Mi largo viaje con perro en avión cruzando el océano Atlántico

Zar antes de emprender viaje. / Judith
Zar antes de emprender viaje. / Judith

Narro aquí mi experiencia con el fin de que pueda ayudar a alguien que en algún momento se encuentre en una situación similar. Y añadir que los perros son impresionantes.

Mi largo viaje con perro en avión cruzando el océano Atlántico

Narro aquí mi experiencia con el fin de que pueda ayudar a alguien que en algún momento se encuentre en una situación similar. Y añadir que los perros son impresionantes.

Los que tienen perro estarán conmigo en que el cariño, la lealtad, la compañía y los buenos momentos que pasamos junto a ellos no pueden compararse con otro tipo de relaciones entre humanos. No digo que sean mejores o peores, sólo afirmo que la unión entre perro y humano no tiene comparación con nada.

Cuando el humano se va de viaje, el perro muchas veces se queda en su hábitat, al cuidado de algún familiar, pero cuando el viaje que emprende el humano es sólo de ida… En este caso que ha sido el mío, únicamente había una opción, Zar, así se llama mi amigo peludo, cruzaría el océano Atlántico conmigo. Emprender un viaje de estas características con un perro no es sencillo y mucho menos cuando se trata de un animal de 25 kg de peso.

Requisitos para introducir un perro en el país de destino: España

Lo primero que hay que hacer es conocer los requisitos que piden en el país de destino, en este caso España. El Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, en su apartado de CEXGAN (Comercio Exterior Ganadero), se puede encontrar la información que se necesita tener en regla para introducir a un perro en el país. En la propia web se selecciona, en Animales de Compañía > Importación,  el país de origen y aparece un listado de los requisitos. En mi caso el país de origen era Nicaragua y las condiciones que debía cumplir para poder viajar eran las siguientes:

  • > Los animales deben estar identificados con un microchip (o transpondedor) que cumpla con las normas ISO 11784 y 11785. En caso de que el microchip no cumpla con estas normas, el propietario deberá proveer de un lector que permita la lectura del microchip a la entrada en la Unión Europea.
  • > El animal debe estar vacunado con una vacuna de la rabia en vigor, de acuerdo con la licencia de comercialización de la vacuna en el país en el que se administre la vacuna.
  • > Prueba serológica antirrábica: Al menos 30 días después de la vacunación frente a la rabia (en el caso de primera vacunación) deberá tomarse una muestra de sangre al animal para verificar que el nivel de anticuerpos post vacunales es suficiente, es decir, igual o superior a 0.5 UI/ml (consultar la lista actualizada de laboratorios autorizados aquí).  La entrada del animal solo estará autorizada pasados 3 meses desde la fecha de extracción de la muestra de sangre.
  • > Documento de identificación: El animal deberá ir acompañado del certificado zoosanitario de acuerdo al modelo de la Unión Europea, que deberá ir firmado por un veterinario oficial del país tercero, y presentarse al menos en Castellano.

 

Lo primero que hice fue implantarle el microchip a Zar. En Nicaragua no es obligatorio por lo que el veterinario tuvo que pedir el chip a EE UU. Tampoco tenía muy claro donde ponérselo y como yo tengo otro perro que vive con mis padres en España y ya pasé por el momento chip, le tuve que decir que por la zona del cuello.

Lo segundo que hice fue ponerle la vacuna de la rabia, incluso lo revacunaron 6 meses después para asegurar que la prueba serológica saldría correcta. Pasados 30 días ya podía sacar sangre a Zar para la serológica.

Lo tercero que hice, entonces, fue realizar la prueba serológica, incluso mucho antes de saber que iba a viajar con Zar. Esta prueba es válida para toda la vida de la mascota siempre que la vacuna de la rabia la tenga puesta cada año, sin retrasos. Yo la hice con tiempo porque una vez realizada el animal no puede viajar hasta que pasen 3 meses. El problema con el que me encontré fue que en Nicaragua no hay un laboratorio autorizado (la lista de laboratorios autorizados también se puede consultar en el CEXGAN). Gracias a que tenía una amiga veterinaria en Nicaragua, española y que iba a viajar a España, se encargó de sacar sangre a Zar, viajar con la muestra y mandarla a un laboratorio autorizado en Valencia. Si no, la otra opción hubiera sido confiar en algún veterinario nicaragüense que mandase la muestra a EE UU.

El costo de esta prueba fue de 256€ y tardamos en tener los resultados aproximadamente 2 meses.

Cuando supe que definitivamente iba a viajar con él, habían pasado 3 meses y 3 días desde que hice la prueba serológica así que todo estaba en regla. Tenía el chip implantado y la vacuna de la rabia seguía vigente hasta febrero de 2016.

Lo cuarto que hice fue imprimir el certificado zoosanitario y entregárselo a mi veterinario nicaragüense para que lo rellenase.

Requisitos para sacar un perro del país de origen: Nicaragua

Pero no sólo hay que hacer trámites para introducir un perro en España, sino también para sacarlo del país de origen. En Nicaragua tuve que pedir al veterinario un certificado donde indicase que el perro no presentaba lesiones, que estaba en perfecto estado de salud y que tenía puesta la vacuna de la rabia, indicando los datos de la vacuna y cuándo fue administrada. Precio por este papel 80$

Otro requisito para sacarlo de Nicaragua es tener el CETREX, el Certificado de Exportaciones. Ese certificado me lo realizó la compañía aérea con la que volé desde Nicaragua a Panamá. (Deciros que no hay vuelo directo Nicaragua – España, por lo que volé con Copa Airlines desde Nicaragua a Panamá y luego con Iberia desde Panamá a Madrid). Precio del CETREX 50$, pero a este monto hay que sumar lo que cobra Copa Airlines por transportar una mascota en bodega. El precio varía según el tipo de perro (si es perro peligroso, si es de morro chato, etc.) En mi caso Zar es un perro mestizo labrador. El total, incluyendo los 50$ del CETREX fueron 280$.

Y por penúltimo pago, hay que añadir 38,34$ en motivo de impuesto por introducir un perro en Panamá. Yo realmente no lo introducía pues iba de tránsito pero como había un espera de 7 horas entre un vuelo y otro, el perro tendría que quedar en custodia de aduanas del aeropuerto.

Avisar a la aerolínea con la que se va a volar

Bien, una vez todos los papeles en regla y el billete de avión comprado, tocaba avisar a las aerolíneas. Como ya os he dicho los trámites y pagos que tuve que hacer con Copa, habréis supuesto que ya avisé a esa aerolínea. Efectivamente. Llamé con casi dos semanas de antelación a Copa Airlines. Esta aerolínea dispone de Copa Mascotas en donde se pueden encontrar los números de teléfono de los distintos países donde operan y el nombre de la persona de contacto. Funciona muy bien y explican a la perfección lo que necesitan para poder transportar al perro, en mi caso en la bodega del avión debido a su peso, 25kg, desde los trámites administrativos que ya os he explicado hasta el tipo de trasportín. Esto es fácil, el recomendado por la IATA. No es difícil encontrar un trasportín que cumpla los requisitos. Se pueden comprar por internet o en alguna tienda de animales. Debe permitir que el perro se ponga de pie sin problemas y pueda girarse. Si tenéis un súper perro que deba usar el trasportín más grande de todos, el XXL-600-700, tendréis problemas porque algunas aerolíneas no admiten esos tamaños.

Yo me encontré con que Avianca no deja volar con animales que pesen más de 20kg. Así que no contéis con esa aerolínea si queréis viajar con vuestro amigo y que supere ese peso.

El trasportín debe llevar un bebedero con agua que después de todo el meneo que meten al trasportín ya os digo que se vuelca el líquido y que, mi perro, ni bebió agua de él. No se si por los nervios. Además es necesario que en el suelo del trasportín pongáis unos papeles absorbentes por si se hace pis. El mío ni hizo caca ni pis. Yo le puse una alfombra mullida, los papeles absorbentes y una manta, pero a poco que se movía Zar también se desplazaba la alfombra y los papeles. Se los pegué con cinta americana pero cuando llegó a España estaba todo “manga por hombro”. Mal diseño este de los trasportines.

Entonces, volvamos a lo de las llamadas a las aerolíneas. Con Copa como os he dicho, ningún problema. Tuve que llevarlo 3 días antes del vuelo al aeropuerto para que comprobaran que el trasportín era el adecuado, que Zar cabía bien en él, y para entregar los papeles que me pedían: cartilla de vacunas y certificado veterinario. Con ello, más el CETREX que me hicieron ellos, elaboraron la Guía de viaje. Probablemente todo esto se pudiera haber hecho el mismo día del vuelo pero fue positivo hacerlo tres días antes porque resultó que el certificado veterinario que costó 80$ estaba mal redactado, así que el veterinario de Zar en Nicaragua tuvo que volver a hacerlo.

La siguiente llamada en realizar fue a Iberia. El vuelo con ellos sería de Panamá a Madrid. Hay que llamar a Serviberia, allí se encargan de realizar la solicitud en el vuelo correspondiente indicando el trasporte de una mascota en bodega. En Serviberia me indicaron que en 48h. me confirmarían si se podía volar o no con la mascota. En la página web de Iberia indican que es necesaria esta confirmación para viajar con animales.

Pasaron 48 horas, llamé y la solicitud seguía sin ser contestada, 72 horas más tarde la situación seguía igual. En la primera llamada que realicé pasadas las 48 horas me dijeron que volviese a llamar un día después o que contactase directamente con Iberia en Panamá. Esto último fue imposible. En ninguno de los cuatro números de teléfono que dispone Iberia en Panamá me contestaron ninguno de los tres días que llamé en diferentes horarios.

La segunda llamada que realicé a Serviberia tras la solicitud de viaje con mascota tampoco estaba resuelta, y quien me atendió esta vez me dijo que si no se había confirmado era porque probablemente me habían rechazado el viaje. Podéis imaginar mi disgusto y cabreo. Ya tenía mi billete y todo listo para viajar de Managua a Panamá, ¿qué iba a hacer si no podía viajar con Zar en Iberia? La opción que me dio la persona con la que hablé en Serviberia fue que hablase con Iberia Cargo, un servicio de la aerolínea para transportar mercancías especiales. Pero ya era tarde para gestionar esto, supondría dejar a Zar en Panamá, en la perrera del aeropuerto, un par de días.

En la tercera llamada a Serviberia  me indicaron que la solicitud no se había resuelto aún y que dado que ya habían transcurrido más de 48 horas nunca la iban a contestar, así que la persona con la que hablé en esta ocasión realizó una nueva solicitud. Faltaban dos días para viajar.

En la cuarta llamada a Serviberia todo seguía igual! Así que decidí pasar de llamar al 901 de Serviberia y llamé a un 91 de Madrid de Iberia. La chica que me atendió me dijo que la solicitud estaba sin resolver pero añadió: “voy a ver por qué razón no está contestada”. Unos minutos en espera y eh voila! “Su solicitud ya está aceptada. No hay ningún problema con que viaje con su mascota”. Cuando recibí esta contestación sólo quedaban 20 horas para el vuelo.

Mi experiencia con el servicio de Serviberia fue nefasto.

La experiencia del viaje

Una hora y media antes del vuelo llevé a Zar al aeropuerto, a la zona de cargas de Copa Airlines. Allí ya tenían la Guía de viaje preparada, la pegaron en el trasportín y listo. Adiós Zar, nos vemos en Panamá. Qué nervios.

Cuando llegué a Panamá, Zar salió por una de las cintas de salida de equipajes destinadas al equipaje especial. Tumbado en el trasportín, como un señor! Qué alegría cuando lo vi. Comenzó a mover el rabo cuando me divisó. Pum Pum Pum se oía en el trasportín. Allí había una chica que también recibió por esa cinta a su perra Natascha.

A mi me costó un rato poder sacar a Zar del trasportín porque a parte del cierre estándar del trasportín le tuve que poner unas bridas para asegurar que no se abriese la puerta. Yo no llevaba tijeras, ya sabéis que no se pueden llevar ciertos objetos en la maleta de mano, aunque luego las aerolíneas den tenedores y cuchillos de metal con la comida. Pedí a los trabajadores del aeropuerto que andaban por allí, supongo que para ayudar a la gente con los equipajes, unas tijeras o algo para cortar las bridas pero nadie fue capaz de echarme una mano. Lo conseguí a mala leche con las llaves de casa. Nada más salir de su trasportín me saludó y se puso a jugar con Natascha. Y eso que no se habían visto en la vida. Es increíblemente magnífico la sociabilidad de los perros, sobre todo cuando se les deja ser sociable.

Bien, lo que venía luego era un poco misterio porque allí estaba yo con mi perro y nadie del aeropuerto que me indicase qué hacer. Yo tenía 7 horas por delante antes de que saliese mi vuelo de Iberia. Vi una zona de aduanas a 200 metros y para mover el trasportín con el perro dentro (32kg), sin ayuda era imposible, así que fue necesario un carrito para trasportar maletas. Precio en Panamá 3$. Distancia recorrida, 200 metros.

En aduanas se quedaron con Zar. Me dijeron que lo llevaban a una zona restringida. Una especie de perrera donde sacaban a los animales de su trasportín para que pudiesen hacer sus necesidades, les daban agua y en definitiva, podían estirar sus patas antes del siguiente vuelo. Precio por este servicio 9,50$

Mientras ellos se quedaron con él, yo hice algo de tiempo en el aeropuerto (café, coca cola) y después me fui a la oficina de Iberia del aeropuerto para saber a qué hora debía facturar a Zar y cómo debía hacerlo. Los empleados de Iberia tuvieron sus dudas sobre si poder embarcar al perro porque parece ser que el CETREX de Managua sólo estaba sacado hasta Panamá. Ellos hablaron, cuchichearon, me pidieron la guía de viaje… y entre tanto yo no me enteré de absolutamente nada. Sentada y calladita, rezando para que entre ellos se entendieran y no hubiese problemas. De pronto salió un chico de la oficina y me dijo “sígueme”. Obediente lo seguí hasta la zona de facturación. Allí esperé a que atendiese a dos personas que ya iban a facturar en business y después llegó mi turno. 300$. Pagué el precio estándar de Iberia para viajar con un perro en bodega de América a España y me fui con otro chico e Iberia a por Zar que estaba en aduanas, en la perrera.

Es una pena no acordarme del nombre del chico que desde ese momento hasta el embarque del perro estuvo conmigo, porque fue de lo mejor y más eficiente que me encontré durante todo este periplo.

En resumen, porque esto ya se está alargando demasiado, a Zar no le había sacado del trasportín durante las 5 horas que lo tuvieron en la perrera. Primero me dijeron que era porque se le había tirado a morder al señor que había intentado sacarlo. Me pareció muy extraño ya que en los 20 meses de vida que tiene Zar nunca le he visto esa actitud de lanzarse a morder. Pero no dije nada. Todo puede ser en una situación de estrés.

Pero cuando un operario de la perrera me trajo a Zar y le preguntó el chico de Iberia por lo sucedido le contestó: “No, no se ha tirado a morder a nadie. Sólo que cuando le abrimos la puerta del trasportín, el perro estaba de culo, del revés, entonces el señor no quiso meter la mano y cerró la puerta.” No le sacaron, no pudo hacer sus necesidades y tampoco le dieron agua. 5 horas en el trasportín más 1 hora y media de vuelo Managua a Panamá y hora y media previa al inicio del vuelo. Total 8 horas. Yo le había dejado algo de agua en el bebedero del trasportín pero se le había volcado casi todo.

El chico de Iberia discutió con todo el que pudo para que me dejaran sacar al perro del trasportín y llevarlo fuera del aeropuerto para que hiciese sus necesidades. Y además, darle agua. Al fin y al cabo luego le esperaban 10 horas de vuelo. Lo consiguió, pero no fue fácil, advierto. Y acompañada de una persona de aduanas me dieron 10 minutos, ni uno más, para sacar al perro por las afueras del aeropuerto. Bebió casi un litro de agua del tirón, hizo caca y pis al instante. Y todo ello moviendo el rabo, feliz.

Después camino a facturarlo a Iberia, en una zona habilitada para este tipo de menesteres. Y adiós Zar, hasta Madrid! Qué nervios! Y qué bien se portó. Entraba y salía de trasportín obediente, se tumbaba y listo, que me lleven donde sea, pero que te vea al final del camino.

Una vez aterrizada en Madrid, fui a la zona de recogida de equipajes con la duda de por dónde saldría Zar. Al ver que ya descargaron todas las maletas y que por allí no había nadie de Iberia o personal del aeropuerto, me acerqué hasta Atención al cliente de Iberia en esa zona de recogida de equipajes y me dijeron que los perros los subían por el ascensor, allí mismo. Cogí un carrito para trasportar maletas, 1€, y esperé. A los 20 minutos por allí subió una señora que me pareció trabajadora del aeropuerto de la zona de cargas, con Zar en el trasportín. Tumbado, con la lengua fuera y moviendo el rabo en cuanto me vio.

Yo tenía todos los papeles en la mano: prueba serológica, certificado veterinario, cartilla de vacunas e incluso el pasaporte canino europeo (aunque ahora ya no lo piden cuando se trata de un primer viaje y no reintroducción). Pero nadie me pidió nada. Yo monté a Zar en el carrito y salí por la puerta de salida donde me estaba esperando mi padre. De ahí al garaje para montarnos en el coche rumbo a casa. Zar con su arnés reglamentario enganchado al cinturón de seguridad. Antes hizo pis en el garaje y bebió otro litro de agua del tirón.

Zar a su llegada a España. / Judith Muñoz
Zar a su llegada a España.

 

Conclusión

Viajar en avión con un perro en bodega, en viajes transoceánicos cuesta una pasta, 890 al cambio en euros; las compañías aéreas no están aún preparadas para este tipo de transporte y su falta de profesionalidad incrementa el nerviosismo y la inseguridad del pasajero. Hablamos de transportar a un ser vivo, a una mascota, un perro, un amigo que si no fuese importante no le someteríamos a un viaje así y lo dejaríamos tirado, en tierra. Hablamos de que si aceptan trasportar perros, deben tener una política clara, ser eficientes en dar respuestas al pasajero e indicaciones y no dejar todo a la suerte del último momento. Los aeropuertos que se quedan con los animales durante horas o días, en mi caso horas, deben estar obligados a dar agua y dejar salir a los perros de sus trasportines, no como en el caso de Panamá que os acabo de contar. Y si no lo hacen al menos llamar al dueño para que lo saque él. Pero claro, alegan que es una zona restringida y no se puede pasar. ¿Qué esconden que no se puede ver?

Y por último, si el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente de España pide tantos y estrictos requisitos para la introducción de perros en el país pero luego no hay nadie para comprobar que esos requisitos se cumplen… me da qué pensar, cuánto se habrá colado por el aeropuerto de, en este caso, Madrid. Yo cumplí y pagué para que todo estuviese correcto, aunque a nadie le haya interesado saber si ha sido así.

Mi largo viaje con perro en avión cruzando el océano Atlántico
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