Ruptura entre Brad Pitt y Angelina Jolie: cuando los ricos también lloran

Angelina Jolie y Brad Pitt. / notitotal.com.
Angelina Jolie y Brad Pitt/notitotal.com

El divorcio de los dos actores más cotizados de Hollywood pone en evidencia que, pese al dinero y la fama, los dioses también pueden ser mortales.

Ruptura entre Brad Pitt y Angelina Jolie: cuando los ricos también lloran

No hay nada maravilloso en esta vida, en esta vida sobre la faz de la tierra, salvo las películas americanas, las clásicas y las modernas. Después del cine, no hay nada. Perdón, está la vida con su euforia, con sus depresiones, con sus enfermedades incurables, con sus muertes prematuras, con sus Macdonald´s llenos de lucecitas, pajitas, banderitas y camareros a punto del suicidio colectivo.

La ruptura de los dos actores nos ha llegado al alma, porque pensábamos que los dioses existían, que el éxito, el dinero por castigo y las familias numerosas eran intocables si pertenecían a Hollywood, a ese star system que ha sobrevivido a las guerras, a las mundiales, a la fría y a tantas que campan a sus anchas por el planeta. Pero no es así. Angelina y Brad se han divorciado, como se divorcian los hijos de mi vecina, las limpiadoras de escaleras, los conductores de autobús, las chachas, los parados, los médicos, los profesores de apoyo y esa chica de veinte años que se va a casar este fin de semana, pensando que su maromo es el hombre más afortunado in the world.

Angelina y Brad son mortales así que se despedazan, se besan, se arrojan de noche a los embalses para olvidarse de sí mismos, se odian frenéticamente hasta morir de agotamiento, se buscan bajo las sábanas hasta excitarse tontamente y también se divorcian. Los dioses no existen.Existen los accidentes de tráfico, la ruleta rusa, las celdas de aislamiento, el Gran Cañón del Colorado y estos divorcios que acaban como el rosario de la aurora. Qué pena, pero la vida no es el cine que nos fustiga con su mundo de fantasía, con su mierda de luz y de color.

Ruptura entre Brad Pitt y Angelina Jolie: cuando los ricos también lloran