Tecnología criogénica: La nueva promesa de la medicina del futuro que viene

La ciencia y la tecnología permitirán, en un futuro cada vez más cercano, conservar órganos para transplante y mantener humanos en estado de anima
La ciencia y la tecnología permitirán, en un futuro cada vez más cercano, conservar órganos para transplante y mantener humanos en estado de animación suspendida.

La literatura y la cinematografía han utilizado este recurso en numerosas obras de anticipación. Todos recuerdan la famosa película "2001: odisea del espacio", escribe este analista de MUNDIARIO.

Tecnología criogénica: La nueva promesa de la medicina del futuro que viene

Si bien no es posible congelar seres humanos para revivirlos después de un lapso prolongado de tiempo, la ciencia investiga desde hace varios años técnicas criogénicas con la esperanza de poder utilizarlas en un futuro próximo.

La literatura y la cinematografía han utilizado este recurso en numerosas obras de anticipación. Todos recuerdan la famosa película "2001: odisea del espacio". En ese paradigmático filme su director, Stanley Kubrick, y el escritor Arthur C. Clarke describen el viaje de una avanzada nave espacial que se dirige rumbo al planeta Júpiter. En su interior los astronautas permanecen en estado de animación suspendida; una suerte de sueño profundo inducido mediante tecnología criogénica que los mantiene en una hipotermia aguda. En la secuela de "Aliens" y la futurista "Avatar", de James Cameron, se recurre a estrategias similares para enviar humanos a mundos distantes.

Pero existe una diferencia sustancial entre congelamiento e hibernación criogénica.

CIENCIA Y CIENCIA FICCIÓN. En la película "2001" la tripulación, encerrada en sarcófagos de frío, se encuentra literalmente dormida. La temperatura corporal de los astronautas, controlada por un super computador es reducida a valores cercanos al punto de congelación. Sin embargo se registra actividad cardíaca, respiratoria y cerebral, pero a un ritmo diferente; como si transcurriera en cámara lenta.

Cuando se habla de congelamiento, en sentido estricto, la temperatura es inferior a cero grado Celsius: en esas condiciones el agua se convierte en hielo y cesa toda actividad fisiológica.

Se trata de dos estados extremos pero cuyas condiciones biológicas y químicas son totalmente diferentes.

LA ESTRATEGIA DE LA NATURALEZA. En los bosques de Alaska y Canadá vive uno de los animales más extraños de nuestro planeta, la rana Sylvatica (Lithobates Sylvaticus). Este anfibio, al acercarse los meses invernales, se congela completamente. Su cuerpo se convierte en hielo.

Durante el largo invierno boreal no registra ningún tipo de actividad respiratoria, cardíaca o nerviosa.

Al comenzar la primavera, cuando la temperatura del medio aumenta, los cristales de hielo alojados en los tejidos del animal desaparecen. Primero se reactiva el corazón para evitar daños en los órganos y una vez restaurado el bombeo de sangre todas las funciones vitales se normalizan.

La rana Sylvatica logra sobrevivir a la congelación extrema debido a que su sistema posee un elevado numero de nucleoproteinas (moléculas orgánicas a las que se adhiere el hielo evitando de esta manera la formación de cristales de gran tamaño). Por otro lado, cuando se desencadena el proceso de congelamiento, el hígado de la Sylvatica sintetiza grandes cantidades de glucosa que se alojan en el interior de las células. La glucosa en altas concentraciones evita que el agua del citoplasma cristalice preservando la integridad de los organelos capaces de mantener operativas las funciones celulares.

En la hibernación, en cambio, se plantean una serie de estrategias diferentes; en estos casos la temperatura corporal disminuye pero no se forman cristales de hielo (la integridad de órganos y tejidos no es afectada).

Con la disminución de la temperatura la actividad enzimática se ralentiza (las enzimas son moléculas capaces de catalizar reacciones y solo funcionan dentro de cierto rango de temperatura) y el cerebro, al igual que los demás órganos, requieren menos oxigeno. El transporte y demanda de energía a nivel molecular es significativamente menor. El corazón y los pulmones trabajan a otro ritmo.

Desde un punto de vista estrictamente científico no es por ahora clinicamente posible congelar un ser humano o cualquier animal de la escala biológica superior y luego revivirlo.

La hibernación artificial, en cambio, enfrenta un desafío técnico diferente; básicamente se trata de inducir y controlar un estado de hipotermia profunda.

MITOS, REALIDADES Y DESAFÍOS. En Estados Unidos existen empresas como Cryonics Institute o American Cryonics Society que prometen la "inmortalidad". Numerosas personas -como Paris Hilton- han pagado fuertes sumas de dinero para que sus cuerpos, inmediatamente después de la muerte legal (cesación de toda actividad nerviosa, circulatoria y respiratoria) sean preservados en nitrógeno liquido.

Estas empresas aseguran que cuando se encuentre la cura de la enfermedad que mató a sus clientes, estos van a ser revividos para ser curados.

Esto es biológicamente imposible. El nitrógeno liquido se encuentra a una temperatura de 200 grados Celsius bajo cero y, en consecuencia, se forman cristales de hielo que destruyen las paredes de las células.

No existe actualmente tecnología que permita evitar esa condición. Las empresas que mantienen en estado criogenico a sus clientes lo que hacen es "preservar cadáveres".

Sin embargo la hibernación artificial, la inducción rigurosamente controlada de un estado de hipotermia aguda, la disminución dramática de los signos vitales, no es una imposibilidad desde un punto de vista biológico o técnico.

Un caso particular lo constituyen los zombies haitianos. Si bien el tema se encuentra rodeado de un aura de mito y creencias populares -muy explotado por la industria de Hollywood- numerosos investigadores han estudiado casos de catalepsia provocadas por poderosos anestésicos.

Según se pudo comprobar, el suministro de pequeñas dosis de Tetrodotoxina -presente en el Pez Globo- disminuye dramáticamente todos los signos vitales en un ser humano sin necesidad de recurrir a técnicas criogenicas. Esta droga -cien mil veces más potente que la Cocaína- actúa a nivel de los canales ionicos de las células nerviosas interrumpiendo las señales sinapticas. Todas las funciones orgánicas alcanzan valores cercanos a cero simulando un estado muy semejante a la muerte clínica.

Una vez que la toxina es eliminada las personas recuperan los signos vitales; la perdida parcial de memoria o el daño neurológico irreversible son un peligro real en estos casos: las funciones metabólicas no se ralentizan -no hay disminución de la temperatura- y deben mantenerse con niveles mínimos de energía y oxigeno.

UN BANCO CRIOGÉNICO DE ÓRGANOS. El desarrollo de la tecnología criogénica constituye un campo prometedor para las ciencias biológicas y para la medicina en particular. El estudio de los mecanismos bioquímicos y fisiológicos involucrados en condiciones de temperatura extrema viene siendo investigado por laboratorios de diversas partes del mundo.

Muchas personas que padecen enfermedades crónicas deben esperar meses o años la existencia de un donante cuyos órganos sean compatibles. El tiempo, en estos casos, es un factor crucial. El desarrollo y aplicación de tecnología criogénica permitiría conservar órganos donados para trasplante durante lapsos de tiempo virtualmente ilimitados; preservar tejidos sanos que podrían remplazar las partes dañadas del cuerpo o, incluso, en casos extremos, "dormir" a un ser humano durante años hasta que se encuentre la cura de la enfermedad.

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