Buscar

MUNDIARIO

En rigor humortis: humoristas profesionales de la política

Quizás esto de elegir humoristas como políticos es una consecuencia del desprestigio de la política y una reacción de los votantes para expresar que es mejor “un chiste” que la “gracia” de los corruptos e ineptos. Vaya usted a saber.

En rigor humortis: humoristas profesionales de la política
En rigor humortis. / Alex Pelayo.
En rigor humortis. / Alex Pelayo.

Pepe Pelayo

Escritor y comediante.

No hace mucho Volodymyr Zelensky ganó la presidencia de Ucrania en primera vuelta. Era un comediante de TV donde en un SITCOM hacía de presidente y en broma se postuló y la broma creció hasta la realidad.

Jimmy Morales, el actor de TV cuyo programa humorístico “Moralejas” estuvo al aire más de 15 años y que en enero del 2016 se convirtió en jefe de Estado de Guatemala.

Francisco Everardo Oliveira es el nombre del payaso brasileño Tiririca, que en el 2010 causó furor al postularse como diputado por Sao Paulo para la Cámara Baja y ser el segundo más votado en la historia de ese cuerpo legislativo. En febrero del 2015 asumió su segundo mandato, que continúa hasta hoy.

“Beppe” Grillo conmocionó la política de Italia hace pocos años. El cómico que había trabajado en cine, TV y teatro fue el triunfador en los comicios generales del 2013 al conseguir su partido, “Movimiento 5 Estrellas”, la mayor cantidad de escaños para el Congreso.

Lenin Moreno, antes de ser vicepresidente y después presidente de Ecuador, era un estudioso de la teoría y la aplicación del humor e impartía charlas, cursos, etc., incluso publicó varios libros sobre el tema.

Al Franken es escritor y humorista. Desde 2009 hasta 2018 fue el senador junior del estado de Minnesota.

Hayk Marutyan es comediante, guionista y productor. Actualmente se desempeña como alcalde de Ereván, la capital de Armenia.

Jacob Haugaard es un comediante danés. Fue miembro del Parlamento de Dinamarca desde 1994-1998.

Bhagwant Mann, comediante en idioma punjabi. Es diputado por el distrito electoral de Sangrur, Punjab, India.

Jón Gnarr, es humorista islandés. Fue alcalde de Reikiavik, la capital de Islandia, desde 2010 hasta 2014.

¿Qué significa esto? ¿Qué los humoristas, por una visión mejor de la sociedad debido al prisma del humor, son los ideales para liderar la política? No sé. Aunque me inclino a pensar que no. Los humoristas pueden ser políticos, como lo podrían ser actores, pintores, músicos, o carpinteros, amas de casa, abogados o profesores. Las capacidades y habilidades que se necesitan las puede tener una persona sin importar su profesión u oficio.

Es más, ya me he enterado de que entre estos mencionados, hay sospechosos de corrupción, hay algunos que han tomado pésimas decisiones, etc.; es decir, actúan ya como cualquier político tradicional.

Quizás esto de elegir humoristas es una consecuencia del desprestigio de la política y una reacción de los votantes para expresar que es mejor “un chiste” que la “gracia” de los corruptos e ineptos. Vaya usted a saber.

Humorista profesionales politizados

Sin dudas, todo ciudadano –sea humorista o no-, tiene el deber y el derecho de atesorar una posición política. Y el humorista político con mayor razón.

Es probable que si es de un color político, sólo haga chistes y burlas contra los que piensan diferentes a él. Lo entiendo, pero no lo justifico y no lo comparto. Porque el mayor deber de un humorista político (o no), es hacer sátira sobre la autoridad que no hace las cosas bien, sobre la autoridad que es inepta y hace daño, sobre la autoridad corrupta, sobre la autoridad represora. Si no es capaz de hacer sátira a lo mal hecho incluyendo su propio color político, para mí no es un profesional ético y lo rechazo rotundamente.

Peor aún, para mí el humorista -sea del bando político que sea-, que haga pública una exhortación al odio, a la violencia, de forma seria o en broma, merece las penas del infierno. Dos ejemplos: ocurrió en Chile durante la insurrección de octubre del año pasado, cuando una humorista por las redes incitó a la quema y destrucción de la ciudad, y en Argentina, cuando no hace mucho un humorista expresó en público: “Tengo unas ganas de agarrar un camión y jugar al bowling en la avenida 9 de julio", refiriéndose a los ciudadanos que se manifestaba contra el gobierno.

Y está también el humorista general que vive en una dictadura (da igual si es de derecha o de izquierda). Por supuesto, debe ganarse el pan y hacer lo que sabe hacer. Pero el caso del humorista político es distinto: tiene dos posibilidades, o hace sátira contra el gobierno dictatorial y cae preso o lo matan, o hace humor oficialista; es decir, respaldando a la tiranía. Este último caso es repugnante.

Mi cerebro y mi corazón no comprenden cómo:

Un humorista profesional puede hacerse político profesional, para después tener tanta falta de ética, moral como muchos políticos de profesión.

Un humorista profesional puede sólo criticar lo mal hecho en el opositor y no lo mal hecho en sus correligionarios.

Un humorista profesional puede hacer humor a favor de una dictadura.

Un humorista profesional que es aficionado a la política, puede incitar al odio y a la violencia para dañar a la sociedad, porque el odio y la violencia no se justifican nunca, por muy ideal y romántica que sea una ideología.

¡¿Cómo pueden ser humoristas todos ellos?! No lo entiendo. ¿No saben lo que significa esta profesión, o sí saben y les da igual? ¿No saben que el humor es una disciplina humanística? ¡Por favor! @mundiario