Sevilla ante el reto de frenar la gripe aviar sin paralizar la ciudad
La muerte de cisnes, gansos, patos y pavos reales en distintos parques de Sevilla no es un hecho aislado ni anecdótico. El virus H5N1, responsable de este brote de gripe aviar, se ha extendido desde el Parque del Tamarguillo y Miraflores hasta enclaves emblemáticos como los Jardines del Alcázar o el Parque de María Luisa. Incluso Doñana, uno de los espacios naturales más importantes de Europa, ha confirmado varios focos en especies migratorias.
Este panorama genera inquietud porque evidencia algo que tendemos a olvidar: la estrecha interdependencia entre la salud de los ecosistemas y la nuestra. Aunque las autoridades sanitarias insisten en que el riesgo de transmisión a humanos es “muy improbable”, el simple hecho de que haya más de 25 personas en observación o que se cierren espacios culturales y educativos demuestra el alcance social del problema.
En una ciudad que presume de su patrimonio verde y monumental, ver aves muertas en estanques y jardines no es solo una cuestión de salud pública, sino también un golpe simbólico a la convivencia urbana con la naturaleza.
La gestión institucional entre la calma y la prevención
El Ayuntamiento de Sevilla ha optado por no cerrar todos los parques, alegando que sería desproporcionado y generaría alarma innecesaria. Argumenta que los cierres preventivos deben aplicarse solo cuando hay mortalidades masivas, como en Tamarguillo, Miraflores o el Alcázar.
Esta estrategia busca un equilibrio: proteger sin paralizar la vida cotidiana. Sin embargo, plantea dudas legítimas. ¿Qué entiende la ciudadanía por “masivo”? ¿Cuántos cisnes o pavos deben aparecer muertos antes de activar una respuesta más contundente? La falta de transparencia y de información clara puede volverse en contra de la propia política de calma.
La Junta de Andalucía, por su parte, ha activado el nivel dos del protocolo de vigilancia en Doñana, lo que implica reforzar controles y garantizar que las aves muertas se retiren en condiciones de bioseguridad. Es un paso necesario, pero llega tras la constatación de varios focos. La prevención, en salud y medio ambiente, siempre resulta más barata y eficaz que la reacción tardía.
Lecciones para una ciudad y un país que conviven con lo natural
La gripe aviar nos recuerda que no vivimos aislados de la fauna silvestre, ni siquiera en plena capital andaluza. La migración de aves, que este año coincide con el periodo crítico de agosto a octubre, favorece la propagación de virus en un entorno urbano con gran densidad de parques y estanques.
La respuesta no puede limitarse a retirar cadáveres y pedir calma. Hace falta una política más amplia de educación ciudadana y de gestión sostenible. Informar con claridad en los parques afectados, reforzar la limpieza de estanques, y sobre todo mejorar la coordinación entre instituciones evitaría la sensación de improvisación. También sería útil abrir el debate sobre cómo compatibilizar la presencia de avifauna en espacios urbanos con protocolos estables de vigilancia sanitaria.
El brote actual pasará, como lo hicieron otros en años anteriores, pero si no se sacan conclusiones, volverá con la misma o mayor intensidad. Sevilla y Doñana están mostrando que la frontera entre naturaleza y ciudad es difusa. El verdadero reto es aprender a gestionarla con rigor, ciencia y anticipación, no solo con llamadas a la calma. @mundiario