Reunir la vida en 15 minutos

Destrozos de la erupción de La Palma. Twitter @La_SER
Destrozos de la erupción de La Palma. / Twitter @La_SER
Tras el apocalipsis del volcán de La Palma muchos palmeros reharán la Génesis. Más allá de quince minutos. Porque por suerte hay vida más allá de los quince minutos
Reunir la vida en 15 minutos

La furiosa actividad del volcán en La Palma que ha provocado la evacuación de casi 10.000 personas y sepultado por lava casi medio millar de viviendas, estremece. Y estremece que en cuestión de pocas horas y días, hayan pasado de llevar una vida con cierta normalidad a pesar de la covid-19 a ser interrumpida por los rugidos de Cumbre Vieja y la expulsión del magma incandescente.

Los más afortunados, pueden “socorrer” sus enseres más preciados en 15 minutos. Como si estuviéramos rodando una película muda, te dan la opción de entrar, correr y salir para reunir una biografía en un máximo de 15 minutos. Y ¿qué se puede reunir en tan corto espacio de tiempo si no te ha dado tiempo a reflexionar mínimamente? Con el llanto a punto de explotar y la angustia quizá el canario, un álbum de fotos, algo de ropa, documentos de identidad, algún amuleto, un transistor, un saco de dormir, un diario personal, todo metido en una bolsa de viaje, junto al neceser, el móvil, un par de zapatos de repuesto, calderilla y si cabe alguna joya heredada por aquello de mantener con vida un recuerdo familiar, dejando atrás más de un suspiro, un ajuar, miles de recuerdos allí conservados en lata  hasta que llegue la lava como si fueran rayos solares pero con los altavoces puestos y arrase con todo, sin dejar huella ni testamento.

Las reacciones bioquímicas de los inquilinos confunden y provocan alteraciones en el dolor físico, espiritual y hasta mental. Me imagino que más de uno mirará al cielo en busca de una respuesta a las preguntas que en esos instantes deben formular a los santos evangelios. Quince minutos para rescatar un pedazo de vida, un cacho de historia, y adivinar el futuro con los cinco sentidos bloqueados y aturdidos por el ensordecedor rugido del volcán, que acecha a velocidad lenta pero segura en forma de tsunami de magma.

Pero en quince minutos, aún sin sacudidas sísmicas bajos los pies, sí te sacude el alma en escala de Richter. Sacar toda una vida de allí, en libertad condicional, con la deuda de mirar atrás y hacer noche en los recuerdos dejados atrás. Los más fuertes se vuelven débiles y los frágiles en fuertes por instantes, lo que dura un frugal minuto. El volcán embravecido ya no deja vivir, pero tampoco amar ni elogiar. Ya no será como antes y menos con sentimientos ingenuos y sencillos como decía Thomas Mann. Con tanto desastre casi bíblico y apocalíptico, será arduo que vuelva la normalidad para muchos palmeros. Perderlo todo no es todo, pero todo sin nada es nada.

Quince minutos, la vida esfumada en quince minutos. Cuando pase todo y se enfríen los sentimientos mientras late el magma en el fondo de la tierra, será difícil afrontar el futuro, rehacer y reencarnar la vida descalzo, sin bolsillos, sin fondos ni botones, sin un techo y una ventana por donde echar un piropo, formular un deseo o hacer planes. Porque los planes se gasearon con la lava.

Qué duro son los quince minutos. Sin preaviso te amputan de cuajo una vida. Los palmeros agradecen estar vivos, pero no a cualquier precio. El cuerpo aguanta, pero no la mente. Porque para algunos canarios  no es la primera que rehacen el destino. No por culpa del volcán sino a causa de los avatares de la vida, de la pandemia, de la crisis que nunca se sofoca en una isla. Y los forenses, con bisturí en mano, decidiendo por dónde empezar. Las causas ya no importan. Duele mirar hacia adelante más que atrás hacia un horizonte de polvo incierto. Porque uno ya no tiene 20 años, ni una familia que formar. 

Muchos palmeros ya tienen descendencia adulta, toda a salvo a Dios gracia, pero a salvo de la lava no quedó nada. Cómo salir de ésta, sin que te abrumen esos días de Corre, Entra y Sal en 15 minutos. Ahí demostrarán la fortaleza o la fragilidad de conciencia, de rechazo, de duelo y de esperanza en sí mismos. Pero ¿cómo se hace eso? Ni el peso de la lava en oro. Es fácil dar consejo, cuando estás de espectador y contemporizas con el damnificado. 

No es la primera vez que pasa en otras desgracias naturales, cierto. Pero por mucho que unas inundaciones se llevan de repente todos los enseres personales, al menos queda algo. Sí algo. La ubicación geosatelital de aquella propiedad. Con el volcán, es el exterminio total, la solución final como la que emplearon los nazis en los campos de concentración. Los sobrevivientes judíos, pese a tanto genocidio y tanta ceniza también, salieron adelante. Aferrarse a la vida es la emoción más grande que te hace salir de un horno crematorio y de un volcán. También se dijo que sería imposible que regresara la poesía y mira si regresó.

Las cenizas del volcán, habrán tapado con “magmanimidad” caprichosa el pasado, el presente y el futuro de La Palma. Pero el ahora sigue ahí, inamovible, a la espera de una inspiración, de una ley de vida, de una oportunidad oculta. Los quince minutos serán una bendición. Pudo haber sido mucho peor. Pero en quince minutos, insulares y peninsulares nos hemos solidarizado con los palmeros, para mitigar el sufrimiento, para compartir tanta pérdida, tanto dolor emocional. 

No estáis solos, aunque no de tiempo contarlo en alto en quince minutos. Pero en menos plazo se hizo la Génesis. Esto no acaba, palmeros, esto empieza. Valientes, que hasta con volcanes en erupción no perdéis la dignidad. Nosotros, espectadores, arrimamos el hombro y querríamos llevarnos el volcán y hundirlo si pudiéramos en mitad del Atlántico. Esta vez no será. Pero menos mal que hay vida más allá de los quince minutos. @mundiario 

 

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