Quizá haya mucho de cierto en eso de que para viajar basta con existir

Bancos para viajar al extranjero / Shutterstock
Símbolos de ciudades a las que viajar. / Shutterstock
No es únicamente el bar habitual o las calles pobladas lo que muchos hemos añorado en estos meses de confinamiento.
Quizá haya mucho de cierto en eso de que para viajar basta con existir

La vivida estos meses no ha sido la única penuria. Las hubo antes, vendrán otras y, frente a todas ellas, la memoria: recuerdos felices y embalsamados que los ocasos remueven para teñir el presente con luces de pasadas plenitudes –quien haya tenido la fortuna de tenerlas– y a la espera de similares futuros.

Quizá haya mucho de cierto en eso de que para viajar basta con existir. Sin embargo, no es únicamente el bar habitual o las calles pobladas lo que muchos hemos añorado en estos meses de confinamiento, y la existencia, durante el encierro, nos ha permitido transportarnos de nuevo a situaciones y lugares que tiempo atrás nos colmaron los días y hoy pueden hacer, de la monotonía, pista de despegue hacia ese almacén de gratas remembranzas que esperamos poder repetir, si salud y bolsillo lo facilitan, mientras por el momento se agolpan y superponen durante los insomnios.

Imaginarla aproxima el agua a nuestros labios, como dijera en su día Sánchez Rosillo, aunque el maldito virus no nos deje por el momento beber, fomentando así la sed por volver a aquel anochecer en Mopti, allá por Mali, con las repletas barcazas río abajo. Glaciares y selvas, géiseres y desconocidos con quienes pegar la hebra o nadie en derredor; un vino en A Brasileira junto a Pessoa, aquella comida en el bar Manolo de Orihuela y con Miguel Hernández por las inmediaciones o las lejanas cenas junto al salto de agua en Les Escaules, cerca de Figueres y en compañía de mis ya fallecidos padres.

Y de acuerdo con Sontag en que todo placer es una pérdida anticipada, pero sin esos traslados horizontales que los han provocado por la geografía de nuestro mundo, habría sido menos soportable la percepción, asomados al abismo, de lo que podría suponer un viaje vertical sin camino de vuelta y, en semejante tesitura, ¡bienvenido lo que fue! Mientras estamos a la espera de lo que pueda venir, en el mejor de los casos, para nuevos brochazos el día después. @mundiario

Quizá haya mucho de cierto en eso de que para viajar basta con existir
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