Ruth Ortiz denuncia a José Brentón en medio de la polémica por la publicación de El odio

José Bretón, parricida. / RR SS.
Ruth Ortiz, madre de los menores asesinados por su exmarido, denuncia que la obra supone un quebrantamiento de la condena y una revictimización de su persona.

La polémica por la publicación del libro El odio, escrito por Luisgé Martín y centrado en la figura de José Bretón, condenado por el asesinato de sus hijos en 2011, ha abierto una nueva herida en un caso ya profundamente doloroso. Ruth Ortiz, madre de los menores y expareja de Bretón, ha denunciado al asesino por posible quebrantamiento de condena, al considerar que la obra vulnera la prohibición judicial que le impide comunicarse con ella por cualquier medio. La sentencia que condenó a Bretón en 2013 a 40 años de prisión incluye esta medida, que ahora, según Ortiz, se habría infringido con la publicación de detalles personales sobre su vida y la de sus hijos fallecidos.

La polémica ha derivado en varias vías judiciales. La Fiscalía de Córdoba, tras recibir la denuncia de Ortiz, ha remitido el caso al juzgado de Violencia sobre la Mujer en Huelva, provincia de residencia de la denunciante, mientras que otras dos denuncias avanzan en paralelo. La primera, también vinculada al quebrantamiento de condena, se encuentra en Córdoba. La segunda, en la Audiencia Provincial de Barcelona, se centra en la protección del derecho al honor y la intimidad de los menores fallecidos y de su madre.

Ortiz tuvo conocimiento de la existencia del libro a través de los medios de comunicación, ya que ni el autor ni la editorial contactaron con ella previamente. La obra contiene episodios que reconstruyen el crimen, además de detalles sobre su vida personal con Bretón. Ortiz denunció que la publicación ha generado una “masiva transmisión” de información dolorosa que no solo afecta a la memoria de sus hijos, sino también a su propia estabilidad emocional. Según la denuncia, las expresiones y afirmaciones del libro van más allá de lo recogido en la sentencia judicial, exponiendo públicamente aspectos sensibles que, para la madre, han supuesto un daño psicológico adicional.

La Fiscalía de Córdoba ha advertido sobre el riesgo de revictimización. En uno de sus escritos señala que la difusión de extractos del libro ya ha obligado a Ortiz a revivir los terribles hechos ocurridos en 2011, lo que agrava su sufrimiento y afecta a su derecho a la intimidad.

La editorial suspende la publicación

En medio de esta controversia, la editorial Anagrama ha decidido suspender de manera indefinida la publicación y distribución de El odio. En un comunicado, la editorial lamenta el dolor que la obra pueda haber causado a Ruth Ortiz y admite que las publicaciones basadas en hechos reales exigen un tratamiento especialmente delicado. Anagrama también ha dejado claro que no ha pagado a José Bretón por la cesión de su historia, en un intento de desligarse de cualquier tipo de beneficio económico vinculado al autor del crimen.

La polémica en torno a El odio abre un debate complejo sobre los límites éticos y legales de las obras basadas en hechos reales. ¿Debe prevalecer la libertad creativa cuando el relato afecta de manera directa a las víctimas de un crimen atroz? ¿Hasta qué punto es legítimo reconstruir un suceso que sigue siendo una herida abierta para quienes lo sufrieron en primera persona?

En este caso, el foco no se sitúa solo en el contenido del libro, sino en sus posibles consecuencias legales y emocionales. La decisión de Ortiz de acudir a la justicia pone de manifiesto cómo la exposición mediática y literaria de ciertos crímenes puede perpetuar el dolor de las víctimas, convirtiendo la memoria de los hechos en un campo de batalla entre el derecho a la intimidad y la libertad de expresión.

El desenlace de esta controversia judicial aún está por definirse, pero el caso de El odio plantea un interrogante que trasciende esta obra concreta: ¿hasta dónde puede llegar la literatura cuando lo que está en juego es el recuerdo de una tragedia y la dignidad de quienes la sobrevivieron? @mundiario