Soltando amarras: el valor catártico de los rituales en la superación de relaciones patológicas

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La dependencia emocional se puede eliminar.

Este tipo de rituales pueden vincularse simbólicamente a culturas como la celta, con la diferenciación entre ciclos de luz y oscuridad, así como con otras muchas culturas y sociedades.

Soltando amarras: el valor catártico de los rituales en la superación de relaciones patológicas

Este tipo de rituales pueden vincularse simbólicamente a culturas como la celta, con la diferenciación entre ciclos de luz y oscuridad, así como con otras muchas culturas y sociedades donde se realizan rituales de despedida de personas y situaciones. El valor de este tipo de rituales no es en sí terapéutico, pero puede resultar catártico para algunas personas.

Suele ocurrir que olvidamos protegernos del sol en un día nublado porque no lo vemos y, por tanto, subestimamos su valor dañino. Algo similar ocurre con las relaciones patológicas, que se van desarrollando insidiosamente y, como del sol bajo las nubes, no se es plenamente consciente del daño hasta que ya se está realmente quemado o dañado. Cuando el mal ya está hecho.

Describía Lucía Etxebarría- bastante bien a mi juicio- esta situación en boca de Beatriz Agulló, protagonista de "Un milagro en equilibrio", a propósito de una etapa de su vida en la que se vio inmersa en una relación sentimental tóxica y codependiente:

"Estuve casi cuatro años manteniendo una relación con otro hombre, de la que entraba y salía como a través de puertas giratorias. Llevaba siempre conmigo su imagen obsesionante ceñida como un cilicio. Era como una montaña rusa emocional: un día estaba en lo más alto, en la cima del éxtasis y la felicidad, y al siguiente descendía en picado hasta las más negras simas del desamor y la desdicha. Acabé por aceptar su presencia en mi vida con la misma resignación fatalista con que hubiera aceptado una tormenta de granizo o cualquier otra catástrofe natural, sin preguntarme los motivos ni intentar huir de ella. Y durante esos cuatro años me perdí totalmente, dejé mi cuerpo por una temporada y vino a sustituirme una pálida fotocopia de la que antaño yo fuera. La nueva se pasaba el día llorando y compadeciéndose, nada queriendo y nada deseando, atrapada entre los cuatro muros de su propia impotencia. Puesto que el hoy es un prólogo del futuro, al no tener una idea del futuro, de lo que podía querer o aspirar, no vivía para algo ni por algo, y había quedado atrapada en la desolación del mero dejarse vivir, sin propósito, como un barco expuesto a tormentas, sin la más remota idea del puerto al que podría o debería acogerse".

A pesar de que la protagonista logra salir del atolladero buscando apoyo psicológico para superar esta relación patológica donde se producían codependencia y maltrato psicológico, tal y como sucede en casos reales, la ayuda profesional aparece combinada con el recurso a elementos simbólicos tomados de la cultura popular o folclore. Lo que resulta llamativo es que precisamente este gesto simbólico, al que llega a través de cierta superchería adivinatoria, es el que le motiva a dar el primer paso hacia la recuperación. Dicho gesto constituía básicamente lo que se conoce en argot como un ritual de soltar.

Este tipo de rituales pueden vincularse simbólicamente a culturas como la celta, con la diferenciación entre ciclos de luz y oscuridad, así como con otras muchas culturas y sociedades donde se realizan rituales de despedida de personas y situaciones. El valor de este tipo de rituales no es en sí terapéutico, pero puede resultar catártico para algunas personas.

Retomando el ejemplo literario que nos ocupa, la protagonista (Eva Agulló) decide dar un ritual de adiós a esta persona, a esta relación patológica, enterrando una botella con el nombre de esa persona en un lugar a donde no hubiese de regresar jamás (este ritual, aunque no aparece explicitado en la obra, constituye una variante de lo que se conoce como botella de la bruja de la religión neopagana wicca, desarrollada en Inglaterra). Conviene en este punto puntualizar que en la obra de Lucía Etxebarría son constantes las alusiones a la cultura británica y al psicoanálisis.

¿Estos rituales funcionan mediante mecanismos mágicos? Probablemente no, pero, como se ha mencionado con anterioridad, sí puedan funcionar como catarsis. El término catarsis proviene del griego κάθαρσις, que significa purga, purificación.

Aristóteles empleaba el término catarsis para designar el proceso de purga o eliminación de las pasiones que se producía en el espectador de una tragedia teatral. Sigmund Freud y Josef Breuer, desde el psicoanálisis, designaron como método catártico al procedimiento terapéutico mediante el cual un sujeto logra eliminar sus afectos patógenos, y después abreactuarlos, al revivir los acontecimientos traumáticos a los que aquéllos están ligados.

Desde la Psicología cognitivo conductual, la interpretación que se daría al supuesto valor de este tipo de rituales es que redundan en una mayor motivación al cambio de actitud que podría facilitar un ulterior cambio en la conducta y la emoción, de cara a sobreponerse a una pérdida, a un abandono o, como en este caso, a una relación patológica.

Soltando amarras: el valor catártico de los rituales en la superación de relaciones patológicas
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