Tópico, pero realidad: el sentido común es el menos común de los sentidos

Sentido común. / froutebeltramo.com
Sentido común. / froutebeltramo.com

Y es que, con más frecuencia de la deseada, perdemos el oremus, la vergüenza, el respeto y el sentido común, comenta este autor en un nuevo artículo para MUNDIARIO.

Tópico, pero realidad: el sentido común es el menos común de los sentidos

Y es que, con más frecuencia de la deseada, perdemos el oremus, la vergüenza, el respeto y el sentido común, comenta este autor en un nuevo artículo para MUNDIARIO.

Tal vez, la primera regla para convivir en sociedad sea el sentido común que, definido llanamente, sería algo así como capacidad para andar por la vida, con independencia de la cultura, formación, origen  social, inteligencia, ideología y cualquier otra circunstancia personal.

El sentido común es un chispazo, que no implica reflexión  ni análisis y nos dice en cada momento cómo debemos comportarnos, qué debemos decir, hacer o no hacer: está basado en la intuición y el instinto. A través de él distinguimos entre lo justo e injusto, razonable y absurdo, posible e imposible, verdadero y falso, prudente e imprudente, lógico e ilógico,...

Hay quien lo desprecia por considerarlo simplón e ingenuo, otros, sencillamente, no lo tienen; hay un tercer grupo constituido por quienes lo desprecian porque carecen de él. El hecho es que el sentido común constituye  un ligero y útil equipaje para no sufrir encontronazos en esta sociedad, ya de por sí compleja.

En determinados momentos, sea por la conjunción de determinados astros, la llegada de vientos malignos o vaya usted a saber por qué, perdemos el oremus, el sentido común, la vergüenza y el respeto.

En estos últimos días hemos oído cosas sin sentido común:

  • Un obispo se pregunta si todos los inmigrantes son trigo limpio.
  • Un ministro recrimina a algunos de sus colegas que sientan vergüenza por pertenecer a su partido.
  • La tránsfuga que afirma: la prueba de la voluntad de regeneración de quien me ha elegido es que haya optado por mí.
  • La alcaldesa que se refiere al Día de la Hispanidad como la vergonzosa conmemoración de un genocidio.
  • Otro alcalde ríe complacido la ocurrencia de un convecino que defeca en la guardia civil y en sus muertos.
  • Un miembro de la lista Forbes propone trabajar 3 días por semana a razón de once horas diarias, para conciliar las vidas laboral y familiar.
  • Un cabecilla político procura follar mucho durante la campaña.

No añado otros ejemplos porque, al ser meras procacidades y blasfemias, sentiría vergüenza al reproducirlas y estaría dando relevancia  al blasfemo.

Lo primero, el sentido común, después la reflexión, el análisis, la inteligencia.

Tópico, pero realidad: el sentido común es el menos común de los sentidos
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