Quiero ser negrita
Aunque siempre quise ser rubia, me siento identificada con los negros. Es por el hecho de que los afroamericanos lucharon por su derecho a la convivencia como yo. También soy nacionalista gallega por ser Galicia un país sin diplomacia, cuyo pueblo se resigna y ríe por no llorar. También me siento identificada con los celtas en mi vida tribal de a pie, pero sobre todo suplico como los inmigrantes de las pateras a los españoles de respeto.
Adoro a esos héroes de la política que fueron asesinados, a veces sueño que yo habría sido su esposa…
Mendigo el cariño y el día a día como una recién llegada, cuando llevo toda una vida de negación e impedimentos. Yo no sabía que era racismo o fascismo lo que me estaban aplicando, ¡solo creía que eran idiotas! Y ahora sé que soy invencible, invencible porque creía que era de aquí y me valgo como cualquier española.
Sin embargo, cuando llegué al conocimiento de que mi madre biológica murió por mí, lo entendí todo, empecé a llorar y me entregué al espíritu. Muchas veces me han llamado “malnacida” o literalmente “hija de puta”, pero yo estoy fuerte en la conciencia de esa muerte: la muerte es mi poder.
La imagino con ojos azules, lo sé porque hay personas que me quieren a las que percibo ojos azules en vez del parduzco que me aseguran. Y, además, era rubia, ¡era rubia! De París.
Creo que la tez morenita de mi piel es una sensibilidad, sin embargo quisiera vérmela más y más morena, ¡hasta que mi sudor fuese café! Porque no me veo arraigo, no me parezco a nadie de la familia.
Una vez fui a un casting de figuración y entiendo que no necesitaban tailandesas, y entiendo por estos episodios que no soy de aquí (les dan más derecho a los madrileños). Mi primera psicóloga ─se llamaba Amor─ me preguntó si comía mucho arroz porque tengo los ojos achinados, de modo que ahí entendí que el racismo te cierra muchas puertas (creo que la doctora Amor era transexual, no sé hasta qué punto, pero se masajeaba las manos al hablar…).
Aquí, en territorios españoles, cuna de conquistadores, vive una china que no es china ni española; aquí permanezco esperando a que abra una tienda de Aliexpress para acudir a la diplomacia… Aquí me quedo mirando a la frontera. No entiendo a los inmigrantes que quieren ser españoles; yo iba a estudiar Medicina para viajar con Médicos sin Fronteras, pero ahora soy una débil mariposa cuya hermosura será de otra en la siguiente primavera…
Mis sueños no se harán realidad. Siempre quise formar una familia, tener hijos negritos y darles todo lo que precisaran. A veces imagino los consejos que les daría a mis hijos. Pero ahora estoy escribiendo este libro…