Relato de 'Almas Brujas': ¡Te haré lamer las losetas frías del cuarto de baño!

Helena Cosano.
Helena Cosano, autora de 'Almas Brujas'.

Relato del libro 'Almas Brujas' (Pigmalión Edypro), titulado 'El amor, el amor, el amor...', que hemos adaptado con el visto bueno de la autora, que debuta hoy en MUNDIARIO.

Relato de 'Almas Brujas': ¡Te haré lamer las losetas frías del cuarto de baño!

Relato del libro 'Almas Brujas' (Pigmalión Edypro), titulado 'El amor, el amor, el amor..', que hemos adaptado con el visto bueno de la autora, que debuta hoy en MUNDIARIO.

 

Querida Michelle:

¿Te acuerdas de mí? Piénsalo bien, seguro que sí, nos conocimos en la estación del Este, en París. Tú llevabas un largo abrigo gris, y tenías labios muy rojos y el cabello ensortijado...

Sé que tus rizos son sedosos y que huelen a miel como las flores a polen. Bueno. Yo estoy bien. Pienso mucho en ti. Sigo en París. Me pregunto dónde estarás tú...

Me pregunto si tus padres te hicieron llegar mis cartas. La verdad es que estoy un poquito enfadado contigo por haberme dado sólo la dirección de tus padres. ¿Y la tuya? ¿O es que no te atreves? ¿Te doy miedo?

Claro, es verdad, no nos conocemos. Pero tu imagen se quedó grabada profundamente en mí. Esta es la quinta carta que te escribo. Y he vuelto a poner mi dirección en el sobre, por si por fin me quisieras escribir. ¡Escríbeme, Michelle, anda, por favor, Michelle, escríbeme!

No dejo de pensar en ti, no pasa un instante sin que piense en ti. Te lo ruego, te lo suplico, ¡escríbeme! Veo tu imagen. Me sigues como un fantasma. Sé que tú también piensas en mí. Sé valiente, Michelle, coge cualquier trozo de papel, y ¡escríbeme!

Siento que estás siempre a mi lado. Todas las noches le rezo a Dios para que te dé valor y me escribas, todas las noches rezo arrodillado sobre las losetas heladas del cuarto de baño, si me vieras, Michelle, todas las noches, te lo suplico, ven, si supieras cómo te adoro, cómo te venero, ¡ven! Olvidaste decirme tu apellido. Pero sé que mis cartas te llegan. Lo sé: porque lo quiero.

Y quiero que vengas Michelle, ¡lo quiero! Te lo ordeno. No tienes excusas. Tienes que venir. ¡Ahora!

¿Dónde estás, Michelle? Sí, ya te veo, tus ojos azules chispean de alegría, yo también te estaba esperando, Michelle. Te quitas el abrigo negro. Llevas un suave jersey de cachemira que ciñe tus dulces formas, y una falda azul bastante corta. Tienes piernas largas y finas. Michelle, ¿no tendrás familia en California? Te iría mejor llamarte Jane, o Brenda o Jennifer. ¡Con esas piernas! ¡Mi querida, queridísima Brenda! Largas piernas delgadas, con transparentes medias negras, zapatos rojos de tacón de aguja, ay mi Brenda, y tu piel es blanca, lisa, afrutada...

Brenda, ¿por qué no te quitaste el abrigo? Recuerdas, Brenda, ese cinco de enero, en la estación del Este, en París. Yo te llevé las maletas y te ayudé a subir al tren.

¡Cuánto pesaban! Pero fue un placer llevarlas. ¡Y tú me sonreíste! Fue la sonrisa más bonita que he visto en mi vida. De noche, te imagino en la cama, desnuda, ¡y sonríes! Yo te haré feliz, Brenda. Sigo viendo tus rizos de oro esparcidos sobre la almohada, y tus labios rojos, y tu dulce sonrisa... ¡Yo te quiero, Brenda! ¿No lo ves, no lo sientes? ¡Te quiero! No; sé que tú lo sabes, sé que sabes que te llevé las maletas porque lo haría todo por ti, ¡tú eso lo sabías! ¡Sonreíste!

Una sonrisa es una promesa, una sonrisa es un «sí», ¡o acaso no lo sabías! Ay Jennifer, Jennifer, ¿por qué no te quitaste ese abrigo? Me sonreíste. ¡Y luego me dejaste! Sé que tu tren iba hacia el Este, ¿pero dónde se paró, en Praga, en Viena, en Budapest? No sé dónde buscarte. Jennifer, ¿dónde estás? Ni siquiera me diste la mano. Huiste a tu compartimento.

Eres cobarde, Jennifer. ¡Con todos tus rizos negros y tus grandes ojos de azabache y tus labios rojos de andaluza ardiente! Y eres cobarde. ¡Cobarde! Tú no tienes derecho a huir. Eres mía. Hiciste una promesa: tu vida me pertenece. ¿Cómo te atreves a fingir que me has olvidado? ¿Cómo te atreves a huir de tu amo? Pero yo te encontraré.

¡Y ya verás cuando te encuentre! ¿Pero cómo te atreves? Ingrata. Finges, engañas, huyes, ¡cuánto te desprecio! ¡Merecerías una lección! Sí, alguien tendrá que educarte. Imagino tus rizos pelirrojos: ¡cuando vuelvas a casa, yo te los arrancaré uno a uno! ¡Te daré golpes hasta que se te borren las pecas, te haré besar el suelo, te haré lamer las losetas frías del cuarto de baño! ¡Aplastaré tu boca de vampiro hasta que se vacíe de toda esa sangre de víbora, por tu bien, Brenda, mi amor, porque yo te quiero! Y luego te perdonaré. Y seremos muy felices.

Yo te amo de verdad. ¡Escríbeme, Michelle, no tengas miedo, te perdonaré! Te necesito, Michelle, ¡vuelve!... ¡Te estoy viendo venir! ¿Ya vienes? Yo te espero,Michelle, te espero. Llevo siete meses esperándote.

Y lo haría todo por ti, Michelle, pero mi paciencia tiene límites.

¿Cómo pude creer en ti? Los ojos que ríen son culpables, siempre me lo han dicho, siempre lo he sabido. Y tus ojos son verdes y se ríen tras sus largas pestañas, los oigo reír, sus carcajadas resuenan día y noche en mi cabeza, les grito que se callen, me golpeo la cabeza contra las paredes para que se callen. ¡Y tú te ríes! ¡Te ríes cada vez más fuerte!

Odio tus risas. Son risas de mujer. Eres la única mujer que me da fuerzas para vivir. Pensar en ti me hace fuerte.Me siento lleno de energía, capaz de todo, seguro de conseguirlo todo. De conseguirte a ti. Te veo venir. Michelle, ¿dónde estás? Oigo tus pasos, tus tacones de aguja resuenan en el pasillo, ¡me llegan oleadas de tu perfume! Hueles a rosa y a limón; sueño con sentirte en mis brazos y abrazarte, exprimirte hasta la última gota fragante. Conozco el sabor de tu lengua ácida y dulce.

¡Conozco cada milímetro de tu cuerpo! ¿No me crees? ¿Crees que estoy loco? Yo he trabajado, Michelle, he trabajado toda la vida. Tú me devolverás mi juventud. ¡Necesito vivir, quiero vivir! Y ya no sé vivir sin ti. ¿Me ves como a un padre, como a un abuelo? ¡Yo lo seré todo para ti! Tu padre, tu abuelo, tu hermano, tu tía... ¡Todo! Porque tú lo eres todo para mí. Te cuidaré, pondré a tu servicio todo mi amor acumulado. ¡Te haré feliz!

¿Te he dicho que soy médico? He visto a muchísimas pacientes. Ninguna como tú, Jennifer. Ninguna tenía tu misterio. Ninguna tenía cabellos que oliesen a miel. ¡¡Ninguna!! Y he buscado, Michelle, he buscado. He desnudado a miles de mujeres. ¡Y ninguna, ninguna como tú! ¡Eres un ser único en el universo, eres un regalo de Dios para mí y sólo para mí, eres la Mujer de mi Vida! Lo sé. Esta certeza me tortura desde aquella tarde, en la estación del Este, en París.

Sé que te encontraré. ¿No me crees? ¿Crees que estoy loco? Tú no sabes nada. Escucha y aprende. Yo te enseñaré. ¡Te enseñaré el amor, la vida, te enseñaré a ser mujer, pondré toda mi experiencia a tus pies, todos mis años, toda mi sabiduría, todo mi dinero!

Todo a tus pies. ¡Todo! Ya no soporto mi soledad. Mi diosa, ¡ten piedad! Las mujeres me huyen. Tú no. ¡Tú me sonreíste y me enseñaste tus maletas, y caminamos juntos hasta el tren! Tus ojos reían: eso era un «sí». Te siento, te estás acercando, ¡ya casi estás aquí! Ay, ¡ven, ven, Brenda, ven! Tú eres la plenitud.

Quisiera refugiarme en tu cuerpo, hundirme en él, disolverme..., y desaparecer, ¡desaparecer! tus ojos risueños, tu mirada color miel me derrite de placer, tus cabellos de ébano plateado relucen como las estrellas, tu respiración es profunda, me quema tu aliento, me embriaga tu olor, siento todo tu cuerpo y todo vibra como el mar..., eres feliz, Jennifer, sé hacerte feliz, y siento que estoy dentro de ti y me oigo chillar como un loco, chillar de placer, por fin, ¡por fin!, placer, fusión, plenitud, alegría, felicidad, mi Venus, mi plenitud, te abrazo con todas mis fuerzas, nadie te arrancará nunca jamás de mis brazos, eres mía, he soñado tanto contigo, me he masturbado tanto pensando en ti, he imaginado tantas veces que te mordía hasta que corriera tu sangre, tus gritos me hacen reír, tu cuerpo desnudo en las losetas frías, tu cabellera de fuego, tus ojos estrellados, tu sangre salvaje formando ríos de lava, tu olor me vuelve loco, más, más, otra vez, ¡por fin!, me perteneces, mi María adorada, te lo ruego, te lo suplico, ¡cásate conmigo!

FICHA DE ALMAS BRUJAS
Helena CosanoPigmalion Edypro 2013 - ISBN 9788415916024 - 140 páginas - Encuadernación en tapa blanda.
La autora presenta una colección de cuentos cortos, narrados con sencillez y agilidad, en los que refleja todo su mundo interior, sus inquietudes, sentimientos y reflexiones sobre el mundo y la vida.

 

Relato de 'Almas Brujas': ¡Te haré lamer las losetas frías del cuarto de baño!
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