El tren de las siete al Puerto, desvelado noches enteras por conocer el mar

Un túnel sobre una vía ferroviaria.
Un túnel sobre una vía ferroviaria.

Un relato sobre la ilusión de todo niño que anhela conocer el mar, cuando vive en ciudades entre montañas y no tiene la oportunidad, más que cuando sus padres le convierten el sueño en realidad.

El tren de las siete al Puerto, desvelado noches enteras por conocer el mar

Quince para las seis en el reloj y corríamos a la esquina para ver, si el taxi que nos parecía eterno, al fin se hacía aparecer.  Era sábado por la mañana y hacia Puntarenas nos íbamos por primera vez.

Cerca de dar las siete, crecía sin parar la emoción, al punto de casi romper la puerta de la estación, se venía la carrera para subir y “asiento en la ventana” del tren elegir.  Serían cuatro horas cargadas de ilusión, imaginando el mar qué color tendría, como serían la playa, la arena y cuántas sirenas y monstruos escondería.  El puente en el que parecía que íbamos a descarrillar y el túnel que a oscuras nos tocaba atravesar, experiencias nuevas para un niño de cinco años que con creces pagaban, las noches enteras en que no podía dormir, soñando con el mar del Puerto, pronto a descubrir.

Pasadas las nueve, en el pueblo de Orotina, la resbaladera, las semillas de marañón y los muslos de gallina.  “Caliche” mi tata que del tren se bajaba y entre la multitud se me perdía, cuanta angustia cuando de nuevo el tren marchaba, hasta que del último vagón y con una caja de “caimitos” en la mano aparecía, era entonces cuando el alma al cuerpo por fin regresaba.

Once en punto de la mañana y “Cabinas San Isidro” siguiente parada anunciaban, ya el olor a puerto se sentía y la mano de Dios que en mis pupilas dibujaba, la más grande emoción que jamás imaginaría.  Era el mar que brillaba, más grande de lo que pensaba, con una playa interminable, de olas que una y otra vez rompían. 

Llegamos a la estación, en la casa de Mira nos esperaban, calor de hogar y buena compañía, junto al patio del ferrocarril vivía, a solo unas cuadras del mar, al que una y otra vez regresaría.

El tren de las siete al Puerto, desvelado noches enteras por conocer el mar
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