¿Walt Disney "el engañaniñas" o Charles Perrault y sus finales poco dulces?

Una versión protagonizada por Blanca Suárez de Caperucita
Una versión protagonizada por Blanca Suárez de Caperucita.

Mire, Señor Disney, que yo soy de las que ha puesto toda la vida la otra mejilla, como la Bella, y a mí ninguna bestia se me volvió príncipe guapo.

¿Walt Disney "el engañaniñas" o Charles Perrault y sus finales poco dulces?

Hoy, doce de Enero de 2016, tengo un dilema que no sé si me dejará pegar ojo esta noche sin estrellas ni luna. En realidad, no es de hoy, llevo toda mi vida con una lucha interna que no sé en qué acabará.

Tal día como hoy hace 388 años que nació Charles Perrault. Me encantaría ser la típica chica con memoria suficiente como para acordarme de que el gran escritor al que debemos, seguramente, que a día de hoy haya cuentos infantiles nació un doce de Enero, pero no, lo he visto en Google, como el 99% de la población mundial.

La historia de mi dilema comienza un día de mi cumpleaños hace muchos años ya. Alguien a quien quiero, entre otras cosas porque siempre me regaló cosas bonitas que leer, me empaquetó en un papel de regalo rojo con un lazo enorme un libro infinito de Charles Perrault. Sin duda, el libro que más veces he leído y voy a leer en mi vida. Como dice mi hermana, soy una tía visceral y, como tal, me gusta ese final en el que las palomas pican los ojos de las hermanastras de Cenicienta por haber sido tan víboras con ella. O aquel en el que Caperucita, uno de mis personajes de cuento favoritos, acaba devorada por el lobo tras haberse metido en la cama con él. No hay cazador fornido que rescate niñas, como en la vida misma. Y eso me encanta.

Todo este amor por los finales dramáticos de Perrault se ve cara a cara con mi pasión por Disney, que todo el que me conoce un mínimo sabe que tengo, y me hace sentir algo bipolar. Si hubiera tenido la oportunidad de haber conocido a Walt Disney no sé qué habría hecho… quizá le hubiera llamado empalagoso o “engañaniñas”, según el día que tuviera yo.

Reconozco, sin vergüenza, que en las tantas tardes lluviosas y frías de Galicia, saco mi colección de DVS´s Disney y me veo un par de ellas seguidas. Pero… a mis veintisiete, noto que mi mundo Disney empieza a flaquear. 

¿Y si resulta que las de mi generación hemos salido tontas (con respecto a los chicos) por culpa del señor Disney y sus versiones ultra azucaradas de los cuentos?

Mire, Señor Disney, que yo soy una chica de las que ha puesto toda la vida la otra mejilla, como la Bella (la que “pulió” a Bestia), y a mí ningún bicho se me volvió príncipe guapo de melena rubia al final de la historia. Y ahora mismo sería la protagonista de un cuento de Perrault, más que otra cosa. “Princesa herida se regodea mientras su agapornis le pica los ojos a todo el que le hizo daño sin causa aparente”. Por ejemplo.

Es que no entiendo a qué viene meternos por los ojos desde tan pequeñas que los príncipes son todos buenos. ¡Qué no! Que después nos salen corazones en los ojos y no nos dejan ver la realidad. Y vamos por el mundo enajenadas, creyendo que las rosas no pinchan.  Ja!

Así que, señor Disney, no sabría si darle un beso o una patada en la espinilla. Que el mundo no está como para ir engañando a la gente por ahí, así, tan gratuitamente… ¡que luego nos enamoramos!

@reipardo

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