Sugar Nation: los tritones que beben infusiones junto a la bella Taylor Swift

Taylor Swift en la portada de Vogue USA de mayo.

Los tritones no fueron capaces de bendecir la mesa porque Taylor era el pecado original, un cuerpo que se tonó último rayo de esperanza a la deriva de las aguas.

Los tritones no quisieron mirarla a los ojos aquella tarde en que se celebraba la concordia de los Pueblos Marginales. Taylor vestía de gris y no podía cantar porque un trasunto hagiográfico le quemaba en la garganta. Los volcanes harapientos dejaron de venderse en las avenidas y los tritones bebían té en silencio. Una cobaya sobre Taylor, la Swift, rezaba un mantra.

Una visión. Los prados llenos de obispos montados en biclicleta y una señora de gris mirándose en el reflejo de la fuente de los Ácaros Obsoletos.

Rompecorazones la llamaban. Luchando, amando, bebiendo, escribiendo, los señores tritones cayeron en la cuenta de que la noche llegaba. Siempre olvidaban a la noche y Taylor Swift empezó a incendiarse y su cuerpo se extinguía ante la pasividad burócrata de aquellos anfibios que regresarían a las piedras a contar aquella épica.

Triste final para una cantante a la que le encantaba morir despacio frente a los lagartos de agua. Cuando ardió, los Pueblos Marginales dejaron las armas y la cobaya saltó a otra prestigiosa cabeza.