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Recordada en Ferrol Amada García, fusilada en el 38 tras dar a luz a un hijo

El castillo de San Felipe es escenario anualmente de un acto en memoria de Amada García y siete vecinos más de la zona ejecutados hace ahora 76 años.

Recordada en Ferrol Amada García, fusilada en el 38 tras dar a luz a un hijo
Amada García Rodríguez.
Amada García Rodríguez.

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Germán Castro

Germán Castro

Primer director de 'Diario de Ferrol', fundador de la publicación de pensamiento y cultura 'FerrolAnalisis' y presidente fundador del Club de Prensa de Ferrol. Columnista fundacional de MUNDIARIO.

Todos los años se viene celebrando en el castillo de San Felipe una ofrenda floral en memoria de la joven mugardesa Amada García. Se le recuerda allí, en el escenario en el que fue fusilada por militares franquistas en el amanecer del 27 de enero de 1938, se cumplen ahora 76 años. Amada, que era una activa joven republicana, estaba embarazada y los verdugos esperaron a que alumbrara a su hijo Gabriel para asesinarla, junto con otros siete vecinos de la zona. Alguien puede decir que pudo haber sido peor, podían haberla matado con la criatura en el claustro materno. Alguien puede todavía insinuar que los ejecutores poseían un resquicio de ternura al perdonar la vida a Gabriel, que anualmente, por estas fechas, encabeza el homenaje que se le rinde a su madre. Claro que pudo haber sido doble crimen, pero llegados a esos extremos la sinrazón de los hechos y de la confrontación desatada anula cualquier cábala sobre los posibles sentimientos de quienes condenaron a muerte y ejecutaron a Amada García.  Bien es verdad, por otro lado, que el caso de Amada García es uno de tantos y tantos que cayeron víctimas del paroxismo de la aberración que es una guerra, singularmente una guerra civil. Por eso que no entiendo, nunca entenderé, como en los años inmediatamente anteriores a la sublevación contra la República había voces liberales que apelaban a la guerra como forma de desbloquear una situación cada vez más confusa y convulsa.

"Mito y concepto de la guerra civil"

Un trabajo del profesor  Juan Francisco Fuentes en la Revista de Occidente nº 389 del pasado octubre ("Belle époque: mito y concepto de guerra civil en España (1898-1939) abordaba  el fenómeno de la apelación a la guerra civil como un mal inevitable. Relata el ensayista que el diputado liberal Juan Romero Alpuente en un discurso en la Fontana de Oro dijo "la guerra civil es un don del cielo". Galdós, Cambó, Baroja se alineaban también con esta teoría. El propio Unamuno invocó a Romero Alpuente en las Cortes Constituyentes de la II República, en octubre de 1931, cuando dijo "me he criado desde muy niño en medio de la guerra civil y no estoy muy lejano de aquello que decía el viejo Romero Alpuente de que la guerra civil es un don del cielo. Hay ciertas guerras civiles que son las que hacen la verdadera unidad de los pueblos". En un artículo "Paz en la guerra" publicado en "Ahora" el 25-04-1933, el pensador escribió "la guerra civil es, gracias a Dios, inevitable". Lerroux llegó a manifestar "Todo es preferible, hasta la guerra civil, a esta befa insoportable". Este alentaba a sus seguidores a llevar a cabo una "sangrienta, ferozmente sangrienta, transformación social".

Una guerra civil espiritual

También hay algún caso en la izquierda, tal como analiza el profesor Fuentes. Dice este que "ante la posibilidad, tras la promulgación de la Constitución republicana a finales de 1931 de que se disolvieran las Cortes y se convocaran elecciones, Largo Caballero dijo que de llevarse a cabo, los socialistas se verían obligados a ir a una guerra civil. Sus palabras causaron tal escándalo que el periódico El Socialista aclaró inmediatamente que el ministro se refería, naturalmente, a una guerra civil espiritual". Luego, metidos en el "berenjenal" casi todos estos intelectuales y políticos liberales y algún que otro de izquierdas renegaron del mito revolucionario de la guerra civil. El principal propagandista, Miguel de Unamuno manifestó completamente desazonado cuando España ya estaba en armas "la nuestra es solo una guerra incivil". Amada García, casada, con solo veintisiete años, es uno de los ejemplos.