La vejez no es cuestión de números, sino de curiosidad

Reunión de jubilados.
Reunión de jubilados.
Por eso hay jóvenes y viejos apáticos y jóvenes y viejos curiosos.
La vejez no es cuestión de números, sino de curiosidad

Los tacos de calendario, como se decía antes, van sumándose, pero la verdadera vejez sólo llega cuando cerramos la ventana de la curiosidad; y esto no es cosa de la edad, sino de la existencia  de  inquietudes, iniciativas, ilusiones, creatividad, propósitos de crecimiento personal, deseos.

¿Qué podemos hacer para mantener abierta la ventana de la curiosidad? Naturalmente, hay que abrirla desde la niñez, a ello deben enseñar en los colegios y en la familia; también deben hacerlo los adolescentes, por ellos mismos y con la ayuda de quienes les forman profesionalmente. Y en la madurez, debemos hacerlo cada uno de nosotros, buscando un espacio de tiempo personal, al margen de la actividad laboral de cada día. Este espacio servirá para hacer más liviano el quehacer ordinario, creando unos hábitos positivos para el futuro, en cuanto a la ocupación de ese tiempo de ocio.

De este modo, cuando alcancemos la vejez, tendremos creado ese hábito placentero que nos impulsará a contemplar desde nuestra ventana el mundo que nos rodea, con sus cambios en los aspectos sociales, culturales, pensamiento, tecnológicos, etc.

Y esta necesidad de estar al día para sentirnos útiles, es especialmente importante en la sociedad actual, en la que  las transformaciones en todos los terrenos se suceden con una vertiginosa rapidez. En suma, el riesgo de sentirnos aislados es mayor hoy que ayer, de ahí la necesidad de estar vigilantes desde nuestro observatorio, al mundo que nos rodea.

Me da pena escuchar frases como “estoy de vuelta de todo”,  “ya he visto  muchas cosas”, porque, como decía Antonio Machado, “los que están siempre de vuelta de todo son los que no han ido nunca a ninguna parte”; siempre fueron viejos, lo digo con respeto. Hay que evitarlo.

No me gustaría que se confundieran mis palabras. No defiendo que vivamos como los jóvenes y aceptemos, como esnobs, todas las nuevas formas de vida; defiendo la necesidad de  vivir con   los jóvenes y en el mundo que nos toca vivir en cada momento. El viejo que pretenda vivir como un joven hará el ridículo.

Los hijos y los nietos son compañía fundamental en este  observatorio de la vida; ellos nos enseñarán a conocer modas, lenguaje, tecnología, diversiones, formas de pensar, costumbres, cultura...

Naturalmente, a pesar de nuestro propósito de mantener  abierta la ventana de la curiosidad, el vendaval de una enfermedad o una contrariedad grave –personal o de la familia-, puede cerrarla de forma intempestiva; pero, admitido esto,  comprometámonos a no cerrarla voluntariamente. @mundiario

La vejez no es cuestión de números, sino de curiosidad
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