Del verano nos quedarán sus ‘Pantones’, esos colores fijos que irán nutriendo la invernía

Playa de As Polas (Cangas de Foz, Lugo) / Quique Alvarellos
Playa de As Polas (Cangas de Foz, Lugo) / Quique Alvarellos

El verano, al final, no es otra cosa que un catálogo bien seleccionado y retenido de colores. Agosto queda fijando así en cada uno de ellos. Son esos Pantones de las artes gráficas...

Del verano nos quedarán sus ‘Pantones’, esos colores fijos que irán nutriendo la invernía

El verano, al final, no es otra cosa que un catálogo bien seleccionado y retenido de colores. Agosto queda fijando así en cada uno de ellos. Son esos Pantones de las artes gráficas, esos códigos/marca universales mediante los que cada color se define con un número exclusivo, que lo identifica para su uso impreso o audiovisual. Mi verano son ahora esos Pantones. Estoy sentado frente a la pantalla y me rodea por ejemplo un Granate 484 C, el de las paredes de mi trabajo.

Decido hacer un ejercicio proustiano: activo lo que el escritor llamaba “las resurrecciones de la memoria” y busco los Pantones de mi ocio tan reciente y tan pasado ya. Para guardarlos para el invierno.

Entre Muros y Carnota, en la Costa da Morte de Galicia, me refrescó el “fumazo”, esa bruma intermitente y efímera que diluye amplias zonas de paisaje y luego las vuelve a crear, plenas, como si emergiesen desde la nada. Un “fumazo” es un perfecto Pantone 7537. Tras él surgieron el sosiego de Esteiro, el imponente monte Louro, el espumoso faro de Lariño o la Boca do Río de Carnota. Detrás de nosotros, el Monte Pindo proyectaba sus Pantones pardos, un tipo 4645 y, a veces, colores verdecidos que uno les daría el código 620, por lo menos.

En la península de San Vicente, en O Grove-Pontevedra, imaginé fácilmente la isla que fue. El Astro se iba durmiendo en Sálvora entre un Pantone Orange 021C y luego pasaba a uno de mis códigos preferidos, ese anaranjado conocido como “Warm red”, traducido algo así como “Rojo templado”. Delante de él, playas completas de soledad y espectaculares fondos marinos.

En As Polas, en Cangas de Foz, cielo y mar cantábrico alcanzaban un 100% de Cian. Y muy cerca, en Lóngara (Barreiros), me atrapó un verde tipo esmeralda. Dicen los de la casa Pantone que este es el color del Año 2013, el que lleva el código 17-5641. Pues será por eso que el día que nos dimos el baño en Lóngara, el mar, el cielo y la arena convivían en un trío impresionista que no nos quería dejar marchar. Veníamos de Asturias, donde el verde tiene por lo menos dos capas, concentrado a veces en un 7490 C y otras incluso alcanza el 3415 C.

Y ya muy cerca de casa, en Santiago de Compostela, en los fondos fluviales del río Tambre, las mínimas truchas huían con sus lomos asalmonados en unos Pantones 235, ocultándose entre otros verdes y pardos cuyo código, en la oscuridad del río, no soy capaz de determinar mientras nado...

Guardo estos números en mi carpeta de los veranos disfrutados. Son códigos ocultos con alma incorporada. Activan esa “resurrección de la memoria” de Marcel Proust. Los iré sacando poco a poco cuando todo sea un Cool Gray 11 o incluso un Black 2C.

Del verano nos quedarán sus ‘Pantones’, esos colores fijos que irán nutriendo la invernía
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