Sobre Wagner, Sánchez y un niño negro

Pedro Sánchez se limpia la mano tras saludar a un niño negro. / Youtube
Pedro Sánchez se limpia la mano tras saludar a un niño negro. / Youtube

Acabo de ver un video donde Pedro Sánchez, líder del PSOE, da la mano a niños negros y se limpia las palmas después. ¡Pufff…para qué quiso más! ¡Menuda le han montado! Sobre todo los azules.

Sobre Wagner, Sánchez y un niño negro

Creo que fue en “Misterioso asesinato en Manhattan”, donde el bueno de Woody Allen dijo aquello de «No puedo escuchar tanto a Wagner, ¡me dan ganas de invadir Polonia!»  mientras salía del teatro de la opera neoyorkina con su adorada Diane Keaton. En clara referencia a su condición de judío y la relación Wagner-Hitler.

A mí, en cambio, me relaja. Ni me dan ganas de invadir Polonia, ni de solazarme con el “Mein Kampf”, ni me incita a la revolución más reaccionaria. Ni a liarme a mamporros con el primer desharrapado (negro, con coleta o  rastas) que pase por mi acera, con el aprendido guión de aducir a la autoridad pertinente que solo fue un lapsus de indisposición mental harto transitoria. Todo lo contrario… me apacigua.

Se han dicho cosas y anécdotas sobre el compositor que podrían aterrar al pusilánime más pintado. Así, de pronto, recuerdo una en que decían del señor Richard que él mismo pregonaba ser el mejor músico de todos los tiempos y que –a sabiendas de que adoraba a Mozart – le preguntaron que qué pasaba entonces con “Wolfgang”, a lo que respondió que él había dicho ser el mejor músico, pero que Mozart era «La Música».

Otra anécdota -en demasía famosa y utilizada para los más escabrosos intereses- es que era el músico de cabecera de Hitler. Tambien de Nietzche. Ergo…¡todo aquél que disfrutase con sus notas, era idefectiblemente un nazi, un fascista, un asesino en serie en ‘grado de pensamiento’!

Nada más lejos de la simple realidad. Zubin Mehta (Director musical vitalicio de la orquesta filarmónica de Israel, y  judío, nacido Bombay) ha dirigido conciertos de Wagner en el Palau de la Música barcelonés y en la propia Jerusalén.

O sea que, menos lobos caperucita feroz.

Que no conozco -ni quiero- la ecuación de «te gusta esto, luego eres inexcusablemente  aquello».

Si traslado a estos tiempos la follonera ecuación –inexistente pero pertinaz…paradoja-  y me voy con los llamados políticos y con los obscenos comentarios que se hacen los unos a los otros –con sus viceversas correspondientes – para luego darse un beso en los morros una vez acabada esta quincalla electoral. Una de las cosas que más gracia  me hacen (maldita la gracia que me hacen) es cuando dicen –todos, oiga…todos- que los menganos están haciendo simples y groseras apostillas “electoralistas”. Y ¿qué quieren que hagan en tiempos electorales? ¿Soflamas  navideñas quizá?

Escribiendo sobre obscenidad, acabo de ver un video donde Sánchez, líder del PSOE, da la mano a niños “negros” y se limpia las palmas después.

¡Pufff…para qué quiso más! ¡Menuda le han montado!

Sobre todo los azules. Lo han tenido que exponer varias veces desde otro  ángulo de visión para observar como el primero que se la limpia la mano es el niño negro. Vayan ustedes a saber si uno de los dos, en un descuido, se había sacado un moco verdino, espeso y pegajoso y se lo había guardado en la mano, para disimular ante el público presente, un poco antes del ‘estrechamiento manual’. ¿Qué deberían haber hecho Sánchez y el niño negro? ¿Dejarse la palma impregnada de tales elementos mucosos hasta que se secasen y hacer una bolita después para tirarla en cualquier papelera a mano?

Hombre, por Dios; pero si ese acto de desechar la porquería es instintivo ¿no me digan que no les ha pasado alguna vez con algún estornudo inesperado y repleto de tal materia, sin clines que les socorra? Pues nada…un xenófobo, un racista contumaz y solapado es el señor Sánchez, pero elevado a la enésima potencia o más. Un “mucho lereles y nada laralas”, pizca más o menos. Y conste en actas que dicho señor no es santo de mi devoción, ni Susana, ni ninguno de sus adláteres; pero una cosa es una cosa y, otra cosa es otra distinta. Claro que tampoco soy devoto de aquellos que, de sopetón, pasan de ser comunistas convencidísimos a socialdemócratas moderados de la vena, más o menos, de Brandt o de mi admiradísimo Palme. Tampoco de aquellos que “ni son chicha ni limoná”. De los actuales dirigentes (y directivos) ,en funciones - pero ejecutando - ni hablo ya, ¿para qué?

Uno es de lo que piensan que puede cambiarse de “Principios” según las circunstancias circundantes (¡Jamás de “Valores”!). Pero…no tan deprisa, hombre…no tan rápido. Un poco bastante de sopeso y maduración en tales cambios resulta imprescindible. En otro caso, no es de creer.

Pues, como iba escribiendo. Que no porque a uno le guste algo tiene que ser partidario de lo que ese algo pueda significar para la mayoría chillona e intransigente.

Así pues, uno no es nazi, ni del fascio, ni de la ‘oje’, ni de ningún estandarte, pendón, ni bandera; ni de charreteras ni medallas al valor en combate. Ni fanático, xenófobo, ni racista. Ni azul, ni rojo, ni morado ni anaranjado.

En relación a Wagner y Hitler, uno es – por su oficio y lo que ha visto en vivo en varios hospitales israelíes- un admirador incondicional del pueblo judío y su inteligencia  (sin desdén alguno para el pueblo palestino, ojo) pero ahora mismo tengo puestos los auriculares de mi emepetres escuchando a Richard Wagner y su “Lohengrin’.  Y al acabar esta, me voy a soplar su “Parsifal”, con un par. Y que caiga de hinojos quien tenga y quiera caer. Que no todo lo que gusta lleva inherente el ser de lo que dicen significar. Ni todo lo supuestamente percibido es necesariamente real (en referencia a Sánchez y su “niño negro”)

Lo que me saca de mis casillas y de todos los quicios,  es la intransigencia fanática y zopenca.

A mí me gusta Wagner. No por ello soy nacional-socialista ni me lanzo a invadir Polonia al ritmo de sus compases.

¡Y que cada cual pida su Pera a su Olmo preferido!

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