¿Qué tal si dejamos en paz a Nemiña?

Playa Nemiña, en Muxía (A Coruña). / Turismo de Galicia
Playa de Nemiña, en Muxía (A Coruña). / Turismo de Galicia

Hay obras que cumplen la legislación y cuentan con los informes necesarios pero algunas de ellas quedarán sin solución viable y con posibilidad de reincidir en lo mismo y empeorar.

¿Qué tal si dejamos en paz a Nemiña?

Hablemos de la ley del paisaje. El paisaje es una parte de un territorio que puede ser observado desde un determinado lugar. Puedo decir que la mayor parte de mi vida , ya desde niño, estuvo dedicada al paisaje, ya sea en lecturas –Saramago, Ortega, Sendahal y persistentemente, de modo rumiante, Unamuno–, ya sea por viajes de simple disfrute y descanso ante el espectáculo del territorio observado, territorio natural o urbano, siempre que no esté cargado de elementos distorsionadores. También ocupó parte de mi vida laboral, y nunca esto me llevó a una teorización de algo que solo reservé para el placer. Por supuesto sé los tipos , clasificaciones, algo de legislación y teoría del paisaje, pero ese no fue nunca mi interés.

Todo empieza en mi infancia cuando con mi padre a menudo nos desplazábamos en bicicleta desde Pontevedra hasta los fondos de la Ría de Vigo y allí, en una robleda asomada al mar pasamos muchas horas con lecturas de matemáticas –los dos fuimos enamorados de esta ciencia– y observando lo que nos rodeaba, aquellas largas tardes de verano –¡tan distintas del resto del tiempo!– las recuerdo como un premio que siempre busqué y muchas veces encontré.

Monumento al Che Guevara en Oleiros (A Coruña)

Monumento al Che Guevara en Oleiros (A Coruña).

Del Retiro a Oleiros

Mis estudios me llevaron a ingresar en la vieja Escuela de Ingenieros de Caminos Canales y Puertos del Parque del Retiro en Madrid, imponente y bello edificio resultado de la influencia de la Ilustración en España. Allí me formaron para la función del ingeniero de Caminos,  actuar y reformar, a veces para bien y otras para mal, en el territorio, influir en el paisaje.

Pasados los años,  después de trabajar en muy variados campos –edificación industrial, prefabricación , infraestructuras, enseñanza, ...–,  tuve la oportunidad de que la Corporación Municipal de Oleiros (A Coruña) me confiase la redacción de los proyectos y la dirección de obra de una serie de parques y otros espacios paisajísticos municipales que colmaron sin lugar a duda mis ansias en este terreno. Trabajé en estas labores sin presiones de ningún tipo, con total libertad, ateniéndome a las indicaciones de las normas jurídicas y urbanísticas y en gran diálogo con Gelo, el alcalde.

En mi vida particular, fuera del trabajo, dediqué mis viajes, si no eran relacionados con la Historia, para disfrutar de los más bellos y variados paisajes, ya fuesen naturales o urbanos. Entre los primeros  destaco los  españoles de Gredos, Peña de Francia, Los Arribes, Ribeira Sacra, los olivares de Jaén y sobre todo A Costa da Morte entera, sin preferir nada, queriéndola toda, recorrida incansablemente, disfrutándola  y varias veces el tramo Arteixo-Fisterra, a caballo. Fuera de España disfruté del Douro Superior en Portugal, Lago Maggiore en la Lombardía y Piemonte, en EE UU de los Apalaches y el Desierto de Mohave con el Cañón del Colorado.

Parque da Alameda. / Turismo de Santiago

Parque da Alameda. / Turismo de Santiago

Paisajes para ser admirados

De los paisajes urbanos, tan sometidos a la especulación continua con el absurdo aplauso reverencial de gran parte del pueblo que ve destrozar el patrimonio, su hábitat y borrar su memoria, ante el enriquecimiento a base del suelo y con riesgos económicos a veces con paracaídas municipal –caso del Concello de Miño (A Coruña)–, destaco en España Santiago desde A Ferradura, Toledo desde los Cigarrales, Las Vistillas de Madrid y la emoción de Granada desde el Albaicín a la puesta de sol y participar del aplauso espontáneo, unánime de los admiradores allí concentrados y rendidos ante la Alhambra, La Fortaleza Roja.

Fuera de España destaco Florencia desde el Piazzale Michelangelo, Nueva York desde S T George en West New Brighton, Chicago desde cualquier punto de vista en el lago y destacadísimos para mi los paisajes urbanos de mis descansos, Lisboa desde cualquier colina, a poder ser la Alfama al atardecer y siempre Porto desde donde sea, ciudad fundada por el coruñés Vimara, cuya imponente estatua ecuestre nos recibe al acercarnos al mirador de la catedral, esa reliquia que nos dejaron los ciudadanos de la “Invicta”, resistiendo el paso del tiempo y la codicia, con el premio del río y sus puentes, colección única, donde se conjugan perfectamente los dos metálicos del matrimonio doña María Pía y don Luis I con los dos de hormigón, obra de Edgar Cardoso, uno aguas abajo, a mediados de su vida laboral y otro aguas arriba al final de sus días, entre ellos  y como eje el espectacular del Infante, puente que parece imposible, obra de José Antonio Fernández Ordóñez. Todo este monumento urbano tan cerca de nosotros y tan lejano a la vez, paradojas.

Parador Costa da Morte, en Muxía (A Coruña). / Mundiario

Parador Costa da Morte, en Muxía (A Coruña). / Mundiario

Leyes y reglamentos...

Cuando pienso en todo esto aquí expuesto, también lo hago en el reciente decreto sobre la aprobación del reglamento del la Ley de Protección del Paisaje, del Diario Oficial de Galicia, en si todo lo enumerado gozará del necesario cumplimiento de estos reglamentos y de las leyes de protección, cada uno en su país…, naturalmente no lo sé, pero estoy seguro de que es el resultado de una cultura, de un juicio crítico muy continuo, de una educación, de un orgullo.

Yo no puedo sentir orgullo y tengo problemas, cuando visito la playa de Nemiña y ante ese inigualable arenal, con Cabo da Nave y la playa de O Rostro a la izquierda, con Touriñán a la derecha, veo al frente una colección de carteles o cartelones de las distintas administraciones, compitiendo en tamaño y por lugar destacado, repitiendo información sobre lo que está detrás de ellos, diciéndonos que aquello es Nemiña,  como si no supiese a donde voy o si no estuviese indicado varias veces en la carretera de acceso, con planos enseñando lo que, si no estuviesen o estuviesen en otro sitio,  podría ver directamente. Esas administraciones que compiten en protagonismo y en preocupación por informar al ciudadano, seguramente cumplirán la legislación. Igual malestar siento cuando visito San Antolín de Toques, allí, al acercarme al magnifico monumento del Siglo X, en aquellas soledades hay varios carteles que indican repitiendo lo mismo, seguramente falta de coordinación entre administraciones.

De igual manera me siento incómodo cuando alguien que me visita en A Coruña, al entrar en la ciudad, sea cual sea el acceso, comprueba la confusión continua y agravada que hay para diferenciar entre carretera y calle, donde las presiones de políticos fuerzan a técnicos para que el coche entre veloz en la ciudad, donde tendrá que localizar un difícil lugar para aparcar, si lo hay, y siempre acelerando para volver a parar en el siguiente semáforo, todo ello con aprobación ciudadana.

A Coruña.

A Coruña, frente a Oleiros. / Mundiario

Alfonso Molina, Conxo, Pocomaco...

Últimamente observé asombrado como durante las discusiones acaloradas sobre la manera de humanizar la Avenida de Alfonso Molina, de relativa fácil mejora, se permitía la realización de dos duras entradas por la Tercera Ronda, vial fundamental y defendido en su día cuando se realizó el llamado plan Viario, pero con rotondas sin aceras y rodeadas de espacio urbano, con un viaducto prescindible y con defensas New Jersey hasta el túnel bajo Alfonso Molina, sin saber parar la obra de carretera y ceder el paso a la ciudad.

También  asistí a lo hecho en El quinto Pino, allá por Arteixo, con viviendas confrontando con zanjas imponentes en un nudo de autovías, a lo desecho allá por Conxo, en Santiago, en la bajada del histórico Milladoiro, y al Castillo de A Rocha Vella, tan recorrido a pie y a caballo, por el Camino Portugués,  al ensañamiento en un entorno ya hace tiempo perdido y hoy irrecuperable de Pocomaco.

Todas estas obras habrán cumplido la legislación y se habrán emitido los informes necesarios, todo eso quedará así, sin solución viable y me temo que con posibilidad de reincidir en lo mismo y empeorar. Ya se habla de ello en Pocomaco con ¡otro vial!. Nos queda la esperanza de que lo fácil, que lo recuperable se haga, que se deje en paz a Nemiña y al entorno de San Antolín de Toques. Sería un logro. @mundiario

¿Qué tal si dejamos en paz a Nemiña?