Reducir el número de enfermeros multiplica el riesgo de muerte de pacientes

Profesionales de la enfermería.

Un estudio publicado en The Lancet ha venido demostrar científicamente que disminuir el numero de enfermeros en los centros sanitarios multiplica el riesgo de mortalidad de los pacientes.

Reducir el número de enfermeros multiplica el riesgo de muerte de pacientes

Un estudio publicado en The Lancet ha venido demostrar científicamente que disminuir el numero de enfermeros en los centros sanitarios multiplica el riesgo de mortalidad de los pacientes. Por cada paciente extra que se añade a la carga de trabajo de un enfermero o enfermera, las posibilidades de que un paciente muera en el mes posterior a la cirugía se incrementan un 7 %.

La crisis económica que viene arrastrando Europa desde hace años ha tenido consecuencias devastadoras para los enfermeros españoles que ha sufrido una destrucción de empleo sin precedentes. Más 21.000 profesionales han perdido su trabajo como consecuencia de los recortes, es decir más que ninguna otra profesión sanitaria. Y es que, tal y como viene denunciando el Consejo General de Enfermería los gestores sanitarios han preferido reducir costes a base de eliminar puestos de trabajo en vez de apostar por la eficacia y realizar aquellos cambios estructurales que supondrían no sólo un mayor ahorro sino también la solución definitiva al problema.

Un artículo publicado por David Rupérez en la publicación digital del Consejo General de Enfermería, Diario Enfermero analiza de forma exhaustiva un estudio, publicado en el último número de la prestigiosa revista The Lancet que refleja que los pacientes tienen más riesgos de fallecer después de pasar por procesos quirúrgicos comunes si están ingresados en hospitales donde las enfermeras asumen una gran carga de trabajo y hay menos personal con una titulación universitaria.

La investigación ha recogido datos de más de 420.000 pacientes de 300 hospitales de nueve países europeos –incluido España- y entre sus conclusiones destaca que por cada paciente extra que se añade a la carga de trabajo de un enfermero o enfermera las posibilidades de que un paciente muera en el mes posterior a la cirugía se incrementan un 7 por ciento. Por otra parte, y esa es la lectura positiva para nuestro país donde los todos enfermeros son diplomados o graduados, elevar un 10 por ciento el índice de enfermeros con un título universitario se asocia a un descenso del riesgo de muerte también de un 7 por ciento.

Los autores del estudio, liderados por Linda Aiken, de la Escuela de Enfermería de la Universidad de Pennsylvania (Estados Unidos), resaltan que de la reducción del personal de enfermería deriva un riesgo directo para los pacientes y que se debe hacer mucho más énfasis en la necesidad de la formación universitaria para las personas que van a trabajar en enfermería.

La propia Aiken, en declaraciones exclusivas a Rupérez valora la situación de nuestro país. “España es líder en Europa en formación universitaria de la enfermería, muchos otros países miran a España como ejemplo de cómo canalizar la profesión a través de los estudios universitarios. La excelente preparación de las enfermeras de este país ha ayudado a mantener la calidad en la atención a los pacientes. Sin embargo, nuestra investigación revela que España tiene también la peor ratio enfermera/paciente de los nueve países analizados –Bélgica, Inglaterra, Finlandia, Irlanda, Países Bajos, Noruega, Suecia y Suiza- con 12, 7 pacientes por cada enfermera, frente a las cifras de países como Irlanda y Noruega, con 6,9 y 5,2 respectivamente. La media europea es de 8.

“En algunos centros sanitarios españoles –añade Aiken- hay enfermeras que se enfrentan al cuidado de 18 pacientes de forma simultánea, a ese nivel no se garantiza la seguridad. Nuestra investigación pone de manifiesto que no tienen suficiente tiempo para atender a cada enfermo. Por consiguiente, la reducción de las plantillas en un país que ya tenía un pobre ratio entre pacientes y enfermera es probable que se traduzca en muertes evitables y costosas complicaciones para los pacientes, como las infecciones”.

En su artículo David Rupérez ha contado con el testimonio de enfermeras españolas que han denunciado la precariedad absoluta en la que vienen trabajando. Entre ellas, una profesional que trabaja en una UCI de neonatos y ha preferido guardar el anonimato. Así, bajo el nombre ficticio de María relata lo que ocurre en su unidad, cuyos pacientes tan delicados exigen un profesional a los pies de la cuna de forma permanente, a veces hay un déficit de personal que ha derivado en algún “susto” en forma de complicaciones evitables en los bebés. “Si peleas mucho, a veces refuerzan la UCI, pero es a costa de dejar a medias otro servicio o la zona de cuidados intermedios”, comenta. “Son niños de un kilo de peso, no es una cuestión de cuántos hay que atender, sino que son casos muy complejos y que exigen mucha dedicación. No se les puede privar del cuidado de una enfermera. Así no se puede trabajar. Al final te sacrificas, echas más horas y hasta el hígado”, asegura Luisa, que plantea hacer una protesta formal a través del sindicato de enfermería.  

Sobre las necesidades de personal en una unidad tan especial, las recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría (AEP) cifran el ratio de enfermeras en la UCI de neonatos en 1 enfermera para cada dos pacientes; una para cada uno en casos de alta tecnología como un posoperatorio complejo, exanguineotransfusión total o diálisis peritoneal. En casos aún más graves, con ECMO o hemofiltración, las guías hablan de la presencia de dos profesionales por cada niño, cifras que se alejan de la situación que denuncia Luisa en su hospital.

Invertir en personal resulta rentable. De hecho, el estudio de Aiken recuerda que, en Estados Unidos, cada dólar invertido en mejoras en la plantilla de enfermería tiene un retorno estimado de 0,75 dólares en inversión directa en el hospital, eso sin contar los intangibles beneficios colaterales.

El artículo de David Ruipérez cuenta también con el testimonio de Alvisa Palese, de la Universidad de Udine (Italia) comentando el trabajo de Aiken. Así, asegura cómo “la falta de enfermeros a los pies de la cama tiene graves consecuencias directas: más caídas, más úlceras de presión, más infecciones y más muertes. Todo eso puede ocurrir y se traduce en un incremento del coste del sistema sanitario”. 

Reducir el número de enfermeros multiplica el riesgo de muerte de pacientes
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