Rafael Zornoza: 14 años de poder, dinero y polémicas bajo investigación del Vaticano
Durante casi tres lustros al frente de la diócesis de Cádiz y Ceuta, Rafael Zornoza Boy ha generado más división que consenso entre los fieles y sacerdotes andaluces. Nombrado en 2011, el prelado madrileño llegó con un discurso de renovación, pero su paso ha quedado asociado a decisiones polémicas centradas en la rentabilidad económica y el control patrimonial de la Iglesia. Hoy, su nombre vuelve a los titulares tras conocerse que el Vaticano lo investiga por presunta agresión sexual continuada a un menor en los años noventa.
La investigación eclesiástica, confirmada esta semana, coincide con un creciente malestar entre las bases católicas gaditanas, que acusan a Zornoza de haber transformado la diócesis en un entramado económico donde priman los beneficios frente a la vocación pastoral.
Entre las decisiones más cuestionadas figuran despidos improcedentes de trabajadores del obispado, desahucios de familias humildes y la retirada de alquileres a locales centenarios. Zornoza también centralizó el control financiero de las parroquias mediante un decreto que otorgaba más poder al ecónomo diocesano para acceder a las cuentas de cada comunidad, lo que desató una ola de rechazo interno.
Una de las historias más simbólicas es la de Ildefonso Portillo, antiguo trabajador del convento de las Capuchinas de San Fernando. Tras cuatro décadas de servicio, fue desalojado junto a su esposa por orden del obispo. “Después de tantos años trabajando para la Iglesia, me echan sin miramientos. He perdido la fe en los hombres de Dios”, indicó en declaraciones para El País. Su caso, aún pendiente del Tribunal Supremo, ilustra el rostro más duro de la gestión de Zornoza.
El conflicto se extendió incluso a Cáritas diocesana. Su exdirector, Juan Luis Torrejón, fue destituido tras negarse a destinar fondos de la organización a gastos ajenos a su misión social, como auditorías internas o alquileres eclesiales.
El rechazo a su liderazgo no es nuevo. En 2013, los movimientos católicos de base pidieron al prelado que habilitara parte del seminario —prácticamente vacío— como refugio para personas sin hogar. Zornoza se negó, alegando falta de medios, en una provincia con una de las tasas de pobreza más altas de España. Desde entonces, la brecha entre el obispo y sus fieles no ha hecho más que ensancharse.
La publicación del portal de transparencia del propio obispado, que revela un beneficio de 1,8 millones de euros, ha encendido aún más las críticas entre quienes consideran escandaloso que la Iglesia gaditana exhiba superávit mientras crecen las necesidades sociales.
A sus 76 años, Rafael Zornoza encara el ocaso de su mandato en medio de una tormenta moral y judicial. Las voces que durante años denunciaron su autoritarismo y su fijación por el dinero ven en la investigación vaticana el posible final de una etapa marcada por el miedo y el silencio. Mientras tanto, Cádiz sigue esperando un obispo que devuelva a la diócesis la empatía y la vocación pastoral que muchos sienten haber perdido. @mundiario