Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos

José Luis García Serrano.
José Luis García Serrano. / Mundiario

José Luis García Serrano encarna la tenacidad y la alegría de un deportista profesional ciego.

Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos

Otra inyección para el pesimismo, el desánimo o, incluso, la depresión; en este caso, salimos del ámbito familiar –recuerden que en mi anterior comentario hablaba de la relación nietos y abuelos– para encontrar  el estímulo en un deportista de élite, desconocido. El  para-triatleta José Luis García Serrano, que  ha obtenido la medalla de plata en las series mundiales de para-triatlón de Yokohama, el sábado día 15 de este mes, junto a su guía, Pedro Andújar. En un tiempo de 59 minutos y 54 segundos, a solo 9 segundos del estadounidense ganador, ha hecho  750 m. de natación, 20 km. de ciclismo y 5 km. de carrera.

Son muchas las personas que se dedican al deporte de competición tras haber superado graves accidentes o enfermedades, por lo que merecen nuestra admiración.  Permítanme que les muestre unas pinceladas de la vida de José Luis, Jota en el mundo del deporte.

Ceguera total a los 27 años; a partir de ese momento inicia un largo y difícil aprendizaje por el mundo de la oscuridad, salpicado de momentos de depresión; decide que la vida merece la pena y se centra  en el estudio y en el deporte, como revulsivos.

Antes de quedar ciego había estudiado Optometría y, ya ciego, se diploma en Fisioterapia en la Universidad Autónoma de Madrid. En cuanto al deporte, eligió uno de los más exigentes, el triatlón. Dio sus primeros pasos con amigos, no profesionales: la carrera, unidos por las muñecas con una cuerda,   la bici en un tándem dirigido por su hermano, y, finalmente, la natación, a base de golpes con el borde de la piscina y  las corcheras. Cuando empezó a progresar, se federó  e inscribió en un club especializado en la preparación de para-triatletas. Diversos entrenadores y guías hasta llegar a Pedro Andújar, con el que competirá en los JJ.OO. de Tokio, su sueño desde el momento en que la oftalmóloga, tras retirarle el vendaje de la  última intervención quirúrgica,  le anunció que la desconexión visual era definitiva. La reacción de José Luis fue: “oirá hablar de mí en los JJ OO de Río de Janeiro”; no pudo cumplir su promesa porque su especialidad no fue incluida. Este año cumplirá su sueño de participar en unos JJ OO.

He conversado largamente con él  y su entorno,  para escribir una sencilla semblanza personal, y he percibido sus cualidades humanas. Su alegría y vitalidad son desbordantes y contagiosas; ha recibido solidaridad y ayuda de mucha gente y él la devuelve  con creces. Pero, quizá, la tenacidad es su virtud más sobresaliente, que le impulsa a superar  los obstáculos que la ceguera pone ante él. Anthony Doerr, el autor de la novela “La luz que no puedes ver”, describe con realismo la ceguera: “Donde tenía que haber una pared, no encuentras nada, y donde no debía haber nada, la pata de la mesa se te clava en la espinilla”.

La competición le ha permitido recorrer muchos países y reconoce que  nunca hubiera soñado la vida que lleva, las personas que ha conocido y las experiencias vividas, de no ser por su situación.

Profesionalmente ejerce como fisioterapeuta y da charlas de motivación en empresas, asociaciones, colegios y universidades. Su sencilla biografía puede servir de estímulo a quienes  cada día se enfrentan con tesón, coraje  y alegría a los obstáculos que la vida les presenta y a los que deambulan sin voluntad por caminos equivocados; también será de utilidad para quienes nos arredramos ante las nimiedades de cada día.

“Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos”; esta idea de Antoine de Saint-Exupery, me sugirió el título de la semblanza que he escrito sobre José Luis: “Los ojos del alma”. Quienes tengan interés en conocer más detalles de su vida, pueden descargar gratuitamente “Los ojos del alma” en www.museofinanciero.com. @mundiario

Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos
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