"Si quieres vivir mucho, guarda un poco de vino rancio y un amigo viejo"

Lazos de amistad. / Pixabay
Lazos de amistad. / Pixabay

Se trata de un sabio consejo de Pitágoras. a amistad es la  alegría de dar sin esperar y facilitar al otro la oportunidad de sentir  la satisfacción de darte a ti.

"Si quieres vivir mucho, guarda un poco de vino rancio y un amigo viejo"

Es frecuente confundir la amistad con las relaciones kleenex, de usar y tirar, lo que provoca decepciones cuando desaparece el contacto profesional, laboral, de ocio, etc. Para evitar el desengaño debemos ser conscientes de lo transitorio y lo permanente, lo principal y lo accesorio, el interés respetable y la entrega incondicional.

El tiempo, los desengaños y la experiencia son como un cedazo por el que pasamos las relaciones personales para quedarnos con las auténticas. ¿Dónde está la autenticidad?, ¿qué es la amistad?

La amistad es la  alegría de dar sin esperar y facilitar al otro la oportunidad de sentir  la satisfacción de darte a ti.

La amistad se encuentra, surge espontáneamente, cuando menos lo esperas e, incluso, cuando más lo necesitas; generalmente,  de forma sencilla; pero ni la busques, ni la mendigues, porque recibirás un sucedáneo.

En la amistad hay  entrega, comprensión, perdón sin adjetivos y, sobre todo, fidelidad; fidelidad pese a las circunstancias, distancia, frecuencia en el trato o avatares de la vida; la fidelidad es comparable a un cirio  con pábilo perenne.

Al amigo se le acepta como es, con sus virtudes y defectos, y se le respeta.

Es cualidad fundamental de la amistad, la sinceridad, aunque lo que escuchemos no nos guste: el amigo tiene el deber y el derecho de abrirnos los ojos.

La amistad es muy parecida a la tarea  del vigía, que observa y protege  desde la distancia. La amistad da su espacio al otro y lo respeta, sin agobiar.

La amistad es compartir alegrías y tristezas con quien gozará y sufrirá con nosotros.

La amistad se mantiene en el ámbito de lo restringido, sin alardes, sin algarabía, serenamente, sosegadamente. Solidaridad, tolerancia, respeto,  cortesía, son otra cosa, pues carecen  del calor de la amistad y, con demasiado frecuencia, de sinceridad.

Al amigo se le escucha, algo bien diferente a oír.

Sólo la amistad da lugar a  reencuentros como el de los dos amigos surgidos de la imaginación de Sandor Marai en su novela  El último encuentro.

Me gusta comparar la amistad con el vino, porque en el cuidado de una y otro hay muchas similitudes que deben conducir a su mejora con el transcurso del tiempo. Si quieres vivir mucho sigue el consejo de Pitágoras y guarda un poco de vino rancio y un amigo viejo. @mundiario

"Si quieres vivir mucho, guarda un poco de vino rancio y un amigo viejo"
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