La última de los hermanos Coen: un despliegue de talento musical y cinematográfico

El actor y músico de origen hispanoamericano Oscar Isaac borda su papel en el filme.
El actor y músico de origen hispanoamericano Oscar Isaac borda su papel en el filme.

Una obra maestra, una enorme sorpresa y una delicia de película. A propósito de Llewyn Davis, un filme soberbio lleno de buena música, honestidad, calidad interpretativa y poesía en cada plano.

La última de los hermanos Coen: un despliegue de talento musical y cinematográfico

Éramos cuatro personas contadas, cuatro, en una de las salas del centro comercial Ponte Vella de Ourense. Fue el domingo en la primera sesión de tarde. Sucede en muchas ciudades, como Santiago de Compostela o Lugo: los únicos cines están ya solo en los centros comerciales. Son grandes salas, con asientos muy cómodos, eso sí, y con un sonido impecable, pero violentadas por tener que traspasar uno, para acceder a la proyección, toda la mercancía mimética de las tiendas; son salas construidas en bunkers como si fuéramos los últimos resistentes. Aquí sí que parecíamos realmente los últimos resistentes...

Proyectaban una obra maestra, una enorme sorpresa, una delicia de filme. Y hasta agradecimos que solo hubiera dos personas más en la sala, para así disfrutarla toda para nosotros. Sin interferencias. Se trataba de la última película de los hermanos Coen titulada A propósito de Llewyn Davis. Es una historia de perdedores en el mundo de la música folk, ambientada en la ciudad de Nueva York a comienzos de la década de los 60. La protagoniza un actor y músico de origen hispanoamericana llamado Oscar Isaac, y lleva a cabo una interpretación magistral.

La película funciona en varias frentes: la musical, primero, con una selección emocionante de temas tradicionales de la música folk de los USA. Al lado de las melodías, la soberbia interpretación de un hombre que duerme en sofás ajenos, gana cuatro perras y pasa un frío del demonio pues no tiene ni para un abrigo. Es ficción, pero todos vemos en esta peripecia vital la de cientos de artistas que han quedado en el camino; a todos ellos pone rostro y trama aquí Oscar Isaac.

La honestidad del guion es otro de los pilares que hacen de esta cinta un film excepcional: nos recuerda cuando la música, la interpretación, el arte, eran algo que daba sentido a la vida.

Y, por último, la poesía en los planos, la estética tan personal de estos directores abanderados del cine independiente de los Estados Unidos. Una de esas magníficas secuencias sucede al inicio, en el metro: un gato, que pronto se va a convertir en coprotagonista, observa fijamente el trepidante paso de las estaciones bajo tierra...

La industria del cine está quizás muriendo, tal y como hoy la conocemos. Como muchas otras industrias culturales y de contenidos. Mientras, llega uno a una sala vacía un domingo de invierno por la tarde. Y queda sacudido con la grandeza de una enorme obra de arte. Y uno siente de pronto que puede seguir adelante. Que es posible que haya luz. Que el domingo, y toda la semana, han quedado salvados.

La última de los hermanos Coen: un despliegue de talento musical y cinematográfico
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