La responsabilidad en la pandemia es obligación de todos

Una imagen del coronavirus. / Tumisu en Pixabay
Una imagen del coronavirus. / Tumisu en Pixabay

En el mar de narcisismos, que la Coovid-19 exaspera, la coherencia exige comportamientos nuevos que han de incluir reflexión bien informada.

La responsabilidad en la pandemia es obligación de todos

El de la memoria es un juego que, en este momento, en que andamos con soluciones medianas e información mediatizada, no podemos soslayar. Cada día que pasa, entre una selva de normas, lo único que parece consistente es la prevención individual, esa supuesta “responsabilidad” a que nos remiten de continuo.

Dicho en plan positivo, estamos en fase de aprender, no sabemos bien todavía, una serie de hábitos a los que nunca habíamos hecho mención. Salvo en algunas series de ficción distópica, no habíamos pensado que se pudiera cernir sobre nuestra existencia lo que tal vez habíamos imaginado para un largo futuro. La memoria puede, en todo caso, servirnos de apoyo para afrontar la novedad con elegancia y, también, con una ahorro grande de energías en la conversación cotidiana. Cuanto antes aceptemos –una vez más- el principio de realidad, mejor autoayuda nos haremos sin gastar en terapias alternativas.

La edad adulta

Cada cual tiene una historia de ajustes y desajustes en ese terreno, por la encrucijada del tránsito a esa etapa en que nos sentimos adultos y no siempre está claro  que antes fuésemos jóvenes o adolescentes. Cuantos podemos justificar años cronológicos puede que no hayamos abandonado la adolescencia o la juventud, y todavía hay muchos que pueden alegar que no han vivido estas etapas ahora tan prestigiadas. La subjetividad del tiempo, unida en bastantes casos a la aparentemente lejana coyuntura de la postguerra, hace que abunden los que carecen de conciencia diferenciada y han pasado de la más tierna infancia a tener que hacerse cargo de sí mismos. Otros, en cambio, prosiguen en aquel tiempo previo a que nos reconocieran oficialmente uso de razón.

Sea cual sea la experiencia de ese tránsito, en que caben tantas variantes, quienes  se atrevan a llamarse adultos, habrán de alegar que, en un momento determinado se han sentido obligados a tomar posesión de sí y a proyectar se sobre la realidad circundante sin aferrarse a los condicionantes de su propio pasado. Esa encrucijada de “responsabilidad”, que se supone nos piden en esta historia actual, la vamos a necesitar en lo que quede de “nueva normalidad”, situación va para largo.

Olvidos

Nadie nos ha formado para lo que está pasando, y tampoco es seguro que haya modelos aptos para inspirarnos: tras la pandemia bien conocida de la época de Marco Aurelio vinieron muchas otras, pero los humanos nos comportamos como si no hubiese habido ninguna. Además, es muy nuevo lo que está viniendo tras esta Covid-19: la redefinición de nuestra existencia en la Tierra, en circunstancias ignotas en muchos aspectos, y teniendo que desaprender aprendizajes muy interiorizados si queremos ser responsables; el calentamiento de la Tierra,  denunciado desde hace años, precisa que nos adaptemos a nuevos sistemas de producción y a la redistribución del valor añadido de un trabajo sostenible, científicamente adaptado a la mejor eficiencia. Y no casi nada, necesitamos buena  información en un mar de confusión y falsas noticias. Está detrás la posibilidad de peores desajustes sociales y la propia dinámica del sistema económico, tan distinta de la que operó en la crisis de 2008, parece haber entendido algo: de regir hoy aquella austeridad que era principio intangible, los conflictos se habrían agravado seriamente.

Ahí siguen, sin embargo, las reacciones que a veces trasladan las memes como ingeniosa doctrina, alusivas a la moral y a las costumbres como responsables de lo que esté pasando. repiten lo que todavía leímos en libros de texto de nuestra hipotética adolescencia cuando trataban revoluciones que, desde el siglo XVIII habían protagonizado las grandes mayorías sociales; desde 1789 las guerras y crisis en que hemos andado encontraban explicación en lo pecadores que éramos los humanos y cómo debíamos enmendarnos.

Aburridos

Pese a estos intentos explicativos, seguimos tropezando a diario en las mismas piedras sin enmienda alguna. Contamos con ello. El problema es asistir de continuo, además, a las matracas de los listillos de turno –los hay de muchas categorías-; al mal ejemplo de los que pasan de todo –también variados-; y el tropezar de continuo –como ya sostenía Larra hace casi doscientos años- con cuantos detentan el privilegio de decir paridas por ver si se hacen famosillos y, si al caso viene, les votamos agradecidos por su agudeza.  

Sería una lástima que, al aburrimiento que conlleva la Covid-19, se añadiera como crónico este otro que producen predicadores que, cada cual a su aire, nos ofrece pócimas de crecepelo para nuestra ventura. Los juegos tontos de los gallitos en el patio de recreo hace tiempo que debieran haber quedado atrás; y tampoco se llevan ya las ventas de fascículos a plazos. Si no quieren el Apocalipsis, por favor sean adultos. @mundiario

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