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MUNDIARIO

¿Ya es mañana?

La autora sugiere una charla entre niños para espiar cómo viven esta situación vírica. / Relato
¿Ya es mañana?
Niño mirando por un agujero. / Free-Photos. / Pixabay
Niño mirando por un agujero. / Free-Photos. / Pixabay

Vicky Rego

Escritora.

— Todos nos vamos a enfermar, Miguel, esto es una peste, pero no como las de antes, ésta es una pandemia, que quiere decir que está en todo el mundo.

— Mamá dice que pronto vamos a poder salir a jugar con amigos, ir de nuevo al cole y no vamos a necesitar más taparnos la cara.

— Claro, pero eso será mañana, cuando inventen la vacuna, como las que te ponen a veces, pero una distinta, para esta enfermedad, que se llama Covid-19.

—¿Es la peste número 19? Gero, el otro día, en la reunión de zoom dijo que esta enfermedad se llamaba Corona, porque tenía coronita y eso era porque se iba a curar más rápido que otras que fueron mucho peores. Antes se llenaban de granos y quedabas deforme o no podías caminar más.

—Ay, Miguel, no entendés nada. No tengo idea de por qué tiene el número diecinueve. Lo que sí sé es que esta enfermedad vino para sacar del mundo a todos los que no sirven más. ¿Viste cómo Hitler mataba a todos los que no eran de su raza, sanos y fuertes?

— ¿Jile era el malo, como el Duende Verde?

— Sí, pero no de una peli, existió de verdad. Quería limpiar al planeta de los yuyos que lo infectaban. Y para él todo el que no fuera ario ( de su raza) era una maleza, como las que mamá saca del jardín.

—¿Por eso no viene Pedro, el jardinero?

— No, Pedro no viene porque se contagió, no pudo respirar más y murió .

— Debe ser porque era un yuyo. Dice mamá que no sabía sacarlos.

— Me parece que fue porque era un poco viejo ¿Viste que los ancianos son los que más mueren? Bueno, hay alguien, no me preguntes quién, a lo mejor un dios, o un ser poderoso de otro planeta, que quiere limpiar la Tierra. Somos muchos, y los viejos cada vez viven más, no trabajan y no saben manejar los celulares ni la compus. Se necesita gente joven, que produzcan para que no haya chicos que pasan hambre. Entonces mandó esta plaga  para que termine con todos los que no sirven. También se contagian y mueren los que están medio enfermos. Sólo van a quedar los jóvenes y los fuertes.

—¿Los abus se van a morir?

— Eso ya lo sabés, los abus se mueren siempre antes que nosotros.

—¿Cuándo?

— Ay Miguel, todo eso pasará el día de mañana, no hoy.

— Abu Alicia sí sabe usar la compu, seguro que se salva. Al Abu Enrique le voy a enseñar. Muy malo ese dios que quiere matar a los abuelos y los enfermos.

— Siempre pasó así en la historia de los hombres. Alguien venía y se le daba por hacer limpieza general.

— Mamá se la pasa limpiando. No aguanto el olor a lavandina. Desinfecta todo.

— Claro, para que no nos contagiemos. Pero yo te hablo de una limpieza de personas. Hubo uno hace mucho tiempo, cuando ni vos ni yo habíamos nacido, ni los abuelos,  ni los papás de los abuelos, uno que se llamaba Herodes, que mandó a matar a todos los chicos que tenían menos de dos años.

—¿Pero cómo, no dijiste que prefieren matar a los viejos?

—No, Miguel, este tipo tenía otro problema, le habían dicho que estaba por nacer el Rey de los Judíos. Él pensó que ese chico iba a crecer y que le iba a quitar su corona.

— Por eso la enfermedad se llama Corona…

— Nada que ver Miguel, siempre entendés cualquier cosa, estoy harta de estar con vos, me voy a chatear con mis amigas.

— No, Renata, no me dejes solo, seguí contándome del rey que no quería que le robaran la corona.

— De acuerdo, pero no me interrumpas con estupideces.

— Ok.

—Herodes mandó a matar a todos los niños menores de dos años. Entonces una mamá que estaba embarazada, que se llamaba María, se escapó lejos con su marido José, y así salvaron a su bebé cuando nació. Le pusieron de nombre Jesús.

— Eso ya lo sé, Renata, ¿te crees que soy tonto? Es el que está en el pesebre cuando armamos el arbolito de Navidad. Y al que los Reyes Magos le llevaron regalos.

— Bueno, ese bebé se salvó de milagro. Los demás murieron.

— Le hizo “leru leru” al rey tonto y le sacó la corona.

— Ponele que sí, pero lo que te decía es que siempre hay quien pasa el rastrillo y limpia, para lo que sea, para no perder el trono, o porque cree que la humanidad va a ser perfecta sacando del medio a los que son distintos.

— ¿Y ahora quién está pasando el rastrillo?

— Es un misterio, pero hay que quedarse quietito para que el rastrillo no te lleve enganchado. Por eso hay que estar adentro, y si salís usar barbijo y después limpiar todo.

— ¿Cuando venga la vacuna, le va a hacer “leru leru” al rastrillador?

— Algo así, al fin dijiste algo interesante.

— ¿Y eso cuándo va a ser?

— Falta, falta, no se sabe, a lo mejor mañana aparece un científico como Jonas Salk que inventó la de la polio y zas, nos salvamos los que quedamos. Antes, los chicos se enfermaban y no podían caminar más. También mucha gente se moría antes de que inventaran el antibiótico o la vacuna de la viruela.

— Seguro falta poquito porque ahora los doctores saben más que antes y tienen compus y hacen experimentos copados.

— Mientras tanto hay que esperar.

— Me aburro en casa. Prefiero ir al cole y por lo menos jugar con mis amigos en los recreos.

— ¿Quién lo hubiera dicho? Con lo que pataleabas cada mañana antes de ir a la escuela.

— Cuando empiecen las clases voy a ir re contento. Vos también vas a ir a tu cole y mamá y papá a trabajar. Y nos vamos a ir de vacaciones a la playa.

— Te tomo la palabra. Yo lo que más extraño es salir con mis amigas. Ir al club.

— No digas mentiras, si cuando papá te quiere llevar para que tomes las clases de tenis, protestás siempre.

— Ay, eso es otra cosa. Pero después nos juntamos en el bar con las chicas y la pasamos bomba. Además, Julieta está por cumplir quince y quiero ir a su fiesta.

— Bueno, la hará por zoom. Todos festejan así su cumple ahora.

— No, tonto, yo me quiero poner un vestido nuevo y estar divina, y bailar.

— Yo lo que quiero es ir a jugar al football con los chicos. Y no escuchar a mamá y papá cuando se pelean.

— Yo pongo la música fuerte y ni los oigo. Bueno, Miguel, estar todo el tiempo juntos tantos meses no es fácil. Nosotros tampoco nos aguantamos.  ¿Sabés que hubo una familia que estuvo encerrada más de dos años para que Hitler no los descubriera y los matara? Fue en Holanda. Seguro que se peleaban también. La chica, que se llamaba Ana, y de apellido Frank, escribió un diario y por eso sabemos cómo vivían en esa buhardilla, todos amontonados. Ana discutía con su mamá y se empezó a llevar mal con su papá. Siempre pasa, Miguel.

— ¿Y pudieron salir cuando  mataron a Jile?

— Hitler se llamaba, Miguel, Hi- tler. Nadie lo mató, perdió la guerra, pero antes descubrieron el escondite de los Frank y los mataron a todos.

— No me gustan las historias con finales así. Ahora voy a soñar.

— Bueno, de noche parece todo feo. Dormite.

— Mamá dijo que vinieras a mi cuarto a contarme un cuento lindo. ¿Me contás el del gato que al final el dueño del hotel lo dejaba vivir ahí para siempre?

— Está bien, pero después me pongo a hacer un video en Tik Tok  y vos no le contas a mamá, ¿no?

— Prometido.

—“ Una noche oscura y lluviosa, en una ciudad a orillas del mar, un gato callejero llegó caminando desde la playa. Me cansé de ser un gato callejero — pensó y saltó sobre el borde de la ventana donde había un señor trabajando. Era el dueño del hotel. El gato maulló y el señor le dijo: Estás empapado, está bien, entrá, pero te podés quedar hasta mañana…”

(Uy por fin se durmió… me voy a buscar mi Ipad…)

— Renata…

—¿Qué querés ahora?

—¿Ya es mañana? @mundiario