Un abeto del Cáucaso de 22 metros, la imponente huella del viaje de Evita a España en 1947

Portada del diario vesperino "La Noche". Santiago de Compostela, 19 de junio de 1947.
Portada del diario vesperino "La Noche". Santiago de Compostela, 19 de junio de 1947.
Estos dos jueves pasados, Televisión Española emitió por fin la miniserie dirigida por Agustí Villaronga Carta a Eva sobre el viaje de la primera dama argentina Evita Perón a España en junio de 1947.
Un abeto del Cáucaso de 22 metros, la imponente huella del viaje de Evita a España en 1947

Estos dos jueves pasados, Televisión Española emitió por fin la miniserie dirigida por Agustí Villaronga Carta a Eva sobre el viaje de la primera dama argentina Evita Perón a España en junio de 1947, una gira que la había traído también a Santiago, A Coruña o Vigo. Esta producción, premiada en varios festivales internacionales, llevaba más de un año guardada en el cajón, atascada al parecer por los problemas presupuestarios que arrastra el Ente público. El título de la película hace referencia a la historia real de Juana Doña, una comunista que Franco había condenado a muerte y que Eva Perón consiguió salvar con un indulto. La actriz argentina Julieta Cardinali interpreta a Evita; Ana Torrent hace un magnífico trabajo en su papel de La Collares, Carmen Polo, y Nora Navas como Juana Doña.

La miniserie no recoge el viaje de la esposa de Perón a Galicia. Había llegado a Santiago de Compostela un 19 de junio de aquel 1947 de posguerra. Las autoridades prepararon un recibimiento espectacular, pues Franco ordenó que en toda España se tratase a la dama argentina como verdadera jefa de Estado. En aquellos años, el país estaba aislado por las potencias internacionales, pero Perón había accedido a romper con ese muro vendiéndonos trigo. Evita paseó por Compostela subida a un flamante descapotable: “La gente corría detrás de ella gritando Evita, Evita!”, recordaba el periodista Diego Bernal, testigo de la visita.

Entre todos los actos protocolarios que llevó a cabo en Santiago, uno fue especialmente original, pues llegó, frondoso y esbelto, hasta nuestros días. En el Paseo da Ferradura de la Alameda plantó un abeto del Cáucaso de un escaso metro de altura que hoy se eleva hasta los 22 metros y que los ciudadanos bautizaron enseguida como La Perona. La crónica de esa tarde del periódico La Noche aporta otras curiosidades, como que “se utilizó tierra traída del huerto de la casa donde murió en Padrón la insigne poetisa Rosalía de Castro”.

Este árbol majestuoso estuvo identificado durante años con una pequeña placa, pero los datos han desaparecido. Quizás la placa sea atractivo de mitómanos. Evita ya fue mito en vida. En aquellos días de junio de 1947, su figura llegó como un resplandor de luz sobre esta sociedad deprimida y gris. Hablaba de los necesitados, de los que ella denominaba “invisibles” de la historia, y le desagradaban los militares. De Franco afirmó que le recordaba a Caturla, el home que vendía los pollos en su pueblo natal.

La referida serie de la TVE, sesenta y un años después de la muerte tan temprana de Evita Perón, nos lleva a detenernos hoy frente a este árbol de porte imponente. Todo un monumento. Metonimia de nuestra memoria histórica que pide placa nueva ya.

Un abeto del Cáucaso de 22 metros, la imponente huella del viaje de Evita a España en 1947
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