Ventajas y desventajas de las deseadas vacaciones de verano

AA Vanesa Saavedra 20160709_104334
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Dicen los expertos que con menos de quince días no se corta con el estrés del trabajo pero también dicen que con más producen adición y depresión posvacacional.

Ventajas y desventajas de las deseadas vacaciones de verano

El verano es un mar de sorpresas donde cada ventaja que nos trae viene acompañada de un peligro que hemos de vencer, así nos trae una esperada paga extra que sirve normalmente para devolver esos anticipos que hemos ido pidiendo a cuenta (una alegría), y que a la vuelta de las vacaciones comprobamos que ha resultado insuficiente (una pena) y nos acarrea la dolorosa cuesta de otoño que se junta con los gastos escolares e imprescindibles compras cara al invierno, claro que ya se puede empezar a pedir anticipos de la extra de Navidad. Estos pros y contras nunca harán que nos arrepiitamos de este descanso estival que sirve en otras cosas para retomar un contacto con la familia y muy especialmente con padres mayores o hijos, pero sobre todo para reflexionar sobre la vida que llevamos, sobre lo que nos gustaría hacer si no hubiese que trabajar. Estos problemas son nuevos porque las grandes civilizaciones como Grecia o Roma se basaban en la esclavitud y más adelante en la servidumbre. Unos disfrutaban de largas vacaciones en sus palacios, mansiones, hoteles o balnearios de verano, y otros no tenían vacaciones ni festivos. En esto hemos avanzado mucho en el pasado siglo.

¿Y sobre que reflexionamos en el veraneo? Si son dos semanas o más, sobre casi todo. Entre lo más importante es el porqué vivimos lejos del mar, o la montaña, o el pueblo que tanto nos gusta, en lo barata que puede resultar la vida fuera de las grandes ciudades, o en como se conserva vivo el niño que llevamos dentro y reaparece lejos de las responsabilidades del día a día. Recuerdo que estando yo en Javea de vacaciones y paseando por la Vía Augusta camino del cercano mar donde disfrutaba de la vida submarina, oí una conversación que salía de un chalet adosado de esquina. Un hombre preguntaba porqué habría de seguir trabajando si ya tenía la casa de sus sueños, unos ahorros capaces de generar una pensión, y los hijos criados, y además le gustaba vivir en Javea donde el verano dura unos nueve meses. Que no quería volver (no dijo a donde), y la mujer le contestó "porque tienes poco más de cuarenta años". Puede parecer un chiste pero fue tan real como lo cuento.

Con todo lo que más llama la atención es que este clima de veranos largos y calurosos donde vacacionamos, nos ha colocado como el segundo país de la Unión Europea en número de divorcios, solo detrás de Portugal, y que nada menos que el 28% de estos divorcios ocurren al final de las vacaciones con las demandas de septiembre. Conviene saber que esto no es una ocurrencia del carácter latino al que el calor convierte en un animal sexual que comete infidelidades que rompren matrimonios, esto ocurre en todas partes, así en Estados Unidos las vacaciones acarrean tres divorcios por minuto, y eso que allí solo disfrutan mini vacaciones. ¿Esto es malo o es bueno? Es más que bueno, buenísimo, pero consecuencia de hábitos malos, malísimos. Cuando una pareja ha dejado de comportarse como tal, de refugiarse en su círculo de amigos que en grupo siempre llevan a conversaciones intrascendentes o actividades separadas de hombres y mujeres, encontrarse solos frente frente y con tiempo para hablar, comunicarse y comprobar si sigue existiendo una atracción o ya solo un hábito, cuando ya habían dejado de hablar gracias a la televisión o el smartphone, de comunicarse en lugar de contarse cosas en el mejor de los casos, o de compartir actividades de pareja, el verano llega para aclarar esa situación. Se ve en los lugares de veraneo. Parejas de todas las edades cogidas de la mano o parejas que preparan el momento de separarse a tiempo de rehacer su vida. Es bueno y sano que esto suceda sin esperar a la otra gran crisis que sobreviene al jubilarse. La pareja es como una planta que hay que regar y en verano más para que dé hermosas flores. Llegar a viejo con quien se ha compartido la vida es el premio, y el haber cortado la planta enferma para que renazca otra sana también.

Con todo nunca renunciemos a las vacaciones en familia y a escapadas en pareja porque compartir la belleza es lo que más une, esa puesta de sol, ese atardecer con el frescor de la noche que se acerca, ese descubrir nuevos lugares, ese roce fuera de la cama, jugar, reír, la voluptuosidad del vestido ligero, esa cena intima. Jamás renunciemos a las vacaciones, es la gran oportunidad de conocer en quien se está convirtiendo nuestra pareja y enamorarnos de ella o reconocer que la distancia que nos separa ya es insalvable, pero sobre todo disfrutar de aquellas cosas que nos gusta hacer y descubrir cuales podemos compartir para disfrutar juntos. @mundiario

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