Las señales de cada conflicto

Partidarios de parar la guerra. / RR SS
Partidarios de parar la guerra. / RR SS

Con cada conflicto hay señales escondidas. Nos alientan el cambio pero nos achantan llevar a cabo las reformas por culpa de una clase política entretenida con “performances”.

Las señales de cada conflicto

Cuántas señales sin filtros nos están llegando. Y nosotros sin querer abrir los ojos para ponernos manos a la obra. Es el caso de la invasión rusa en Ucrania, donde aparte de las bajas inocentes, nos está acuciando para que Europa deje atrás el gas y el petróleo de manera drástica, en vista a que la emergencia climática tampoco nos la tomamos muy en serio.

Otra señal que algunos percibimos durante el confinamiento de la pandemia, dió un impulso de varios años vista a la digitalización. De repente, experimentamos que no hay que esperar a voluntades políticas para digitalizarnos, sino que fuimos capaces de forma repentina de trasladar prácticamente el día a día a la realidad virtual evitando el contacto físico, muchas veces innecesario y costoso en colas, tiempo y recursos.

Las señales detrás del covid también nos demostraron que se hace perentorio la lucha contra la contaminación del planeta y descarbonizar la atmósfera porque al paso que vamos no sobreviviremos. Impusimos con toda buena voluntad una agenda 2030 y otra 2050 y con ellas una transición verde. 

Pero la invasión en Ucrania ha puesto en evidencia que ni siquiera la transacción ecológica puede esperar, mientras consumamos gas y petróleo rusos por nuestra alta dependencia energética del invasor en el Kremlin. Todas las sanciones habidas y por haber, salvo una, como es cortar drásticamente el gas ruso, no están impidiendo los bombardeos y muertes de miles de ucranianos, mientras Europa mira contemplativamente, se distrae con Eurovisión y sus politicos dirijen discursos vacios contra el invasor.

Nuestra complicidad, una vez más, no evita que ignoremos las señales detrás de cada conflicto. Como decía Ramón J. Sender:Estamos protegidos por filtros que atenúan todas las señales que nos llegan del exterior”. Hay que meter mano con más urgencia a la descarbonización de la atmósfera y por tanto al consumo de combustibles fósiles, tanto para contener los crímenes de guerra cometidos en Ucrania, como para dar un giro radical de 180 grados a nuestras prácticas consumistas con elevada huella ecológica.

Así se nos traslada el mensaje de bajar la calefacción de casa, abrigarnos más, usar menos el vehículo pero sin mención al transporte público, subvencionando el combustible (aún siendo más efectivo un nuevo concepto de movilidad urbana). A los pensionistas europeos se les piensan mandar a la costa española en invierno para que no gaste en calefacción en sus países de origen. Así todo. Nosotros sin hacer los deberes pero contentos de poder seguir sirviendo copas en temporada baja.

Ante tanta política ingeniosa: Europa/Occidente, al igual que el resto del mundo, en especial los países que conforman la iniciativa del cinturón y  la Ruta de la Seda (BRI) de todo el sudeste euro-asiático, no podemos prescindir de energía ni decir ya tampoco que todos los caminos conducen a Roma sino a Pekín. 

Lo que sí podemos hacer en Europa, convertida en un apéndice de Eurasia, es ponernos las pilas para invertir en fuentes y procesos limpios que abaraten sus costes de producción y sean una alternativa cuanto antes a la industria fósil, provenga de donde provenga.

Y si no que se lo digan a la señal descubierta cuando constatamos de repente que en Europa somos dependientes de Asia en guantes, mascarillas, papel higiénico, compresas, microchips, todo tipo de suministros y componentes, o de que un cierre de los puertos comerciales chinos por covid podrían colapsar el suministro mundial de hasta los cepillos de dientes.

LA ACTITUD NEGATIVISTA DE ESPAÑA NO AYUDA

Lo que tampoco ayuda para nada es la actitud cínica de España. Por todos sabidos que somos una isla energética. Pese a ello, le estamos dando la espalda a todo lo que sea innovar en fuentes limpias, como biomasa, biogás, incineradoras de última generación en las ciudades para gestionar los residuos urbanos. 

También nos oponíamos a las minas de carbón, exploraciones y yacimientos de petróleo que ahora explotan enemigos geoestratégicos como Marruecos frente a las costas de las Canarias. Prohibimos el fracking en nuestro suelo mientras que se lo compramos más caro ahora a los EE.UU.

Por si no fuera poco, somos punteros en eólicas y fotovoltaica, pero criticamos incongruentemente que desde la ventana de casa veamos los molinillos de viento, o las huertas solares en el campo abandonado porque el ganado ya no tiene donde pastar. Como no puede ser de otra manera, nos cerramos en banda a la explotación de minerales estratégicos para Europa y la digitalización de la industria mundial, como son las minas de wolframio en Galicia o las de litio en Extremadura.

¿Tiene sentido prometer ayudas públicas para fomentar el autoconsumo cuando luego tienen que tributar en el IRPF como fuente de ingreso sin previo aviso? Está visto que tanto atraso mental, político y económico, solo se compensa aparentemente poniendo copas a los turistas. En esta práctica hay consenso general, porque el que más o el que menos tiene un negocio puesto que cuando funciona se lo traspasamos a los chinos.

Son muchas las señales  que nos llegan, con y sin filtro, que negamos porque lo nuestro no es precisamente la avidez de miras. Negamos reformar que nuestro motor económico siga basándose como es tradición milenaria en  el ladrillo y los bares. Hasta el punto que a estas alturas del nuevo milenio, no damos con mano de obra cualificada ni para estos sectores clásicos ni mucho menos para  otros de perfil tecnológico. Cómo queremos que repunte el I+D+i si maltratamos de becarios a científicos, sanitarios e interinos en la universidad con sueldos paupérrimos para el diamante que representan. 

De verdad,  tras las reiteradas crisis a lo largo de la democracia en España hemos de aprender a dejar de echar las culpas a agentes externos y plantearnos más allá de floridos debates sobre las bajas menstruales, el futuro que queremos para todo el país. De lo contrario, nos seguirá azotando otras muchas crisis en el futuro que pasarán de soslayo en otros países más aventajados.

Hay infinidad de reconversiones  paralizadas desde hace 15-20 años que no se abordan por falta de patriotismo. Las recetas a aplicar son dolorosas y ningún partido ni coalición polivegetal están dispuestos a asumir el coste electoral. Con la excusa de falta de consenso, España lleva atrapada en el ascensor desde hace muchos años y una clase social cansada de usar las escaleras.

Optamos por parchear medidas a muy corto plazo y en el mejor de los casos, recurrir a filtros que empañan la realidad. La inestabilidad política arrastra a la inestabilidad de las instituciones y del resto de los poderes. Presumimos de pobres y sin el maná de las ayudas europeas somos incapaces de apostar por lo “esencial”. Cuando la realidad es que disponemos de recursos suficientes propios,   solo que mal destinados a inflar la partida del gasto público porque se ha impuesto el relato del interés particular sobre el colectivo, optando por dar de comer a estómagos agradecidos más que a los necesitados.

No voy a reiterar los negativos pronósticos de nuestra macro y microeconomía y altísima hipoteca que vamos a dejar en herencia a nuestros herederos. Pero ¿podemos seguir actuando en el siglo XXI con mentalidad y políticas del siglo pasado? Verdad que no, pues nadie o casi nadie se siente aludido. Pese a ello, perduran  las disputas personalistas sobre los intereses colectivos .

Somos pobres, en efecto, pero pobres en políticos patriotas de todas las ideologías, en gestores honestos de la cosa pública, en reformas estructurales que nunca llegan, en ejemplaridad, pero también en industrias 4.0, en economía autosuficiente, en  recursos hídricos (por el derroche de agua y sobreexplotación de pozos ilegales), en incongruencias legislativas y judiciales, en imparcialidad mediática, en ilusionar a una sociedad harta de pagar caprichos políticos con nuestros impuestos mientras se nos niegan servicios básicos. 

También somos pobres en ese espíritu aventurero de mejores épocas para hacer avanzar la humanidad. Somos pobres en periodos de paz y concordia, en valores como sacrificio, esfuerzo y humildad. Aspiramos a ser ricos sin merecerlo sólo por la gracia de Dios.

Pero mientras tanto nos llenamos la boca de “performances” y postureos de todo tipo para entretener en causas trasnochadas a la opinión pública -por cierto cada vez menos preparada de todos los tiempos-  la ingesta de la medicina amarga que por tanto retraso siempre termina caducando.

Tantas señales sin advertir ponen en riesgo con acabar antes de tiempo la vida inteligente en el planeta. Pero España podrá estar orgullosa de haber mantenido hasta el último hálito su “perspectiva de género”. Morir con dignidad se llama eso. @mundiario

 

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