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Repensar los sindicatos

La crisis del sindicalismo abre un debate del que debe salir un modelo de futuro...

Repensar los sindicatos
Manifestación de sindicatos.
Manifestación de sindicatos.

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Milagros Lara Coira

Milagros Lara Coira

Licenciada en Geografía e Historia, especialidad Biblioteconomía y Archivística, por la USC. Miembro de la Asociación de Comunicación Política de España (ACOP). Postgrado en gestión de información y community management por Asociación Española de Responsables de Comunidades Online y Social Media. Ha trabajado en medios digitales y en departamentos de comunicación y ahora ejerce como consultora y es colaboradora de MUNDIARIO.

A los sindicatos se les acusa de ayudar solo a quienes ya trabajan y disfrutan de cierta estabilidad. Se ponen en cuestión al considerarlos sumisos al poder político por su dependencia de las subvenciones públicas. Se recuerdan los casos de corrupción en los que se han visto involucrados. Se les acusa de trabajar para sí mismos y sus propios intereses. Se señala con el dedo a los liberados sindicales a los que se les considera auténticas sanguijuelas laborales. Se cuestiona su razón de ser.

Y es que el viejo modelo sindical ha dejado de ser útil en la defensa de intereses y derechos de los trabajadores. Los sindicatos se han mostrado ineficaces en los últimos tiempos y más aún durante los años de crisis. Su arcaizante modelo continúa defendiendo los derechos del personal que forma sus exiguas bases: especializado, técnico, administrativo, estable y, a menudo, empleado en el sector público en donde ejercen su fuerza. Esta defensa y promoción de las bases de los sindicatos mayoritarios, formadas por quienes conservan un empleo, excluye de la representación e intereses sindicales a la gran masa de trabajadores que no participan de esas características, entre los que abundan asalariados en empresas privadas y autónomos, en donde se están mostrando más eficaces los sindicatos profesionales desvinculados de las grandes centrales que permanecen ajenas a su entorno.

Así las cosas, la situación laboral de millones de trabajadores que reclaman un salario digno, jornadas menos intensas y estabilidad, conquistas que parecían superadas, están desatendidas. Pero también es necesaria la defensa de derechos para el todavía elevado número de desempleados y para la ingente cantidad de trabajadores autónomos.

Este distanciamiento de las organizaciones sindicales con el nuevo escenario laboral, caracterizado por la temporalidad, precariedad, movilidad y adaptación a un mercado cambiante y global provoca el descrédito y reduce su capacidad de reclutamiento, con una tasa de afiliación que se encuentra en mínimos. Por si esta situación no fuese de por sí preocupante, los escándalos por corrupción en los sindicatos mayoritarios, aumentaron la desconfianza. La malversación de fondos de Caja Madrid en la que participaron destacados miembros del aparato sindical, el fraude de los cursos de formación, las irregularidades en expedientes de regulación de empleo y en financiación, las facturas falsas, comisiones, cargos improcedentes a las administraciones y hasta pagos en negro, por no recordar el fraude de la promotora de viviendas PSV, ahondaron el descrédito sindical. El resultado ha sido la fuga de afiliados decepcionados, casi la cuarta parte en los últimos años.

Sin poder de movilización

Además, el tradicional poder de movilización de los sindicatos se ha reducido considerablemente mostrando el declive de la fuerza sindical. Convocatorias transversales al concepto de clase como las de los pensionistas o del 8M hechas al margen de los sindicatos, ejemplifican a la perfección la parálisis en la que se encuentran los sindicatos.

El desconcierto en las organizaciones sindicales es mayúsculo. Se han visto superados por las mujeres y los jubilados, de los que llegaron a afirmar que eran “movilizaciones sin control”. Sin su control, claro. La reacción positiva a las demandas por parte del Gobierno así como la negociación de la subida de las pensiones con otras fuerzas políticas al margen de los agentes sociales, hizo más patente la ineficacia de las organizaciones sindicales como motor en la consecución de derechos. Las centrales sindicales se saben ignoradas en el diálogo social del que hace tiempo fueron protagonistas.

Las manifestaciones del 8M agrandaron la herida evidenciando el inoperante papel del sindicalismo en las demandas. Por detrás de la sociedad, el sindicalismo asiste a su exclusión en la protesta social a la que secunda posteriormente asumiendo el triste papel de comparsa en reivindicaciones que una vez fueron suyas.

Un modelo de futuro

El debate está sobre la mesa y los sindicatos deben hacerle frente repensando su razón de ser. Un nuevo ecosistema socioeconómico requiere un modelo sindical de futuro lejos de organizaciones ancladas en la lucha de clases y formadas por sindicalistas alejados del ámbito laboral en la defensa de sus propias cuotas de poder.

Los sindicatos siguen siendo necesarios en el nuevo entorno económico pero es imprescindible que den un giro estratégico si no quieren verse abocados a ser una representación anecdótica de la sociedad. La complejidad actual precisa de un nuevo modelo organizativo y de acción sindical. Las propuestas podrían pasar por organizaciones más transparentes y en las que se dé cabida a una mayor participación de las bases, utilizando mecanismos de acción en los que prime más la concertación social y la negociación que el recurso permanente al conflicto, como también fortalecer sindicatos profesionales o de oficios, que han mostrado su efectividad frente al declive de los sindicatos generales en los que se agrupan diversas categorías profesionales con intereses muy diversos.

Los arcaizantes sistemas reivindicativos de los sindicatos en los que se aferran ya no son útiles como no lo son sus anticuadas estructuras organizacionales. Sin embargo su esencia, la promoción y defensa de intereses profesionales, económicos y laborales, sigue vigente. @mundiario