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MUNDIARIO

Toda la vida preguntando, de Juan Cruz Ruiz, o el arte de la jugosa entrevista

Uno termina de leer este libro revelador con la sensación de haber tenido acceso a una perspectiva poliédrica del ser humano.

Toda la vida preguntando, de Juan Cruz Ruiz, o el arte de la jugosa entrevista
El periodista y escritor Juan Cruz Ruiz y su libro de entrevistas Toda la vida preguntando
El periodista y escritor Juan Cruz Ruiz y su libro de entrevistas Toda la vida preguntando

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Javier Puig

Javier Puig

El autor, JAVIER PUIG, es colaborador de MUNDIARIO. Es articulista de literatura y cine. Escritor de poemas y relatos. @mundiario

Toda la vida preguntando, la magnífica recopilación de entrevistas de Juan Cruz, es un libro que nos ofrece la oportunidad de un riquísimo paseo por las mentes de hombres y mujeres que, desde su diversas culturas y biografías, han alcanzado una importante relevancia en el mundo literario y que son, casi siempre, personas interesadas en la sociedad en la que están insertadas. El lapso de tiempo que comprende esta selección (entre 1968 y 2015) aporta el añadido interés de valorar el acierto de la visión de los entrevistados con respecto a la sociedad de aquel presente y a su evolución posterior.  

La entrevista es un género periodístico que me atrae mucho. En su versión escrita – a falta de la observación visual o de las manifestaciones de la voz  -disponemos  de las posibilidades de la introducción con que el autor puede iniciar y enriquecer su texto y con la mayor facilidad para repasar unas respuestas que a veces requieren una atención nunca baladí. En todas las ocasiones de esta recopilación, Juan Cruz se muestra como un hombre muy interesado en los personajes que elige. Se nota que los conoce, no desde una improvisada preparación previa, sino desde mucho tiempo antes, y con una notable profundidad.  Las entrevistas se desarrollan en múltiples direcciones, dependiendo de lo que él estima pueda resultar más jugoso del personaje inquirido. A veces, el terreno que se pisa es de la declaración intelectual o literaria, en otras ocasiones es el biográfico, y, alguna vez, cuando el entrevistado así lo demanda – no parece haber apenas forzamiento – es un desahogo vital el que estalla ante la grabadora.

Hay que tener en cuenta que Juan Cruz se está enfrentando a hombres y mujeres que dedican su vida a la composición de un discurso que es  - o que acompaña - su obra. Son diestros en el manejo de las palabras y de los conceptos; por lo tanto, en argumentaciones capaces de una cierta solidez. Son pocas las veces que son interrogados por temas que desconocen.

De esta amplia muestra – son 30 los entrevistados – se desprende que lo que es común a ellos es precisamente su bien delimitada diversidad pese a la contigüidad aparente en sus tareas. Uno se da cuenta de que, quien ha pensado, se destaca en la originalidad de su perspectiva y no siempre avanza hacia los territorios de las definitivas confluencias. Son hombres y mujeres que saben mucho pero que apenas llegan a la sabiduría, entendida esta como el conocimiento verdadero, definitivo, real, referente a las claves de nuestra relación con la infinitamente insondable realidad que percibimos. Y eso que la gran mayoría de los personajes responden a las preguntas desde una edad ya bien provecta.

Y es que no hay principiantes entre los elegidos para este libro. De hecho, muchos de ellos acaban de ser condecorados con el Nobel, el Cervantes o el Príncipe de Asturias, o bien están indudablemente reconocidos como eminencias de las letras. Estamos hablando de escritores, poetas o ensayistas como Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, Umberto Eco, Susan Sontag, Juan Carlos Onetti, Vargas Llosa, y muchos más autores de grandísimo prestigio.

Su vida otoñal, ese último periodo de sus vidas, pese al reconocimiento obtenido, no es siempre alegre. Me han llamado la atención varias declaraciones radicales con respecto a la vida. Así, las del escritor colombiano Fernando Vallejo: “Por lo demás, yo pienso que los padres, tanto mi mamá como mi papá, son culpables de un crimen muy grande, que es de traer a una persona a este mundo. La vida es muy miserable y dolorosa y nadie tiene derecho a imponerse a los demás.” E insiste: “Yo pienso que el sexo es inocente excepto cuando está involucrado en la reproducción, que entonces es un crimen, o cuando se atropelle a alguien o no sea de mutuo acuerdo.”

Ante las adversidades, también son diferentes las tácticas espirituales para afrontarlas. Así Miguel Delibes se aferra a la religión mientras que Benedetti, de alguna manera a su pesar, se mantiene ateo. Confiesa el vallisoletano: “Cuando murió mi mujer, Dios me ayudó, sin duda. Tuve esa sensación durante muchos años, hasta que logré salir del pozo.” La situación del uruguayo es muy distinta: “Ahora lo que lamento es no tener una religión. A alguien que está pasando los estados de ánimo que estoy pasando yo le vendría muy bien una religión. Pero no la tengo. Y esto es peor.”

 Y, con respecto a la humanidad hay visiones más optimistas que otras. Así, Amin Maalouf: “Avanzamos hacia un mundo de amargura”. Pero Le Clézio confía en la belleza: “Aunque los críticos me tachen de ingenuidad, para mí es un elogio”.

Uno termina de leer este libro revelador con la sensación de haber tenido acceso a una perspectiva poliédrica del ser humano,  de haber conocido a hombres y mujeres exitosos que, sin embargo, no siempre sienten la paz de reconocer su vida como plenamente realizada. La complejidad del vivir no es fácilmente afrontable y cada uno busca su solución parcial o encuentra la impugnación probablemente aliviadora. @mundiario