El clan de los 'happy coach'

Coaching. / Pexels
Coaching. / Pexels
Está claro que este grupo ha venido para quedarse, predicando un evangelio con mixturas de concentración tibetana y cooperativismo solidario y circundante más que circular. 
El clan de los 'happy coach'

Los investigadores científicos están muy ocupados en conocer, para luego reparar, diversos procesos vitales con la idea de generar una creciente y real sensación de bienestar para los años futuros.

Como siempre ocurre en este mundo basado en las equivalencias, otros se obstinan en obviar dichos avances para construir su propio biotopo. De hecho, un número indeterminado de investigadores oncológicos, posiblemente mueran de cáncer, mientras otros que se esfuerzan en detener el Alzheimer, lo sufran irremediablemente. Con esto quiero dejar clara la parte generosa de la vocación investigadora, pero la realidad es que nos encontramos ante un gran dilema: "¿Prefiere saber, sabiendo que sabe poco? o ¿Prefiere no saber?"

Ahora, esa es la cuestión.

Grandes y ambiciosas investigaciones sobre las células madre, la actividad epigenética, la generación de procesos enzimáticos, la aparición de enfermedades neurodegenerativas poligénicas, etc... son ejemplos sobre los que dedicamos mucho tiempo a crédito, con la sana esperanza de poder ayudar a la sociedad en el menor tiempo posible.

Esta concentración de actividades científicas y dianas "terapéuticas" deja el campo libre a la especulación y a la ausencia de rigor cuando se comentan términos relacionados con el comportamiento humano. ¡Sí! ese comportamiento emocional que tanto juego da cuando se habla en clave imprecisa y que tan poco espacio deja cuando nos ceñimos al conocimiento adquirido y contrastado.

Lo cierto es que en los últimos años, el mundo empresarial se ha visto abastecido de muchos, quizás demasiados, profesionales errantes en busca de un destino, en busca de una tierra más que prometida, deseada como anhelado refugio de un éxodo iniciado por diferentes razones.
Entre dichos profesionales nos encontramos con psicólogos, pedagogos, economistas, ingenieros, comerciales, etc... que en vez de ampliar su sabiduría, luchan para que se les reconozcan aquellos conceptos que, aunque a menudo obsoletos, han adquirido con anterioridad.

Esto ha hecho que se encandile a una legión de "creyentes voluntarios" insatisfechos con su forma de percibir la vida; a un ejército cada vez más numeroso, decadente y desorganizado que necesita replantearse el lugar que ocupa en la sociedad.

Precisamente es ahí donde se ha formado un nuevo grupo de encantadores profesionales del encanto. Un clan llamado "el clan de los Happy Coach".

Le menciono como ejemplo que hace escasas semanas, en una conocida red social de marcado carácter profesional, me sorprendió que una persona rubricase las 10 Competencias Directivas dictadas por el Foro Económico Mundial como si fueran suyas. Pero lo que me dejó verdaderamente asombrado fue que muchísima gente le jaleaba como si de un “gurú” se tratase.

La base fundacional y fundamental de los mandamientos de este clan es la siguiente: “El ser humano es capaz de conseguir y alcanzar cualquier cosa que se proponga”.

Está claro que las personas necesitamos creer en algo para mantenernos de pie durante todo el día y para acostarnos por las noches. Podríamos decir que dicha afirmación es el combustible que algunas personas necesitan para arrancar.

En realidad, “el que no sepamos lo que podemos conseguir, no significa que podamos conseguirlo todo”. ¿Tenemos limitaciones? Por supuesto. Muchas…

Los "Happy Coach" nos quieren convencer de que:

  • El ambiente (alimentación, relaciones, experiencias, etc...) es lo que determina el carácter y posterior comportamiento emocional. En cualquier caso, la genética cuenta con una escasa y ligera participación "anatómica".
  • Las emociones no se pueden medir.
  • Ser y sentirse positivo o negativo, únicamente depende de usted.
  • Hay que ser feliz como una "perdiz”.

Está claro que los "Happy Coach" han venido para quedarse, predicando un evangelio con mixturas de concentración tibetana y cooperativismo solidario y circundante más que circular. Enarbolan la bandera de la neurociencia, la cual utilizan como paraguas cuando graniza sobre sus cabezas y como afilado estilete cuando sale el Sol.

Suelen trabajar en otra dimensión para no colisionar con la ciencia, mencionando el término "cerebro" como una máquina polivalente y espectral que puede cambiar de forma y fondo en un "plis-plas" y usando la denominación "corazón" como si de una central amorosa se tratase.

Actualmente sabemos mucho más de lo que se piensa y mucho menos de lo que se cree.
En fin... La ciencia le va comiendo terreno a la creencia. @mundiario

El clan de los 'happy coach'
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