Redacción, memoria y declamación deberían formar parte de los planes de estudio

Educación en América Latina. / Unicef
Educación. / Unicef

Padres jóvenes, ¿qué opináis?

Redacción, memoria y declamación deberían formar parte de los planes de estudio

Entre los 11 y los 15 años disfruté –hace ya muchos años que me di cuenta de este privilegio- de tres disciplinas no oficiales y nada habituales en la enseñanza: Redacción, Memoria y Declamación. Las tres se complementaban de forma armoniosa, lógica y eficaz, con el objetivo de que el alumno desarrollara su imaginación, coordinadamente con la adquisición de unos conocimientos que debería exponer en público de forma sencilla, comprensible y atractiva.

Sobre un tema general propuesto por el profesor, el alumno dejaba correr su fantasía e hilaba un relato o un poema. En esta redacción se valoraban la capacidad creativa, el estilo, la riqueza del lenguaje, la belleza de la expresión, la técnica gramatical y la autodisciplina sobre la dimensión del texto –previamente concretada.

Gracias a la memoria se adquiría y conservaba información literaria importante. Durante 15 minutos al día debíamos memorizar relatos o poemas de escritores conocidos, con lo que se conseguía el doble objetivo de conocer textos fundamentales de la literatura y desarrollar la memoria -hoy tan despreciada como necesaria.

Finalmente, en el tiempo dedicado a la declamación y en representaciones teatrales, presentábamos en público los poemas y relatos que previamente habíamos memorizado o las redacciones elaboradas por nosotros; sencilla y útil forma de potenciar la soltura, la expresividad y la elocuencia; en definitiva, la comunicación con los demás.

La oratoria, retórica o arte de saber hablar, siempre ocupó un lugar fundamental en la educación de las culturas griega, romana y árabe, como ponen de manifiestos múltiples dichos y proverbios árabes, que exhortan a su uso en la educación de los  niños; por su condición de habilidad personal, sólo puede adquirirse por medio de la práctica habitual.

Esta trilogía de materias no oficiales resulta fundamental, si se implementa a una edad temprana, para fomentar el gusto por leer, escribir y comunicarse de forma clara, correcta: aseada, según me gusta decir.

Tal vez alguien piense que se trata de una vana pretensión, consecuencia de la nostalgia de la niñez; pero no es así: nace del íntimo convencimiento de la importancia que siempre ha tenido  la comunicación.

Se envía a los niños a actividades extra escolares variadas –deportes, informática, idiomas, música, baile, entre otras muchas-, pero echo en falta la existencia de talleres de lectura y declamación en centros privados, ya que la enseñanza reglada no ofrece esta posibilidad. @mundiario

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