¿Quién teme a Victoria, una cría de tres años atacada por tres pitbulls?
Las películas que nos suelen causar más terror son aquellas en las que parece que no va a pasar nada y, sin embargo, se presiente que puede ocurrir de todo.
Las películas que nos suelen causar más terror son aquellas en las que parece que no va a pasar nada y, sin embargo, se presiente que puede ocurrir de todo. En Tiburón, por ejemplo, son famosas las escenas donde se ve un grupo de chicos y chicas bañándose tan ricamente, chapoteando en el agua bajo la típica efervescencia juvenil y ajenos a la bestia que ha de devorarlos en cuestión de segundos. Ese impás entre el antes y el después, entre la luz y la oscuridad, entre la felicidad y el horror son segundos de agonía que llevan al espectador a un estado de congoja infinito.
En el mundo real pasa un tanto de lo mismo. Victoria, una estadounidense de tres años, jugaba tranquilamente en el jardín de sus abuelos cuando fue atacada por tres pitbulls. Los animales se ensañaron con la cría hasta tal punto que perdió un ojo, sufrió varias fracturas en la mandíbula, nariz y pómulo y perdió movilidad en parte de su rostro. Pero la película de Victoria no acabó aquí. Después de sufrir varias operaciones y ser dada de alta, sus padres decidieron llevársela a comer a un restaurante por aquello de seguir con el día a día. He aquí el antes, la luz, la felicidad. La pequeña sentada en la mesa comiendo delicioso pollo frito y olvidándose por un momento del pánico y el dolor vividos. Pero en esto, se acerca el encargado y les comunica que deben abandonar el local porque el maltrecho rostro de Victoria asusta a la clientela. He aquí el después, la oscuridad, el horror provocados por una mala bestia en acción. Por la terrorífica e inimitable crueldad del ser humano.