Tierra a la tierra, cenizas a las cenizas: pero en el mar, no

Villa de Pitanxo. / Grupo Nores
Villa de Pitanxo. / Grupo Nores

¿Cuánto vale la vida de un marinero? ¿Tal vez menos que los beneficios económicos de los empresarios del sector? ¿Menos que el salario de un mando del barco?  

Tierra a la tierra, cenizas a las cenizas: pero en el mar, no

Que prevalezca la seguridad de las personas sobre la ansiedad productiva es algo que el marinero-pescador rumia (con perdón) para sus adentros desde hace muchos años. Pero, al final, siempre marca el tiempo el armador y, obviamente, sus intereses económicos. Y si no conviene, libreta y vía. Es lo que queda al tripulante de un barco de pesca, cuyo horario de trabajo es inexistente (se descansa cuando no se puede pescar) y que, con la excepción de la pesca de bajura, obliga al tripulante -desde el patrón al último marinero- a mareas nunca inferiores a la quincena, dos o tres meses si faenas en aguas de Terranova -con una semana de descanso en el regreso a puerto base- y por más largos períodos en la mar cuando faenas en aguas de países africanos o hispanoamericanos.

Esta situación podría tener una explicación en los años 70-80 del siglo pasado, cuando el salario de un marinero podría compararse en tierra con el de un alto funcionario o un mando de cierto reconocimiento en empresas de tronío que nada tenían que ver con el sector pesquero. Entonces se ganaba, y mucho. Hoy, se acumulan las horas y los días de trabajo a la par que se reducen los salarios. 

LA SEGURIDAD DE UN PESQUERO NO RADICA SOLO EN EL BARCO

A mayor abundamiento, con buques teóricamente más seguros -hoy no existen barcos con casco de madera, que no siempre han sido más inseguros que los de casco de hierro o fibra, últimamente menos estables que aquellos- las cifras de tripulantes muertos en la mar resultan, en ocasiones, difíciles de entender. ¿Hay una explicación lógica a lo acontecido en aguas de Terranova a 250 millas de la costa- con el arrastrero Villa de Pitanxo y sus 21 tripulantes muertos, con solo 3 supervivientes (el capitán, un sobrino de este y un marinero). 

El naufragio de este buque marca a fuego la historia de la pesca en buques españoles. El Villa de Pitanxo se hundió y con él las esperanzas de supervivencia de 12 tripulantes. Otros 9 fueron rescatados (sin vida) y de los tres sobrevivientes del naufragio, la declaración del capitán está ahora mismo en entredicho. No son muchos los que aceptan sus indicaciones en torno a la parada de motores en el momento de meter a bordo una importante copada de pescado. El primero en no aceptarlas es el marinero ghanés también superviviente, que rechaza sus declaraciones en el sentido de negar que hubiese dado órdenes a la tripulación para que utilizaran los trajes de supervivencia y chalecos salvavidas (que sí tenían puestos el propio capitán y su sobrino), al igual que se negó a abandonar en el mar los aparejos cargados de pescado y con un barco escorado en medio de un fuerte temporal. 

PESCAR CUANTO MÁS, MEJOR

¿Por qué el Villa de Pitanxo siguió pescando en medio de unas condiciones meteorológicas absolutamente adversas? ¿por qué el capitán hizo primar los beneficios de la pesca sobre el derecho a la vida de los 20 hombres con los que convivía en el arrastrero de Marín?

Con esas condiciones de mar y viento que afectaron al Villa de Pitanxo, cualquier otro barco de países del norte de Europa hubiera permanecido a la capa o buscado refugio en el puerto más cercano. Ahora no se puede negar la existencia de información más o menos exacta de la evolución del tiempo en el área terranovense. Por tanto, el capitán tenía conocimiento de primera mano de cómo el viento y la mar se iban a comportar en las siguientes horas. Pero el Villa de Pitanxo siguió pescando.

"A partir de unas determinadas condiciones meteorológicas -dice AETINAPE en su último boletín- los buques de pesca deben navegar a la capa o arribar al puerto más cercano". Y esas condiciones meteorológicas se basan en no rebasar vientos de fuerza 8 -sobre 40 o 45 nudos). 

Y reclaman los titulados náutico pesqueros equipos de supervivencia (trajes), chalecos salvavidas, que les equiparen -añado- a sus compañeros de la marina mercante. 

Todas estas medidas debieran ser tomadas "por consenso entre todos los ámbitos de la pesca, para combinar las condiciones de competitividad entre buques y empresas, con la imprescindible mejora de la seguridad de las personas a bordo".

¿Cuánto vale la vida de un marinero?

¿Cuánto vale la vida de un marinero? ¿Tal vez menos que los beneficios económicos de los empresarios del sector? ¿Menos que el salario de un mando del barco?

Todavía quedan los cuerpos de 12 tripulantes del Villa de Pitanxo sin recuperar, a los que no puede aplicarse el dicho "que la tierra te sea leve" o el más socorrido internacionalmente: "Tierra a la tierra, ceniza a las cenizas". Que descansen en paz allí donde estén. @mundiario 

Tierra a la tierra, cenizas a las cenizas: pero en el mar, no
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