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MUNDIARIO

La urbanidad, una asignatura olvidada, que sólo recordamos los de más edad

Mucho mejoraría la convivencia si se enseñaran en familias y escuelas los buenos modos, la cortesía, el buen gusto; ojo no hablo de un comportamiento pijo.

La urbanidad, una asignatura olvidada, que sólo recordamos los de más edad
Ceder el asiento en el autobús, un gesto de urbanidad. / Stand up
Ceder el asiento en el autobús, un gesto de urbanidad. / Stand up

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Alfonso García

Alfonso García

El autor, ALFONSO GARCÍA, es columnista en MUNDIARIO y también escribe en El Correo Gallego. Es notario jubilado desde 2012 y autor de diez monografías sobre temas diversos. En 2017 publicó "Entre el odio y la venganza. El Comité Internacional de Cruz Roja en la guerra civil española” y ahora ultima “Algunos abuelos de la democracia”. @mundiario

Algún lector recordará la disciplina de urbanidad que, hace muchos años, se enseñaba en las escuelas; yo la echo de menos.

Urbanidad es comedimiento, cortesía, buenos modos, aunque me temo que hoy puede haber quien la confunda con un comportamiento pijo; sin embargo, la urbanidad es todo lo contrario de lo remilgado y ñoño. Implica naturalidad, normalidad y respeto en el trato con los demás, ya sea en familia o en sociedad. Se trata de adoptar  una actitud de sencillez en las relaciones con los demás -y con uno mismo, naturalmente.

Nunca puede utilizarse para generar  distanciamiento con el interlocutor o situarnos en un plano de superioridad, pues estaríamos contrariando la esencia de la urbanidad, basada en la sencillez  y en la  naturalidad. Ahora bien, que nadie equipare la sencillez al “colegueo”.

Cualidad  inherente a ella  es el comedimiento, es decir, la moderación al hablar, comer, divertirse, vestirse,... El respeto, es también consustancial a la urbanidad; respeto a uno mismo y a los demás: forma de dirigirse al interlocutor, tono de voz, cortesía, lenguaje, buen gusto, tolerancia ...

Es demasiado frecuente constatar el lamentable estado de plazas, calles y jardines tras un espectáculo público o las fiestas de los fines de semana. ¿Recuerdan cuándo fue la última vez que vieron a unos padres invitaran su hijo a ceder el asiento a una persona mayor, o la preferencia para entrar en un local?

Algo tan sencillo como comer o beber se enseñaba en la olvidada asignatura de urbanidad: “la mano a la boca, no la boca a la mano”, nos decían. ¡Qué decir del irrespetuoso uso que hoy se hace del teléfono en reuniones, medios de transporte, locales públicos, en familia y entre amigos o en el despacho de un profesional!

Porque no somos Robinson Crusoe, porque  convivimos con otros seres humanos, debemos comportarnos conforme a eso que antes llamábamos urbanidad y se enseñaba en casa y en las escuelas.

El hecho de que hoy no esté de moda, no significa que haya perdido vigencia. Hay mucho que hacer, porque ya son varias las generaciones que han salido de la escuela sin una disciplina tan elemental como la urbanidad.