Buscar

MUNDIARIO

Cómo el sistema educativo español ha destrozado la enseñanza de la Literatura

La burocracia, los tecnócratas que diseñan el Currículo de las asignaturas y la proliferación de una literatura juvenil sin ningún atisbo de innovación nos han llevado a este desastre

Cómo el sistema educativo español ha destrozado la enseñanza de la Literatura
Aula de colegio/ www.terra.com.mx
Aula de colegio/ www.terra.com.mx

Firma

Manuel García Pérez

Manuel García Pérez

El autor, MANUEL GARCÍA PÉREZ, es doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia y licenciado en Antropología por la UNED. Premio Nacional Fin de Carrera, fue coordinador del área de Sociedad y Cultura de MUNDIARIO, donde actualmente es columnista y crítico literario. Docente, investigador y escritor de narrativa juvenil, su última obra es el poemario Luz de los escombros. @mundiario

La pérdida de lectores tiene diversas causas que trataré de sintetizar en este artículo sin obviar que este desconocimiento de la literatura y de su cualidad creativa por los alumnos forma parte de un desastre global que son los planes de estudio en nuestro país. ¿Por qué nuestros alumnos leen menos? ¿Por qué perdemos lectores en la ESO y en Bachillerato? Una respuesta fácil sería que la aparición de las nuevas tecnologías ha pervertido el uso de la lectura y de la escritura, pero hay otras razones de las que somos responsables Administración y docentes.

1. Las continuas reformas educativas han convertido la enseñanza del castellano en un compendio de teorías y conceptos abstractos hasta el punto de que la creación literaria o las redacciones sobre experiencias cotidianas han quedado solapadas por un estudio en profundidad de la Gramática y la Sintaxis desde Segundo de Primaria. Esta dinámica, cómoda y nada eficiente, no se abandona hasta llegar a la universidad así que nos encontramos con diversas situaciones paradójicas: alumnos de Segundo de Bachillerato con excelentes resultados en los ejercicios de análisis sintáctico son incapaces de redactar un breve ensayo valorando críticamente un texto.

2. Ante los malos resultados de los informes PISA, la Administración puso en marcha urgentemente planes de mejora sin modificar nada de la estructura del sistema educativo y de las diferentes metodologías. A los contenidos gramaticales y sintácticos, se añadió un compendio de lecturas que el alumno recibió como otra tarea más por la que debía ser evaluado. El aprecio por una actividad tan inspiradora e ilustrativa como es el hecho de leer perdió su virtud creativa y seductora. Los alumnos siguen percibiendo la lectura como una tarea obligatoria, punitiva y que no tiene ninguna relación con la creatividad.

3. El buenismo y lo políticamente correcto han llenado las librerías de novelas juveniles "fabricadas" para que los alumnos accedan fácilmente a la lectura y no comprometan éticamente a padres y a profesores. Contenidos moralistas, melodramas estúpidos y llenos de infantilismo, y la desaparición de los clásicos, o sus adaptaciones, han convertido un descubrimiento azaroso y personal como es la escritura en puro  mercantilismo que lleva a la literatura a una clase de suplemento del libro de texto, perdiendo su valor de objeto apócrifo, marginal y de reflexión sobre la propia identidad del lector. Laura Gallego ha desbancado a Poe y a Wilde, y eso ha hecho que los alumnos no sean exigentes con los contenidos de sus libros, sino que lo aprehendan como un objeto de consumo más, efímero e intranscendente.

4. La inflación de asignaturas en la ESO, la fiebre de los deberes y los exámenes semanales, y las actividades extraescolares han eliminado el tiempo de ocio que un adolescente podría a dedicar a indagar sobre libros y otras manifestaciones artísticas. Finalmente, el libro de lectura muta en una prueba de evaluación y, cuando el joven dispone de alguna posibilidad para complacer su inquietud como futuro lector, los best-sellers americanos y sus imitaciones pueriles se apropian de esas motivaciones. Por esta razón, tenemos generaciones de lectores adolescentes acomodados en una decena de libros tan insustanciales como los tuits y los SMS.

 En un mundo de obsolescencias programadas para que se forren unos pocos y de unos horarios laborables infinitos, ¿qué sentido tiene la literatura? En un mundo tecnocrático donde la inteligencia se mide por la cantidad de deberes y epígrafes que el niño es capaz de engullir, no de asimilar, ¿qué sentido tiene leer a Poe? Ninguno, porque es preferible que la lectura se aleje de todos aquellos a los que hay que manipular con la mayor tranquilidad.