en cuenta a la hora de programar el impacto de las actividades formativas en los individuos.

Dichas características son: fijación, constancia, especialización, transversalidad, aceleración, memorización, experiencia y tolerancia al bloqueo.

Este mismo estudio indica que, en el sector empresarial, el aprovechamiento real de las actividades formativas no supera el 58% de efectividadDigamos que un 42% recibe formación que no necesita o que no va a aprovechar.

Por ello es una agradable sorpresa que algunas grandes corporaciones y universidades empiecen a prestar atención a estos conceptos y por lo tanto, se propongan utilizarlos con rotundidad para aprovechar su elevada capacidad predictiva, ya que ambos modelos de aprendizaje (Negativo e Inverso) son dependientes de la actividad neuromoduladora de las personas. Una actividad que, por desconocimiento, forzamos más allá de lo que el individuo puede soportar.

Ya sabe… “El resultado lo marca el origen”, pero esto no sucede al revés. @mundiario

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