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MUNDIARIO

Seguimos leyendo opiniones sin fundamento sobre la medicina

Continúa sirviéndose demasiada “comida basura” en los colegios, sin que importen los kilos de más, mientras continuamos empeñados, casi en exclusiva cuando de la salud se trata, en combatir tabaquismo y sucedáneos.
Seguimos leyendo opiniones sin fundamento sobre la medicina
Cigarrillos. / freepik.es
Cigarrillos. / freepik.es

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Gustavo Catalán

Gustavo Catalán

El autor, GUSTAVO CATALÁN, es médico, escritor y colaborador de MUNDIARIO. Especializado en oncología, es también autor de varios libros. Mantiene el blog Contar es vivir (te). @mundiario

Desde hace décadas, advertir sobre los riesgos que para la salud supone el consumo de tabaco se ha convertido casi en tema monográfico por lo que hace a las campañas de prevención y, sin restar por supuesto importancia al tema, se diría que la decidida voluntad (jugosos impuestos aparte y por ello estancos al alcance de todos) por intentar frenar dicho hábito menoscaba la información sobre otras cuestiones que debieran, por los riesgos que entrañan, ser difundidas con similar énfasis en aras de esa profilaxis que se persigue.

Es el caso de la obesidad, cuya incidencia en la población mundial se ha triplicado durante los últimos 40 años y es hoy responsable de tantas muertes como las atribuidas a los cigarrillos (¡y ni les cuento si coexisten sobrepeso e inhalación!). En España, un 30% de sus habitantes son obesos (el 40% en EE UU), se hallan afectados un 18-20% de niños y, más allá de que, según afirmara Josep Pla, lo que más gusta a los hombres es el vino dulce y las mujeres gordas, de seguir ambos sexos, en todas las edades y por razones varias, acumulando lorzas, el sobrepeso podría convertirse en la principal causa prevenible de cáncer, superando al riesgo que comporta el tabaco, para cuyo abandono puede optarse hoy y entre otras medidas por el cigarrillo electrónico el cual, y aunque – aún a falta de estudios prospectivos con el suficiente seguimiento- se apunta que pudiera ser hasta un 95% menos nocivo que el tradicional, no se ha librado, por extensión, de igual anatema y ambos, vapeo y humo de tabaco, condenados con mayor determinación de la que se aplica respecto a la gordura.

Lo mismo podría decirse respecto la difusión de pornografía en las redes sociales (las manadas de violadores podrían ser una de las consecuencias) o, por no seguir, de las “terapias alternativas”: supuestos remedios (hierbas varias, homeopatía, acupuntura…) sin refrendo alguno y que, sin embargo, pueden comprometer la curación (sería el caso de los cánceres) cuando sustituyen al tratamiento científico convencional. Pues bien: el 52% de la población sigue creyendo en este país que la homeopatía es útil. Tal dislate que, en noviembre del pasado año, el ministro Pedro Duque presentó oficialmente el “Plan de protección de la salud frente a las pseudoterapias” aunque, desde entonces, poco haya vuelto a saberse de su aplicación y eventuales resultados. 

A día de hoy seguimos leyendo opiniones sin fundamento sobre la medicina que algunos llaman con desprecio “convencional”, y continúa sirviéndose demasiada “comida basura” en los colegios, sin que importen los kilos de más, mientras continuamos empeñados, casi en exclusiva cuando de la salud se trata, en combatir tabaquismo y sucedáneos. Con razones objetivas –o menos en el caso del e-cigarrillo–, naturalmente, pero no vendría mal ampliar y diversificar la información, incluyendo otros factores de comprobado riesgo. Porque en la prevención hay bastante más que el humo, aunque se diría que este ha oscurecido y nublado otras muchas, y comprobadas, amenazas para la vida. @mundiario