Tarde para la ira, producto made in Spain del que sentir orgullo

Antonio de la Torre en Tarde para la ira.
Antonio de la Torre en Tarde para la ira.

Antonio de la Torre nos revuelve en la butaca con la interpretación de José, el vengativo. ¿La víctima o el verdugo? Es capaz de mostrarse ambas cosas, es capaz de jugar con la ambivalencia de un hombre profundamente trastornado.

Tarde para la ira, producto made in Spain del que sentir orgullo

La flamante y justa ganadora a la Mejor película en los últimos premios Goya es también el mejor thriller del pasado año 2016. El actor Raúl Arévalo debutó con gran éxito como director y firmó el guión de esta historia de venganza junto a David Pulido, psicólogo experto en terapia de conducta y autor del libro ¿Nos estamos volviendo locos? (Editorial Paidós, 2016).

Entre los dos han levantado un guión que también se llevó Goya a Mejor guión original. Han sabido incorporar los elementos básico para que un argumento funcione: misterio, tensión y sorpresa.

Todo arranca en el bar donde José (Antonio de la Torre) pasa allí las horas jugando a las cartas y hablando poco. Cuando no está en este bar de barrio, acude a visitar a su padre en coma o se refugia en un pequeño y oscuro piso donde masca su venganza.

No es José un hombre al que nos presenten como violento, sino todo lo contrario: un tipo paciente, educado, alejado de cualquier estereotipo que se nos venga a la mente sobre un macho iracundo. Pero sí sombrío por la pena que arrastra y que se nos muestra poco a poco a lo largo de la película mediante flashback: ese atraco a una joyería que acabó con su padre en coma y una mujer muerta. (Tranquilos los que no hayan visto la película, procuraré desvelar lo menos posible).

José en sí mismo es el misterio de este argumento, un misterio que se nos va desvelando a medida que interactúa con el resto de personajes y la tensión va creciendo. Esta se manifiesta cuando Curro (Luis Callejo) sale de la cárcel. Él encarna al hombre violento, al que se le ve venir de lejos. Un conflicto entre José y Curro es el que desencadena el primer punto de giro y el fin del planteamiento que abarca casi la primera hora de la película. Un planteamiento deliberadamente lento, pausado casi, y totalmente necesario para realzar lo que ocurrirá después: una evolución/giro brutal en el personaje de José.

Entramos por tanto en el nudo de este argumento y el estallido de la tensión y las sorpresas. A partir de aquí la historia se acelera, entran en juego nuevos personajes como Triana (Manolo Sala, que lo ha ganado todo con este personaje que apenas está 15 minutos en pantalla) y José se transforma en un hombre ejecutor más que observador, aún paciente pero violento. Y junto a él Curro nos parece una víctima pero sabremos, por esos flashback que aportan luz al comportamiento de José, quienes son las víctimas en este thriller. ¿Todos, quizá?

Para cerrar y siguiendo el manual de un buen argumento, otro punto de giro que da paso al desenlace y nos muestra el nivel de inclemencia de José jugando con la presencia de los niños, infantes sin penas con las que cargar todavía.

Acabamos y Raúl Arévalo junto a David Pulido no nos han dejado indiferentes porque nos han volteado el ánimo cada poco rato durante los 92 minutos que dura la película y que Arévalo dirige como si fuese un experto en estas lindes. Los actores están para premio, todos, aunque especialmente Antonio de la Torre, que nos revuelve en la butaca con la interpretación de José, el vengativo. ¿La víctima o el verdugo? Es capaz de mostrarse ambas cosas, es capaz de jugar con la ambivalencia de un hombre profundamente trastornado.

Haciendo un fino uso de cámara en mano, la película refleja así el desequilibrio de los personajes de este thriller, que quien más, quien menos, están dañados por una vida que no hubiesen querido así, incluida la de Ana (Ruth Díaz), sufridora mujer que tiene una escena brutal cuando se encara, sin mover un músculo, a Curro, su pareja, esa mirada demoledora hace que él se retire y acabe golpeando a la pared. Por esta elección de rodaje también estuvo la película nominada a Mejor Fotografía. Además la elección de Arévalo de rodar en 16 mm. ofrece matices visuales que engrandecen aún más la película y él mismo explica las razones en este videochat que tuvo con algunos internautas.

 

Ahora, los dueños de una tarjeta Mastercard pueden optar a cenar con el director de Tarde para la ira, Raúl Arévalo, y la productora, Beatriz Bodegas, y disfrutar de un pase privado de la película en la sala de cine de El Paracaidista, un cineclub en el barrio madrileño de Malasaña. En Priceless Cities ofrecen diferentes experiencias y ofertas únicas para titulares de tarjeta Mastercard y esta es una de ellas. Solo hay que registrarse en la web y confirmar que se quiere optar a este pase privado y cena que se celebrará el lunes 27 de marzo por la tarde en el lugar y el horario que el equipo de Priceless Madrid comunicará a los ganadores tras la realización del sorteo.

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