Entre los vacunados se dieron casos de parálisis faciales y trombosis cerebrales

<p>La parálisis facial periférica o parálisis de Bell es una debilidad repentina e idiopática de los músculos de un lado del rostro —es unilateral en el 99% de los casos—.</p>

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Parálisis facial periférica. / RR SS.

Entre los vacunados contra la Covid-19 se dieron casos aislados de parálisis faciales periféricas y de trombosis cerebrales; no obstante, los defino como extraños o singulares.

Entre los vacunados se dieron casos de parálisis faciales y trombosis cerebrales

En el artículo anterior, publicado en MUNDIARIO, había hecho referencia que entre aquellas personas que han decidido vacunarse, generalmente por temor, aflora una cierta incertidumbre en cuanto a los síntomas que pueden surgir o los riesgos que se corren, así como que medicamentos podrían llegar a consumir para paliar los posibles efectos secundarios de las vacunas. Asimismo, había mencionado que a pesar de que han aparecido casos muy aislados de trombosis cerebrales, en pacientes que habían recibido la vacuna de AstraZeneca y Johnson & Johnson, así como también algunas parálisis faciales periféricas en cuatro voluntarios, a los que les habían aplicado vacunas de ARNm, como la de Pfizer y Moderna, a estos los podía definir como extraños o singulares.

No obstante, enfaticé que independientemente del tipo de vacuna que se administre, los efectos secundarios más frecuentes eran leves, moderados y pasajeros; dentro de ellos podían aparecer dolor, inflamación y rubefacción en la zona de la aplicación —lo que es una buena noticia, ya que estos se deben a la activación del sistema inmunológico—. Incluso, es posible que ocurran dolores musculares, articulares y de  cabeza, escalofríos, cansancio o fatiga, fiebre o febrícula y en muy raras ocasiones náuseas o un síndrome pseudogripal con malestar general. A la vez, había destacado que en toda vacunación debemos tener presente la posibilidad de una anafilaxia, o reacción alérgica generalizada, la cual, por el momento, no es algo frecuente con estas vacunas.

Llegado a este punto, voy ampliar el tema de las parálisis faciales periféricas ocurridas en los cuatro voluntarios a los que les habían aplicado las vacunas de ARNm, como las de Pfizer y Moderna. 


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En principio, debemos considerar que la parálisis facial periférica  es una debilidad repentina e idiopática de los músculos de un lado del rostro, y es también llamada parálisis de Bell; esta es una afección que puede ser el resultado de una inflamación del nervio facial, que es el encargado de controlar los músculos faciales, y que lleva a que el paciente experimente una debilidad muscular o parálisis en la mitad de la cara —esto conduce a sonrisas unilaterales o que un ojo se niegue a cerrarse; aunque pueden llegar a ocurrir casos muy graves que terminan por afectar ambos lados del rostro  y que conducen a sentir dolor, hiperacusia (aumento de la sensibilidad auditiva), disminución del lagrimeo, entre otros síntomas. La recuperación completa puede llevar desde pocas semanas hasta seis meses—. En cuanto al mecanismo de acción, algunos especialistas sugieren que se liberarían mediadores pro-inflamatorios con la capacidad de promover un ambiente tóxico, que genera daños al nervio facial.

<p>Parálisis facial periférica o parálisis de Bell</p>

Parálisis facial periférica o parálisis de Bell. / RR SS. 

 

A la vez, es importante resaltar que este trastorno se ha informado en una pequeña cantidad de receptores de la vacuna contra la Covid-19; en contraposición, un reciente estudio científico asegura que es más frecuente en quienes contraen la enfermedad y no han sido vacunados —también ha sido vinculado con el virus que provocan los herpes labiales y genitales, la varicela y la mononucleosis infecciosa—. En cuanto al estudio científico, hago referencia a la investigación realizada por los especialistas del complejo médico de la ciudad de Cleveland, en el Estado de Ohio, en Estados Unidos (University Hospitals Cleveland Medical Center y Case Western Reserve University School of Medicine) y que fue publicado en la prestigiosa revista científica JAMA —Incidence of Bell Palsy in patients with Covid-19—, donde se reveló que los pacientes afectados con la Covid-19, y que no fueron  inoculados, tienen más chances (unas 6.8 veces más) de padecer esta dolencia que quienes están vacunados.

Los ensayos demostraron que se produce una incidencia de 19 casos de parálisis de Bell por cada 100.000 vacunados (es decir, que el riesgo es del 0.019%); mientras que en los no inmunizados ocurrieron 82 casos por cada 100.000 personas con la Covid-19 (es decir, la incidencia se multiplica por 4.32).

Entre otros datos a considerar tenemos que este trastorno, anualmente en los EE.UU., afecta  entre 15 y 30 casos por cada 100.000 personas, la tasa de recurrencia en individuos que han tenido 1 episodio de parálisis facial se estima en un 8% y el mecanismo de la parálisis, como lo mencioné más arriba, se cree que es viral, isquémico y / o inmunomediado.

Para concluir, estos estudios y los datos adicionales, nos dejan como evidencia que la parálisis facial periférica no es un motivo para no vacunarse, así como también nos indica que no es un efecto adverso propio o exclusivo de las vacunas.

Por otra parte, algunos profesionales recomiendan el uso de la aspirina, como antiagregante plaquetario, en dosis de 200 mg. diarios, 10 días antes y 10 días después a la vacunación (esto sería para evitar los posibles casos de trombosis). En lo personal, considero que es un evento muy raro, y para fundamentar lo que acabo de expresar me baso en los datos de la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia los que nos dicen que se produce, aproximadamente, 1 caso cada 167 mil dosis; es decir, no tiene demasiado sentido iniciar un tratamiento profiláctico con el objetivo de prevenir un evento que es poco frecuente. Por lo expresado, sugiero realizar una consulta con el hematólogo o en su defecto con el médico clínico, y decidir si es necesario realizar una terapia preventiva. @mundiario

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