En las relaciones humanas es corriente, y hasta resulta fatídico, el acto de las etiquetas

Cuidar el medio ambiente exige una entidad que controle y evite los desastres en nuestro hábitat.
Cuidar el medio ambiente exige una entidad que controle y evite los desastres en nuestro hábitat.

En ocasiones la calificación que se aplica a una persona suele hacer referencia a su ideología, forma de comportarse o de ser, intentando identificarla en su entorno social.

En las relaciones humanas es corriente, y hasta resulta fatídico, el acto de las etiquetas

En ocasiones la calificación que se aplica a una persona suele hacer referencia a su ideología, forma de comportarse o de ser, intentando identificarla en su entorno social.

En todos los ámbitos que podamos imaginar se observa que el egocentrismo, repleto de mezquindad, puede más que resolver las carencias de la ciudadanía; incluso se llega al extremo, quizás por ignorancia, incapacidad y/o malas intenciones, de etiquetar a un determinado personaje “¡es que tiene intereses personales o realiza política!”, como si ambos fueran hechos sumamente condenables.

Ante esta situación la respuesta que pueda explicar este acontecimiento es básica, se torna cristalina y hasta en ocasiones es necesaria  como el agua. Es por esto que para argumentar me remitiré, en principio, a las peripecias de Robinson Crusoe. Básicamente, esta historia nos cuenta las aventuras de un joven inglés, perteneciente a una familia de clase media, al que le gustaba ser marino, y que desobedeciendo los consejos de su padre se embarca en varios destinos en los que  padece  una serie de calamidades, y/o percances, en las que tomó diferentes decisiones con el fin de sobrevivir a las distintas circunstancias hostiles.

Como se deduce, a esta figura literaria se la puede encuadrar como uno de los pocos, o el único, ser apolítico que vivía en una isla en total soledad, y cuyas decisiones no afectaban más que a su persona. En la vida real y en comunidad, esto no es posible, por lo que no existe un individuo apolítico. Desde las relaciones interpersonales que incluyan amigos, hermanos, pareja, hijos, padres, etcétera, hasta las colectivas (gremios, cooperadoras, iglesias, clubes, por nombrar algunas) todas son políticas, donde las decisiones tomadas tienen sus consecuencias, afectándonos de un modo u otro.

Obviamente cuando existen determinaciones que rozan nuestra vida en comunidad, y por el simple hecho de que somos seres sociales, existirán las divergencias que se pondrán de manifiesto en distintas formas. Es aquí en este punto donde precisamente las formas hacen esa pequeña, pero gran diferencia, que nos caracteriza como sociedad (haciendo referencia a que mostraremos toda la miseria humana o de algún modo demostraremos el nivel de educación adquirido).

Como cada acto tiene que ver con el todo de nuestro ser podríamos profundizar analizándonos como humanos, y si comenzamos por los sentimientos descubriremos que el amor es una combinación de sensaciones y el motor de los objetivos cumplidos; por lo que en todo individuo se transforma en la clave para llevar una vida plena. Es aquí donde viene a mi mente una frase del gran estratega Napoleón Bonaparte “cada uno de los movimientos de todos los individuos se realizan por tres únicas razones: por honor, por dinero o por amor.

Ahora, si nos volvemos a introducir en el ser político que somos podremos detectar, sobre todo en este período eleccionario que se aproxima, que muchos dirigentes se muestran muy activos, amables, predispuestos y propensos a decir que “si” a toda propuesta, del vamos charlatanes de salón. Ahora si los analizamos, hasta diría muy superficialmente, notaremos que no cumplen con acciones que resultan esenciales, y hasta básicas, propias de un simple razonamiento, por no decir vitales para lograr un desarrollo sostenible y sustentable de una comunidad. En esta última aseveración podríamos considerar algunos ítems, a saber:

> políticas deportivas, que sean acordes a los tiempos que corren propugnando un deporte organizado, más aún si llegaran a considerar a la actividad física como un acto saludable y un pilar más en la educación o formación de nuestros niños y adolescentes;

Cabe implementar políticas deportivas acordes a los tiempos que corren.

 

> políticas sanitarias, que protejan el derecho a la salud comenzando por priorizar la infraestructura humana a nivel hospitalario (un plantel de enfermería capacitado y bien pagos, médicos especialistas, etcétera) así como el medicamento en manos del farmacéutico, y no por fuera de la farmacia que como todos sabemos genera más problemas que soluciones;

> políticas ambientales, que intenten cuidar al medio ambiente a través de la generación de una entidad que controle y evite profundizar los desastres implantados en nuestro hábitat, que son producto de decisiones arbitrarias al no ser sometidas a los respectivos y mínimos estudios de impacto ambiental -“Agencia de Medio Ambiente”- (para estos tiempos un ejemplo sumamente rudimentario);

> o elementalmente cumplir con lo que se ha legislado: llámese medicamentos solo en farmacias, espacios libres de humo de tabaco, favorecer el desarrollo de campañas sanitarias como una herramienta clave de la medicina preventiva, gestión adecuada de los medicamentos vencidos y/o en desuso, así como los generados por el personal de enfermería, a nivel domiciliario por intermedio de las farmacias; etcétera.

Llegado a este punto me pregunto ¿cuál es el fin que justifica las formas que utilizan o la falta de amplitud en los medios para dar soluciones concretas?

Para cerrar el tema dejo mi opinión, que por cierto es la de un ciudadano común, con esta exclamación “¡pobre de nosotros!, ya son pocos los que otorgan un poquito de honor y menos, aún, parecen tener amor por sus hijos –si pensaran en el lugar que dejarán a las futuras generaciones-. Es decir, que todos estos pseudo dirigentes se muestran en movimiento solo cuidando el futuro de su bolsillo a costa de las arcas del Estado.

En las relaciones humanas es corriente, y hasta resulta fatídico, el acto de las etiquetas
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