Trump evita condenar a la supremacía blanca de EE UU

Supremacista blanco miembro del KKK. RR SS.
Supremacista blanco miembro del KKK. / RR SS.

Los movimientos de la ultraderecha estadounidense están resurgiendo y el actual presidente de EE UU, parece estar de acuerdo con su regreso.

Trump evita condenar a la supremacía blanca de EE UU

Charlottesville, Virginia se convirtió en un campo de batalla que resucitó a los fantasmas del pasado. Dos grupos se enfrentaron, tres personas perdieron la vida y resultaron varios heridos. Pero ese no fue un enfrentamiento normal, en él asistieron los grupos de la supremacía blanca, que son aquellos grupos que gobernaron alguna vez en EE UU y que parece, están en auge otra vez.

Con la llegada de Trump a la Casa Blanca, parece que los movimientos de la ultraderecha estadunidense están ganando cada vez más fuerza. Y es que no es de extrañar, porque en él ven la dosis de rehabilitación que necesitaba su Gobierno y ahora, grupos antiguos y peligrosos como el Ku Kux Klan, la Derecha Alternativa o Alt-right y los Grupos neonazis están ganando la batalla y más adeptos entre sus filas.

A todo esto y pesar del odio desmesurado, el presidente no condenó a los grupos extremistas. En una conferencia posterior a los sucesos, Trump solo habló del “despliegue de odio y violencia de las diversas partes”, pero nunca mencionó a ningún bando y tampoco condenó los hechos.

 

 

Las decisiones de Trump para no condenar los hechos pueden ser muchas, pero hay algo que es difícil de ignorar, y es que los supremacistas blancos fueron unos de los primeros grupos que apoyaron al presidente durante su campaña presidencial.  Durante la rueda de prensa, los periodistas no dudaron en lazar preguntas sobre si acaso no era terrorismo lanzar un coche contra una multitud o si se sentía a gusto con el apoyo de los extremistas blancos.

Pero es que los hechos demuestran que todo lo que sucedió pudo ser evitado, porque fue un desastre más que anunciado. Desde que se expresó que iban a quitar una estatua de Robert E. Lee, los miembros de la ultraderecha estadounidense expresaron su descontento y anunciaron marchas masivas como protesta.

Desde el viernes, los movimientos de la supremacía blanca empezaron con marchas llenas de antorchas y cantos racistas. Luego, el sábado, los protestantes llevaron banderas nazi, escudos, esvásticas, saludaban con la mano alzada y seguían con sus cantos antisemitas. Según los testigos, fueron los supremacistas quienes iniciaron los golpes y abusaron de la fuerza para intentar socavar a la contramarcha.

 

La tibia respuesta de Trump ha llegado con críticas

El que hallan enfrentamientos con grupos de la ultraderecha, es un gran problema, pero si le añadimos a la fórmula que el presidente no condene los hechos y no sea un ente pacificador, es ya un gran y desastroso problema. “Vamos a cumplir las promesas de Donald Trump de recuperar nuestro país”, expresó Jason Kessler, uno de los convocantes de las marchas y conocido bloguero de la ultraderecha.

A pesar de que Trump no tuvo mano dura con el asunto, hay políticos Republicanos que no callaron. “Prejuicos raciales, luego odio, luego discursos repugnantes, luego una marcha repulsiva, luego asesinato, no es supremacismo, es barbarismo”, escribió Mitt Rommey en Twitter.

 

Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes, no se quedó atrás: “La supremacía blanca es una plaga. Este odio y terrorismo deben ser enfrentados y derrotados”.

 

Y John McCain fue mucho más preciso: “Los supremacistas blancos no son patriotas, son traidores. Los estadounidenses debemos unirnos contra el odio y el fanatismo”.

 

Pero el más contundente fue el senador Cory Gardner: “Señor presidente, tenemos que llamar a este mal por su nombre. Estos son supremacistas blancos y esto es terrorismo doméstico”.

 

Sin duda, es un episodio crítico en la historia de EE UU, porque a pesar de las leyes y los decretos, grupos peligrosos como el KKK o la Alt-right nunca desaparecieron, sino que estuvieron actuando desde las sombras, hasta esperar el momento perfecto para resurgir y volver con más fuerza que nunca en un EE UU, con un presidente que los apoya y no condena los actos violentos y racistas.

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