RTVE: el Consejo de Informativos acusa de “sesgo” y “mala praxis” a Mañaneros 360 y Malas lenguas

Torrespaña, de TVE. / RTVE
Un demoledor informe interno de 144 páginas concluye que los programas conducidos por Javier Ruiz y Jesús Cintora incumplen de forma “habitual y reiterada” las normas básicas del periodismo en la radiotelevisión pública.

El Consejo de Informativos de Televisión Española ha puesto negro sobre blanco una de las críticas más persistentes en el seno de la corporación: la deriva de algunos espacios de actualidad hacia formatos híbridos donde la opinión desplaza a la información y el rigor periodístico queda en segundo plano. Tras meses de investigación y más de un centenar de quejas recibidas, el órgano interno de control concluye que Mañaneros 360 y Malas lenguas, dos de los programas con mayor impacto en la parrilla diaria, presentan un “sesgo” incompatible con los principios de neutralidad e imparcialidad exigibles a RTVE.

El informe no cuestiona únicamente el tono o el enfoque puntual de determinados contenidos, sino que describe un patrón sostenido. Según el Consejo, las informaciones emitidas en estos espacios “no se rigen por criterios periodísticos” y, en ocasiones, entran en contradicción directa con las elaboradas por los Servicios Informativos de la casa. Esta fractura interna es especialmente relevante en una televisión pública cuya credibilidad se apoya precisamente en la coherencia editorial y en la diferenciación clara entre información y opinión.

Uno de los aspectos más sensibles del documento es la acusación de opacidad en la toma de decisiones. El Consejo afirma que no está claro quién asume la responsabilidad editorial última de ambos programas y apunta a que decisiones clave son adoptadas por personas ajenas a RTVE, una circunstancia que considera especialmente grave. Esta situación, ligada a la coproducción externa de los formatos, reaviva el debate sobre los límites de la externalización de contenidos informativos y su encaje con la Ley 17/2006 y el Mandato Marco de la corporación.

El análisis también pone el foco en el papel de los presentadores y en la dinámica de las tertulias. El Consejo sostiene que existe un reparto desigual de los tiempos de intervención, favorable a determinadas tesis políticas, y que los conductores de los programas no ejercen el rol de moderadores neutrales. Aunque se reconoce una presencia numéricamente plural de opciones políticas en las mesas, se subraya que la desigualdad en los tiempos y el refuerzo de ciertas posiciones por parte de colaboradores externos condicionan el resultado final del debate.

El informe critica la difusión de “noticias falsas”

Más allá del “sesgo”, el informe alerta sobre prácticas que afectan directamente a la calidad informativa: desde el uso de un lenguaje agresivo y descalificador hasta la emisión de informaciones falsas, “como por ejemplo acusar a un responsable de la UCO de querer atentar contra el presidente del Gobierno, incompatibles con programas que se anuncian como aquellos que quieren acabar con los bulos”.

En el tratamiento de sucesos, el informe señala elementos “sensacionalistas” y unafalta de respeto a la privacidad de las víctimas y elementos que, en ocasiones, son sensacionalistas como el empleo de determinadas dramatizaciones y músicas”, además de subrayar, “con especial alarma, la difusión inapropiada de contenido vejatorio contra las personas, especialmente en el caso de menores”.

Otro punto crítico es el uso de la imagen corporativa de TVE en coberturas realizadas por equipos de estos programas, lo que —según el Consejo— genera confusión entre los espectadores y provoca tensiones con los profesionales de los servicios informativos. Este solapamiento refuerza la percepción de desorden editorial y diluye las responsabilidades dentro de la estructura de la corporación.

El modelo de la televisión pública

El documento también deja constancia de la falta de colaboración de la Dirección durante la investigación, al señalar la ausencia de respuestas a las consultas planteadas y la negativa a reconocer la competencia del Consejo de Informativos sobre estos espacios. Sin embargo, el propio informe recuerda que el Estatuto de Información de RTVE otorga al Consejo “competencias sobre la programación general de los Servicios informativos, así como los contenidos informativos emitidos en cualquier otro programa de televisión o generados para Internet o cualquier otra plataforma interactiva multimedia”.

En sus conclusiones, el Consejo no se limita a la crítica. Recomienda reforzar los mecanismos de control editorial, clarificar las responsabilidades y garantizar que todos los contenidos informativos, incluidos los producidos externamente, se sometan a los mismos estándares de rigor y neutralidad. El objetivo declarado no es censurar formatos ni opiniones, sino preservar la credibilidad de RTVE como servicio público en un contexto de alta polarización política y mediática.

El impacto del informe va más allá de Mañaneros 360 y Malas lenguas. Plantea una cuestión de fondo sobre el modelo de televisión pública, el equilibrio entre audiencia y rigor, y el riesgo de que la búsqueda de relevancia y espectáculo erosione los principios que justifican su financiación y su papel en la sociedad. La respuesta de la dirección y las medidas que se adopten a partir de ahora serán clave para determinar si estas advertencias se traducen en cambios reales o quedan como un nuevo episodio en una crisis de confianza recurrente en la radiotelevisión pública española. @mundiario